5.- Kant: ciencia y metafísica en Kant. La ética formal kantiana 5.1.-Circunstancias históricas y sociopolíticas

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2ºBACHILLERATO 2016-2017 © Roma III.- FILOSOFÍA MODERNA 1.- Racionalismo: características generales 2.- Empirismo: caracter

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Kant y la ilustración
Kant y la ilustración ROBERTO R. ARAMAYO Instituto de Filosofía, CSIC El siglo XVIII es conocido en términos historiográficos como «el Siglo de las L

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III.- FILOSOFÍA MODERNA

1.- Racionalismo: características generales 2.- Empirismo: características generales 3.- El contractualismo: Hobbes, Locke y Rousseau Estado de naturaleza Concepción del contrato o pacto Estado social o político 4.- La ilustración: líneas generales 5.- Kant: ciencia y metafísica en Kant. La ética formal kantiana 5.1.-Circunstancias históricas y sociopolíticas 5.2.-Ciencia y metafísica: Revolución copernicana kantiana. Sensibilidad, entendimiento y razón ¿Es posible la metafísica como ciencia? 5.3.-La teoría ética A.-Crítica de Kant a las éticas materiales B.- La ética formal kantiana: ¿Qué es una ética formal? El deber El imperativo categórico y formulación C.- Postulados de la razón práctica 5.4. Filosofía de la Historia: La idea de progreso. La paz perpetua.

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La Filosofía Moderna. Tres fechas se suelen tomar como inicio de la Edad Moderna: la caída de Constantinopla (1453), el descubrimiento de América (1492) o el comienzo de la reforma protestante (1521). Desde el punto de vista filosófico no hay ningún hecho concreto que nos permita fechar el inicio de la modernidad, a no ser el nacimiento del que ha sido considerado el primer filósofo moderno: Descartes (1596-1650). Los límites entre épocas son más bien difusos y, así, podemos encontrar actitudes netamente modernas en el siglo XIV y características escolásticas en el XVII. Respecto al final, parece comúnmente aceptada como fecha simbólica la muerte de Kant (1804). La especulación filosófica moderna se centra en la conciencia. Las preguntas son fundamentalmente las mismas de siempre, sólo que ahora giran en torno a la esfera de lo subjetivo, como única segura. El interrogante principal y primero será en la modernidad: ¿Qué puedo conocer? Los filósofos modernos deberán, antes que nada, establecer el alcance y los límites del conocimiento. ¿Qué método hay que aplicar para no sucumbir al error? ¿Puede el hombre alcanzar la verdad? El saber filosófico se concibe como un edificio que debe ser construido desde el sujeto. La Filosofía moderna desarrolla dos estilos diferentes de construcción: el Racionalismo y el Empirismo. Ambos comparten la necesidad de buscar los cimientos en la razón exenta de prejuicios. Pero difieren en la forma de buscarlos. 1. Los racionalistas —Descartes, Malebranche, Espinoza, Leibniz— mantienen que poseemos ideas innatas, que la verdad no depende de la experiencia, que el método propio de la Filosofía debe ser, como en las matemáticas, deductivo. 2. Los empiristas —Locke, Berkeley, Hume— sostienen que todo conocimiento procede de los sentidos, que no se puede ir más allá de la experiencia y que el método adecuado en la investigación filosófica debe ser analítico. El resultado: dos edificaciones diferentes. La primera es un edificio rígido, compacto, geométrico y majestuoso. La segunda, un conjunto heterogéneo, disperso y asimétrico de pequeños apartamentos. Los dos caminos convergen en Kant. Razón y experiencia se convetirán en las piedras de toque para llevar a cabo un examen crítico que fundamente la autonomía del hombre en su conocer y en su obrar. El ser ya no será «ser en sí», sino «ser para el conocimiento». De esta manera, Kant cierra la especulación de la Filosofía moderna, pero también abre las puertas a una nueva etapa del pensamiento occidental.

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1.- Racionalismo: características generales. En historia de la filosofía, se designa con esta denominación a un movimiento filosófico, que se desarrolla a lo largo del siglo XVII en el continente europeo y cuyos principales representantes son: Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Sus características principales serian: a) Exaltación de la razón humana como facultad cognoscitiva: el único conocimiento valioso va a ser el obtenido por la razón. b) Depreciación subsiguiente del conocimiento sensible: todo conocimiento procedente de los sentido, de la experiencia sensible, es. al menos, sospechoso, y con frecuencia falso. c) Afirmación de la existencia de ideas innatas: ideas que surgen en la mente humana con independencia de la experiencia sensible. d) Aspiración a crear una ciencia universal, válida para todo ser racional. e) Admiración por la matemática, como arquetipo de la sabiduría humana. Para comprender mejor el racionalismo, conviene tener en cuenta las exigencias que el nuevo mundo de la ciencia imponía a la reflexión filosófica. La especulación racionalista se desplegó, precisamente, como una reflexión cuyo fondo era la existencia de esa ciencia que se escribía con lenguaje matemático. Las exigencias metodológicas de la nueva ciencia fueron trasladadas al campo de la filosofía. Descartes y sus sucesores revalorizaron la actividad de la conciencia con la subsiguiente minimización del papel de la experiencia. La única fuente de conocimiento y de verdad va a ser la razón. El racionalismo, fiel al principio de inmanencia, tuvo al «yo» como punto de partida obligado para el análisis filosófico. La subjetividad se convirtió en el punto de apoyo desde el que había de construirse todo el edificio filosófico. Y a la inversa, toda construcción especulativa debía dar sentido a esa razón individual, que exigía sus derechos frente al Dios de la Revelación y frente al mundo de la tradición. Así pues, el racionalismo puede entenderse como el intento de explicación sistemática de un mundo, que había cambiado, para un hombre, definido no tanto por ser «hijo de Dios», cuanto por estar en posesión de una razón ilimitada. Precisamente, la razón era el instrumento adecuado para la dominación y transformación de un mundo eminentemente humano.

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2.- Empirismo: características generales. Se conoce con el nombre de empirismo (del griego empeiría, experiencia) a un movimiento filosófico que se desarrolla en las Islas Británicas a lo largo de los siglos XVII y XVIII. cuyos principales exponentes son Locke, Berkeley y Hume. También se pueden citar como precursores a F. Bacon y a Hobbes. Enfrentado en líneas generales al racionalismo continental, tendrá en común con él la preocupación por el problema gnoseológico, es decir, del conocimiento, aunque propugnen soluciones diferentes. Tanto los racionalistas como los empiristas lo primero que se van a plantear es el alcance y validez de nuestras facultades cognoscitivas: si sirven para lo que pretenden, es decir, para conocer la realidad. Intentando delinear los rasgos principales del empirismo habría que señalar: a) Negación de cualquier tipo de ideas innatas: no hay conocimientos independientes de la experiencia sensible. Para los empiristas, el entendimiento humano es como una tabla rasa, como un papel en blanco, en el que nada hay escrito antes de que la experiencia empiece a actuar en él. b) Establecimiento de la evidencia sensible como criterio de verdad: sólo el conocimiento sensible nos puede poner en contacto con lo real y sólo la evidencia sensible nos permite distinguir entre lo verdadero y lo falso. c) Hay que rechazar como ilegítimo cualquier contenido que no tenga un correlato previo en la experiencia. d) Negación de la posibilidad de un conocimiento de validez universal y necesario: todo juicio es un juicio provisional, susceptible de posteriores correcciones. Los empiristas exigirán que todo conocimiento vaya certificado por la experiencia y que los métodos sean fundamentalmente métodos experimentales: observación, inducción, análisis de hechos. La experiencia será la originaria de todo el conocimiento, debiendo el «pensamiento racional» depender de ella. Naturalmente, una experiencia con tantas prerrogativas es una experiencia entendida de un modo muy amplio. Experiencia es la sensación, la percepción, las ideas, las leyes de asociación de imágenes, los hábitos psíquicos. Se podría decir que la experiencia es todo hecho, interno o externo, que pueda ser observado y explicado con una cierta legalidad. Precisamente esta atenencia a los hechos concretos observables destierra del empirismo la presencia de conceptos, de ideas universales.

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3.- El contractualismo: Hobbes, Locke y Rousseau. El contractualismo moderno: las teorías del contrato social. En contra de la teoría aristotélica del origen de la sociedad como fin pretendido por la naturaleza, y de su concepción del ser humano como naturalmente sociable, así como frente a la idea tradicional del origen divino del poder, aparecen durante los siglos XVII y XVIII las “teorías del contrato social” que procuran un fundamento racional al poder político, esto es, al hecho de que un ciudadano, o un grupo de ciudadanos, ejerza un poder sobre otros. Definición de “pacto social”: el “contrato o pacto social” es un acuerdo entre individuos, por el que, de forma tácita o expresa, determinan renunciar a los derechos naturales para constituirse en sujetos de derechos civiles. A lo largo de la historia, han existido diversas versiones de la idea de un contrato social, las cuales han dado lugar a las distintas “teorías del contrato social”: estas ideas proliferan entre el Renacimiento y el siglo XVIII, siendo sus defensores más notables Th. Hobbes, J. Locke, J.J. Rousseau e I. Kant. Thomas Hobbes (1588-1679) Hobbes parte de un análisis individualista de la naturaleza humana y de la suposición de un estado de naturaleza original en el que el hombre es enemigo para el hombre: según este filósofo, los seres humanos originariamente vivían en un “estado de naturaleza”, dominados por el apetito natural y por el instinto de autoconservación, vivían, en suma, en una constante “guerra de todos contra todos”. Pero esta situación se vuelve insostenible y se ve la necesidad de que haya justicia y orden, para lo cual es necesario que haya un poder superior: este poder se establece mediante un “contrato social” por el que los individuos renuncian voluntariamente a muchos de sus derechos transfiriéndolos a una autoridad soberana que ostenta un poder absoluto. El contrato se muestra así como algo necesario para dar seguridad al ser humano: mediante él se constituye y legitima un poder absoluto, el Estado, que ejerce su dominio sobre los firmantes del pacto. John Locke (1632-1704). El Liberalismo político, frente al poder absoluto de Hobbes. Locke, que no comparte la suposición del homo homini lupus de Hobbes, rechaza la justificación del poder absoluto. El poder se identifica con el gobierno que es elegido por la mayoría. En el Primer Tratado sobre el gobierno civil Locke analiza y fundamenta su rechazo a la teoría divina de los reyes y a la monarquía absoluta propugnada por Hobbes en su Leviatán. Locke sostiene la imposibilidad de justificar racionalmente que Dios cediera a Adán la autoridad para someter a los hombres y, en segundo lugar, si se aceptará tal argumento esto implicaría, en opinión de Locke, aceptar que el hombre no es un ser libre. Inicia su segundo tratado distinguiendo entre "Estado de naturaleza " y "Estado de guerra" que para Hobbes consistían en el mismo estado. La libertad en este estado de naturaleza no es un estado licencioso en el que todo está permitido pues está dirigido por la razón, que es ley de naturaleza que nos obliga a todos y genera el deber que implica toda acción libre: esta ley racional implica el que nadie atente contra la vida y respetar la libertad (de pensamiento, creencia,...) En este estado de naturaleza guiado y dirigido por la razón cabe la posibilidad de la trasgresión a las normas, de tal manera que se hace necesario también en este estado de 37

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naturaleza sancionar, castigar en su justa medida a aquellos que invadieron y violaron los derechos de los otros. Así pues, del estado de naturaleza puede surgir el estado de guerra, definido por Locke como "estado de enemistad y destrucción". El porqué los hombres llegan a esta situación lo justifica Locke en la natural tendencia al egoísmo y a la autoestima y el rechazo a la vergüenza y la desgracia. El hombre del estado de la naturaleza no es el "homo hominis lupus" de Hobbes ni siquiera el "buen salvaje" de Rousseau, es un hombre que podríamos clasificar como normal, esto es, un individuo con su racionalidad y libertad y con sus tendencias irracionales. En este estado de naturaleza cada uno es juez de sí mismo, con lo cual la posibilidad de que el estado de guerra se generalice está servida. El origen de la sociedad civil lockeana surge cuando los hombres para evitar el estado de guerra deciden renunciar a parte de sus libertades y derechos a favor de un poder legislativo y ejecutivo que cada uno de los individuos poseían en el estado de naturaleza; pero no se ceden estos derechos y sus poderes de manera arbitraria a una persona ( un posible rey absolutista) sino que se realiza tal cesión a la comunidad, que es el cuerpo político en el que "la mayoría" ejerce el derecho "a actuar y decidir en nombre de todos ". Cada individuo se somete a las decisiones, a las leyes de la mayoría y las asume como propias. Llamativo es el hecho de cómo Locke justifica la esclavitud en esta nueva sociedad civil donde el derecho a la libertad parece incuestionable. Así afirma que si un individuo es reo de muerte por algún delito cometido, en vez del cumplimiento de esta pena, puede ser utilizado como esclavo por la parte agraviada. Las leyes son elaboradas por el poder legislativo organizado por la mayoría y constituyen el espíritu del Estado. El poder ejecutivo es el representante de la comunidad que debe llevar a cabo el cumplimiento de las leyes y se somete a las mismas, siempre que estas no vayan contra los derechos y el bienestar del pueblo. El poder supremo del Estado no es sino el poder conjunto de todos sus ciudadanos, es por ello que no podrá ser superior al poder que sus ciudadanos tenían en el estado de naturaleza Junto a la promulgación de unas leyes que preserven la libertad y la propiedad de sus ciudadanos se hace necesario en esta sociedad civil la figura de los jueces que interpreten imparcialmente estas leyes. A lo largo del Segundo Tratado Locke insiste en el hecho de que el poder político debe proteger y salvaguardar la propiedad privada de sus ciudadanos, hecho este que lo diferencia del poder político hobbesiano que legitima al Estado a disponer de las propiedades y bienes de sus súbditos. Con lo expuesto hasta ahora Locke nos ha presentado el modelo de una monarquía constitucional o parlamentaria. Este poder político no tiene un poder ilimitado e indefinido de tal manera que si se excede en algunas de sus prerrogativas en contra de las leyes o de los derechos de sus ciudadanos, éstos tienen la potestad a la rebelión frente al poder constituido en Tiranía.

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Jean–Jaques Rousseau (1712-1778) Rousseau parte de la idea de que hay un claro contraste entre el hombre actual, producto de la sociedad civilizada, y el hombre primitivo que vivía en estado natural: El hombre primitivo era bondadoso y llevaba una vida pacífica, libre y solitaria, pero las dificultades de subsistencia le llevaron a reunirse en sociedad, y es de la sociedad de donde han surgido todos los males que padecemos actualmente. Los motivos principales de esta corrupción son, según Rousseau, la instauración de la propiedad privada y la transformación del poder legítimo en poder arbitrario. Ante esta situación, propone la constitución de un nuevo modelo social que recoja los aspectos positivos del estado primitivo. Rousseau consagra al estudio de la nueva sociedad su obra El contrato social (1762), uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia moderna: Esta sociedad renovada se funda en un pacto social por medio del cual los ciudadanos renuncian a todos sus derechos en favor de la comunidad. Esta comunidad es representada por la “voluntad general”, la cual quiere el interés de todos y, por ello, cuando la obedecemos nuestra libertad no sufre ninguna merma porque en realidad estamos obedeciéndonos a nosotros mismos. El Estado proporciona a los individuos una libertad superior a la que disfrutaban en el estado natural: al sustituir el estado de naturaleza por el estado civil, el hombre cambia el instinto por la justicia y la moralidad, esto es, por un comportamiento racional que fundamenta una concepción superior de la libertad. Los gobiernos, representantes de la voluntad general, tienden, sin embargo, a degenerar y anteponen su voluntad e intereses a la voluntad e intereses de la comunidad. Pero el verdadero soberano es el pueblo y cuando esto ocurre, el pueblo tiene el derecho de cesarlos: "los gobernantes no son los amos del pueblo, sino sus empleados, y el pueblo puede nombrarlos y destituirles cuando guste". Los asuntos comunes se resuelven en la asamblea pública, formalmente constituida y en la que cada individuo se expresa libremente: así, para Rousseau, no hay más régimen político legítimo que el democrático, en el que las instituciones políticas fundamentales dependen del consentimiento voluntario de todos los ciudadanos realizado en condiciones ideales de libertad e igualdad.

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4.- La ilustración: líneas generales. La época de la Ilustración cabe situarla entre los años 1685 (Newton, Locke) y 1785 (Kant). Es una época en donde la metafísica clásica ha caído. La experiencia ha hecho tambalearse al racionalismo cargado de innatismo. Dios tampoco está en su antiguo pedestal. El hombre anda buscando su lugar en el mundo. Pero Junto a esto, hay también un fuerte optimismo en el futuro, en la idea de progreso en la historia, en la consideración del hombre como ser fundamentalmente racional, en el ideal de igualdad entre los hombres y el derecho sobre bases racionales. El espíritu ilustrado se manifestó con características propias en cada uno de los tres países en los que principalmente se desarrolló, adoptando nombres diversos. Así, en Francia, en donde con más intensidad se desarrolló este movimiento, toma el nombre de las Lumieres y es presentada por los enciclopedistas. Se caracteriza por el desarrollo de la ciencia histórica, en contra de la tradición, y por la consideración del hombre culto como alguien menos ocupado de la teología y más atento a los avances de las ciencias y de las letras. La cultura debe ser clara y accesible a todo el mundo. Es ilustrativo que Voltaire, uno de sus más eminentes representantes, escribiera un Diccionario filosófico portátil. El programa sociopolítico ilustrado cristalizará en la Revolución francesa (1789). Los hombres ilustrados comienzan en Francia a denominarse philosophes. Aquí surge una concepción del filósofo como «intelectual», un hombre culto, humanista, que se atiene a la razón y que tiene un reconocimiento social. Estos philosophes fueron los precursores de la Enciclopedia, una empresa editorial de gran éxito en la época. La Enciclopedia quería ser un compendio de todo el saber humano iluminado por las ideas ilustradas. Sus directores fueron Denis Diderot (1713-1784), mordaz critico de las instituciones, y d'Alambert (1717-1783), para quien la Filosofía era la unifícadora de todos los saberes; pero también participaron muchos otros ilustrados como Voltaire, Rousseau, Turgot,... La Enciclopedia pronto quedó anticuada y actualmente no es más que una pieza de museo. En Inglaterra, en donde surgió primero el movimiento ilustrado, se denominó Enlightenment. Se caracterizó por su defensa de la libertad política y de la tolerancia religiosa, estando muy influido por el empirismo de Hume y de Locke. En Alemania, en donde adoptará el nombre de Aufklárung, el fenómeno llegó con cierto retraso y en unas circunstancias más difíciles que las de los otros dos países. En efecto, Alemania estaba políticamente disgregada en más de doscientos pequeños Estados. La sociedad era mayoritariamente feudal, con una clase media débil y un proceso de industrialización aún balbuceante. Las discusiones teóricas se centran sobre todo en la ética, asunto que consideran previo a cualquier cambio político. Los temas principales de la Aufklarung son introducidos por uno de sus primeros representantes alemanes, Christian Thomasius: la tolerancia religiosa, la libertad de pensamiento y de discusión, la lucha contra los prejuicios y la abolición de la tortura. La figura más representativa de la Aufklarung es Kant, sobre todo en lo que se refiere a la historia, la política y la religión, aunque no se le puede considerar circunscrito a este movimiento, pues fue él mismo quien le puso los límites al optimismo ilustrado al efectuar su crítica de la razón. Kant escribió, en 1784, el breve ensayo que comentaremos:(texto 3 de la selectividad) Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? La descripción que aquí hace de la Ilustración ha llegado a ser clásica y ha influido enormemente en la idea que posteriormente se ha tenido de lo que representó la Ilustración.

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5.- Kant: ciencia y metafísica en Kant. La ética formal kantiana. 5.1.-Circunstancias históricas y sociopolíticas. La época de la Ilustración cabe situarla entre los años 1685 (Newton, Locke) y 1785 (Kant). Es una época en donde la metafísica clásica ha caído. La experiencia ha hecho tambalearse al racionalismo cargado de innatismo. Dios tampoco está en su antiguo pedestal. El hombre anda buscando su lugar en el mundo. Pero Junto a esto, hay también un fuerte optimismo en el futuro, en la idea de progreso en la historia, en la consideración del hombre como ser fundamentalmente racional, en el ideal de igualdad entre los hombres y el derecho sobre bases racionales. Políticamente, en el siglo XVIII las monarquías absolutas del Antiguo Régimen se irán suavizando, ante los cambios liberales generados en Inglaterra y las exigencias de pensadores que, como Kant, exigen un gobierno basado en la ética y la racionalidad. Surge así el despotismo ilustrado, representado en Prusia por Federico II el Grande, monarca que reforma el Estado y la cultura, aunque encarna el espíritu absoluto de «todo para el pueblo, pero sin el pueblo». En esta época, aunque respetuoso con la monarquía despótica de su tiempo, Kant, en El conflicto de las facultades (1798), reivindicó la libertad de pensamiento y de expresión. En el terreno económico se inicia una época de bonanza, gracias al mayor aprovechamiento de los recursos naturales y técnicos, factor que reforzará la idea de progreso en pensadores ilustrados como Kant. El orden social continúa siendo estamental, aunque gana terreno definitivamente la burguesía, que posee un alto estatus social y económico. No obstante, en Alemania se prolonga el sistema feudal. Esta época de desigualdades, a la vez que de apertura a nuevas realidades, marcará los ideales éticos y políticos que Kant traza en Por la paz perpetua, esto es, la libertad, independencia e igualdad de todos los ciudadanos. En ello incidieron, además, dos de los principales acontecimientos políticos de la época, ante los cuales tomó partido: apoyando a los norteamericanos en la Guerra de la Independencia y situando en la Revolución francesa el ideal político al que aspiraba. Culturalmente, el siglo XVIII es conocido como el Siglo de las Luces porque en él se desarrolla el movimiento cultural, científico y filosófico de la Ilustración, el cual pretende iluminar a la humanidad cuestionando la tradición en todos los terrenos del saber. Iniciada en Francia, los ilustrados defienden la razón autónoma, el interés por la ciencia, la secularización del pensamiento, el conocimiento universal, plasmado en la Enciclopedia, la confianza en el progreso y desarrollo del ser humano, y la religión natural desprovista de normas y abierta a la tolerancia. Los pensadores franceses más destacados serán Diderot y D' Alembert, promotores del enciclopedismo, Montesquieu, Voltaire, Rousseau, D'Holbach o La Mettrie, entre otros. Por su parte, la Ilustración inglesa defiende la libertad política y la tolerancia religiosa. En Alemania, en donde adoptará el nombre de Aufklárung, el fenómeno llegó con cierto retraso y en unas circunstancias más difíciles que las de los otros dos países. Los temas principales de la Aufklarung son introducidos por uno de sus primeros representantes alemanes, Christian Thomasius: la tolerancia religiosa, la libertad de pensamiento y de discusión, la lucha contra los prejuicios y la abolición de la tortura. La figura más representativa de la Aufklarung es Kant, sobre todo en lo que se refiere a la historia, la política y la religión, aunque no se le puede considerar circunscrito a este movimiento, pues fue él mismo quien le puso los límites al optimismo ilustrado al efectuar su crítica de la razón. Kant escribió, en 1784, el breve ensayo Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? La descripción que aquí hace de la Ilustración ha llegado a ser clásica y ha influido enormemente en la idea que posteriormente se ha tenido de lo que representó la 41

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Ilustración. Sin embargo, aunque pensador ilustrado, Kant superará a este movimiento por el calado de sus reflexiones, que lo llevan a establecer límites a una razón omnipotente. El espíritu ilustrado llegará a todos los ámbitos del saber: la ciencia desarrolla la mecánica newtoniana (destacan Euler, Lavoisier, Laplace, etc.); el arte se encaminará hacia el clasicismo, caracterizado por la racionalidad, la sencillez y el orden; la literatura también denuncia los prejuicios de la vieja cultura (por ejemplo, Los viajes de Gulliver, de Swift) y la música alcanza la plenitud de recursos (destacan Boccherini, Handel, Mozart y Haydn). También en la Prusia de Kant, Federico II, el «rey filósofo», refleja el ambiente cultural francés mediante la Academia de Berlín, dirigida por Maupertuis. Sin embargo, este carácter no es tan acusado en la «época de las luces» alemana. El pensamiento alemán continúa estando fuertemente marcado por aspectos importantes: la religión con un fuerte pietismo que sufrió Kant en su infancia impuesto por su madre y la filosofía especulativa (la lógica y la metafísica), dejadas de lado en Inglaterra y Francia. La Iglesia y las universidades siguen siendo los principales centros culturales, lo que suscita una filosofía academicista. Además, el pensamiento estará menos influido por el desarrollo científico. No obstante, predomina la idea ilustrada de una razón autónoma aplicable a todos los ámbitos del saber (religioso, ético, político, científico y social). Destacan, en este contexto filosófico alemán, pensadores como Thomasius, Wolff, Crusius, Pufendorf, Reimarus o Lessing. La obra de Kant Es norma dividir la obra de Kant en tres períodos. En el primero dominan las obras dedicadas al estudio científico de la naturaleza. Abarca hasta el año 1755 aproximadamente y cabe destacar en él la Historia natural y teoría del cielo. El segundo período culmina en el 1781, año en que se publica la primera edición de la Crítica de la razón pura. Recibe el nombre de período precrítico y podemos destacar en él obras como La única prueba posible para una demostración de la existencia de Dios y La disertación de 1770, tesis que escribió para ser admitido en la Universidad de Konigsberg. Al tercer período -o período crítico- pertenecen las grandes obras kantianas: la Crítica de la razón pura (1781), la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), la Crítica de la razón práctica (1788) y la Crítica del juicio (1790). Como ya anunciábamos al principio en 1784 escribió Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?, que comentamos aquí. 5.2.-Ciencia y metafísica: Revolución copernicana kantiana: Sensibilidad, entendimiento y razón. ¿Es posible la metafísica como ciencia? Kant mantiene que si bien todo nuestro conocimiento comienza por la experiencia, no todo él deriva de ella. Es decir, admite dos fuentes del conocimiento: la experiencia y la razón. En nuestro conocimiento interviene, por una parte, algo a posteriori, que es todo el «caos de sensaciones» que reciben nuestros sentidos, y, por otra, algo a priori que es nuestra propia facultad de conocer encargada de ordenar todo ese material que procede del exterior. El primero es el elemento material, que le otorga contenido a nuestro conocimiento, mientras que el segundo es el elemento formal, que organiza todo ese contenido que se presenta caóticamente. Kant explica el cambio epistemológico que supone su filosofía con la analogía de la revolución astronómica copernicana: Copérnico encuentra que no se puede entender el movimiento aparente de los astros si suponemos que la Tierra es el centro del Universo y el Sol da vueltas a su alrededor, y nos propone invertir los términos y suponer que es el Sol el centro del Universo. Kant dice del mismo modo: si las condiciones de la objetividad del 42

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ser objeto no son ni pueden ser enviadas por las cosas a nosotros, puesto que las cosas no nos envían más que impresiones, no hay más que hacer lo mismo que Copérnico y decir que son las cosas las que se ajustan a nuestros conceptos y no nuestros conceptos los que se ajustan a las cosas. No resulta muy difícil rastrear en el concepto de a posteriori influencias empiristas y en el de a priori influencias racionalistas. Pero Kant los unifica de tal manera que tanto la teoría del conocimiento de unos como de otros resulta insuficiente. La teoría de los juicios. Kant distingue tres tipos de juicios: 1. Juicios analíticos. Son aquellos cuyo predicado está contenido en el concepto del sujeto. Los llama analíticos porque el predicado surge del análisis del sujeto. Son, por tanto, universales y necesarios. No dependen de la experiencia y pueden ser formulados a priori. Al formularlos no decimos nada nuevo sobre el sujeto no nos hacen progresar en el saber. Por ejemplo: «el triángulo tiene tres lados» es absolutamente verdadero, pero no nos da ninguna información nueva que no estuviese contenida en el concepto de «triángulo». 2. Juicios sintéticos: Son aquellos cuyo predicado no está contenido en el concepto del sujeto. Son contingentes. Dependen de la experiencia y su conocimiento es a posteriori. Nos informan de características del sujeto que no están contenidas en su concepto, por lo que son extensivos, es decir, nos hacen progresar en el saber. Por ejemplo: «las piedras caen» nos da una información nueva que no la podemos deducir del análisis del concepto «piedra». 3. Los juicios sintéticos a priori. El ideal kantiano de conocimiento es la ciencia newtoniana. Los Juicios que la componen no pueden ser ni sólo analíticos ni sólo sintéticos, ya que de ser así la ciencia estaría compuesta por verdades universales y necesarias pero no podría progresar o su progreso carecería de la universalidad y necesidad que requiere todo saber que pretenda ser científico. Pero la realidad es que la ciencia progresa y sus leyes tienen validez universal. ¿Cómo se puede explicar esto? Porque existe un tercer tipo de juicios que serían una mezcla de estos dos y que Kant llama «juicios sintéticos a priori». Son juicios que tienen un correlato en la experiencia, pero que gozan también de un elemento a priori o trascendental que es el que les dota de la validez universal que no es capaz de otorgar la experiencia. De la ciencia a la Metafísica: Crítica de la Razón Pura El problema general que se plantea Kant en su período crítico es el alcance y los límites de nuestro conocimiento. Es la primera cuestión que debe plantearse el ser humano: «¿qué puedo conocer?», a la que le siguen otras dos: «¿qué debo hacer?» y «¿qué me cabe esperar?». A la primera responde la Teoría del conocimiento, a la segunda la Ética y a la última la Religión. La preocupación por el alcance y los límites del conocimiento humano se traduce en la pregunta: «¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori». La Primera parte de la Crítica de la Razón Pura, titulada Doctrina trascendental de los elementos intenta responder a esta pregunta que Kant divide en tres y que se corresponden con las tres partes de la obra: a. Estética trascendental: Investiga cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Matemática. Estudia las formas a priori de la sensibilidad. b. Analítica trascendental: Investiga cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física. Estudia las formas a priori del entendimiento. c. Dialéctica trascendental: Investiga ya no cómo, sino si son posibles los juicios sintéticos a priori en la Metafísica. Estudia las ideas trascendentales de la Razón.

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EL USO PURO DE LA RAZÓN  El giro copernicano del idealismo trascendental Empirismo

Racionalismo

comienza en la experiencia

Todo conocimiento

pero

No todo lo que hay en él procede de la experiencia

Materia de conocimiento

Forma del conocimiento más

lo dado en la experiencia

lo puesto por el sujeto

Idealismo trascendental 

CLASIFICACIÓN DE LOS JUICIOS

A priori

Necesarios y universales Anteriores a la experiencia

 Según su fundamento

 Según la relación sujetopredicado

A posteriori

Dependen de la experiencia

Analíticos

No aportan información

Sintéticos

Aportan información

Juicios sintéticos a priori

-Hacen avanzar el conocimiento científico. -Garantizan su universalidad y necesidad

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5.3.-La teoría ética: Critica de la razón práctica. Relación entre la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica. En la crítica de la razón pura Kant intentó explicar cómo es posible el conocimiento de los hechos y hasta dónde es posible, cuál es el límite del conocimiento objetivo, pero la actividad racional humana no se limita al conocimiento de objetos, sino que el hombre necesita conocer cómo ha de obrar, cómo ha de ser su conducta, y por eso se pregunta: ¿Qué debo hacer? Responder a esta pregunta, es también función de la razón. “La Función Moral”. Esta función moral consiste en conocer qué principios o leyes deben determinar al hombre para que adopte un comportamiento o conducta racional. Por tanto la razón posee dos funciones diferenciadas: La razón pura: se ocupa de conocer cómo son las cosas y lo hace formulando juicios. La razón práctica: se ocupa de cómo debe ser la conducta humana y lo formula mediante imperativos. A.-Crítica de Kant a las éticas materiales. La novedad de la ética Kantiana La ética de Kant representa una auténtica novedad dentro de la historia de la moral. Podemos decir que las distintas éticas habían sido materiales y frente a todas ellas la ética de Kant es formal. Las éticas materiales son aquellas según las cuales la bondad o la maldad de la conducta humana dependen de algo que se considera bien supremo o fin último para el hombre. Kant rechaza estas éticas materiales porque carecen de universalidad, de lo que es empírico e hipotético no se pueden extraer principios universales. B.- La ética formal kantiana: Es una ética vacía de contenido, es decir, no establece ningún bien o ningún fin como último, y por tanto no nos dice lo que debemos hacer sino cómo debemos actuar, o sea la forma en que debemos obrar. Características: La ética formal es a priori, es decir, anterior a la experiencia. La ética formal es categórica, es decir, absoluta e independiente de toda condición y por lo tanto universal. La ética formal es autónoma. Esto consiste en que el sujeto o la razón se da a sí misma la ley. De esta forma la ética formal es universal y racional. Según Kant un hombre actúa moralmente cuando actúa por deber. El deber según Kant es “La necesidad de una acción por respeto a la ley, es decir, es el sometimiento a la ley no por utilidad o por satisfacción o por interés, sino por respeto a la ley” Para Kant hay tres tipos de acciones: 1. Contrarias al deber.2. Conformes al deber con una finalidad, Estas acciones conformes al deber son obras realizadas con legalidad pero no son acciones morales.3. Las acciones realizadas por deber: Solamente estas últimas tienen valor moral para Kant. La exigencia de obrar moralmente se expresa en un imperativo que no es ni puede ser hipotético o condicional sino categórico y absoluto. Kant ha ofrecido diversas formulaciones del imperativo categórico. Proponemos y analizamos dos de ellas: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierte en ley universal” “Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca como un medio” 45

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C.- Postulados de la razón práctica Kant no negará todo acceso a lo metafísico, sólo negará el acceso intelectual, el conocimiento científico, pues sólo hay conocimiento científico de los fenómenos. Pero para Kant hay otra experiencia que puede vincularnos con la realidad plena, con lo metafísico, y esa experiencia es la experiencia moral. Y ello a partir de los llamados postulados de la Razón Práctica o proposiciones que no pueden ser demostradas desde la razón teórica pero que han de ser admitidas si se quiere entender el "factum moral"; estos postulados se refieren a la existencia de la libertad, la inmortalidad del alma, y la existencia de Dios. Postulado de la libertad La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues sólo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, en el que todo está sometido a la ley de la causalidad y a la necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón práctica, será posible la defensa de la existencia de la libertad en tanto que la libertad es la condición de posibilidad de la acción moral. Las conductas que no se hacen libremente no son ni buenas ni malas, y el sujeto que las realiza no es responsable moralmente de ellas. La libertad es definida como la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la voluntad. La libertad es la ratio essendi (la condición de la posibilidad) de la moralidad; la moralidad es la ratio cognoscendi (lo que nos da noticia de la existencia de) de la libertad. Las afirmaciones kantianas nos obligan a pensar que el hombre pertenece a dos mundos o reinos: al reino fenoménico, en donde todo está sometido al rigor de la causalidad, y al reino nouménico en donde las leyes que rigen son las leyes morales (la esfera de la libertad). "Sumo Bien" (o SUPREMO BIEN) Es la síntesis entre la virtud y la felicidad. Su realización última es la condición de posibilidad de la moralidad. Kant creyó que siempre que el fundamento de determinación de nuestra conducta sea la felicidad nuestra conducta no es moral en sentido estricto (aunque pueda ser conforme al deber), pero no pudo olvidar el extraordinario valor que la felicidad parece tener en la esfera humana. Ello aparece precisamente en su concepción del Sumo Bien. Nuestra conducta moral carecería de sentido si no existiese la posibilidad de realizar la santidad (la perfección absoluta de una voluntad por el cumplimiento perfecto de la virtud); en éste mundo no podemos realizar la santidad, luego debe existir otra vida en donde adquiera el cumplimiento perfecto el apetito moral. Postulado de la inmortalidad del alma: el supremo bien parece servirnos para acceder a la inmortalidad del alma, pues la virtud necesita de un tiempo infinito para su realización plena. Postulado de la existencia de Dios: en este mundo no coincide la realización de nuestra felicidad con la realización del bien (hay seres buenos e infelices, y malos y felices) por tanto debemos pensar que existe Dios (pues sólo una entidad absoluta puede hacer que coincidan las leyes que rigen la realización de la felicidad con las leyes que rigen la conducta moral). En sentido estricto los postulados de la razón práctica no se pueden demostrar pues no cabe ciencia de lo metafísico; pero aunque los argumentos anteriores no son demostraciones objetivamente válidas, tienen una validez subjetiva ya que los postulados sirven para que tenga sentido la experiencia moral. Los objetos a los que se refieren no dan lugar a conocimiento sino a fe racional: fe porque de ellos sólo cabe un convencimiento subjetivo, pero racional porque no vienen dados por urgencias de la revelación sino de la propia razón.

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5.4. La Filosofía de la historia 

La idea de progreso

El progreso es posibilitado a partir de la facultad suprasensible del hombre: la libertad. Esta permite pasar de su minoría de edad a constituirlo en señor. Esta libertad es denominada por el filósofo de Königsberg, como libertad práctica fundamento de la moralidad. No obstante, en el hombre también influyen los instintos, pero debe subordinarlos a su razón: el hombre goza de la capacidad de determinarse espontáneamente así mismo con independencia de la imposición de sus impulsos” Lo anteriormente dicho es lo que constituye la libertad práctica, la emancipación de la voluntad respecto al dominio de los impulsos de la sensibilidad, y la determinación de la voluntad al cumplimiento de las leyes morales que la razón formula con independencia de la sensibilidad, con lo que se hace la voluntad universalmente legisladora. No obstante, el respeto a la ley es difícil de lograr, debido a la tendencia humana a desear (el sentimiento de amor propio), pese a esta dificultad conseguirlo a juicio del filósofo de Königsberg es posible, pero paso a paso en la medida en que el hombre logre plantearse fines a sí mismo que son a la vez deberes como el propio perfeccionamiento.  “La paz perpetua” Contexto Este opúsculo (ensayo u obra científica o literaria de poca extensión) fue publicado por Kant en 1795, en pleno período crítico de su vida intelectual, .No fue el único de su bibliografía, destacando en este apartado títulos como el propuesto para el examen de Selectividad ¿Qué es la Ilustración? (1784). Se trata de un breve ensayo acerca de la posibilidad de la paz como escenario permanente en las relaciones entre los Estados. De hecho, la paz, el rechazo de la guerra, la fe en el progreso, la liberación de la humanidad mediante las luces de la Razón y la Ciencia, eran algunos de los temas más candentes de la Ilustración. Sin embargo, la realidad de la Historia era muy distinta a la deseada por Kant. La guerra había sido una constante en el siglo XVIII (Guerra de Sucesión en España, Guerra de la Independencia de los Estados Unidos,...) Es más, la obra aparece cuando la Revolución Francesa de 1789 se encontraba en sus momentos de mayor radicalismo (el Terror). Europa era un campo de batalla y en años sucesivos la tensión no haría sino recrudecerse con el estallido de las Guerras Napoleónicas, que perdurarían hasta 1814. Sin embargo aún hoy su contenido hoy rebosa actualidad por la modernidad de sus planteamientos. Contenido El formato adopta el aire de un solemne protocolo diplomático. Sus dos apartados contienen, respectivamente, seis artículos preliminares y tres definitivos, todos ellos encaminados a convertirse en auténticos tratados de paz. Artículos preliminares: a. No debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya celebrado con una clausula secreta sobre alguna causa de guerra en el futuro. b. Las naciones no pueden ser administradas por sus gobernantes en términos patrimoniales y que, por lo tanto, no son susceptibles de donación, herencia, trueque o compraventa. c. Por eso mismo deberá evitarse que la deuda pública comprometa gravemente la política exterior. d. Ni tampoco es lícito que los gobiernos hegemónicos del momento se inmiscuyan por la fuerza en las competencias de otros Estados menos poderosos, pues con ello se 47

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atenta contra el principio mismo de soberanía y se desbaratan las reglas de juego del orden internacional. Incluso en tiempos de guerra deben respetarse determinadas reglas. e. No utilizar a los embajadores como espías camuflados. Esto servirá para evitar futuros recelos durante la paz. f. Además conviene que los ejércitos permanentes vayan desapareciendo paulatinamente, pues el continuo pertrechamiento bélico constituye una constante amenaza para los demás países, que se aprestan así a incrementar sus respectivos arsenales, distrayendo unos recursos económicos que podrían potenciar el bienestar de la comunidad; esa carrera de armamentos propicia un gasto tan oneroso como para convertir la paz en algo más opresivo que una guerra corta, llegándose a declarar guerras ofensivas con el único fin de amortizar esa desorbitada inversión. Artículos definitivos: a. El primer artículo definitivo para la paz perpetua establece, como condición para la paz, el establecimiento de una constitución republicana en cada Estado. Esta ha de ser establecida de acuerdo a los principios de libertad, igualdad y ciudadanía. El derecho de ciudadanía se refiere a la posibilidad de los individuos de participar en la legislación del Estado mediante el voto. Kant defiende que una forma de gobierno que no sea representativa no es una forma de gobierno. Es decir, no puede suceder que sea la misma persona quien haga las leyes y las ejecute. b. En el segundo artículo establece la necesidad, de que igual que el individuo abandona el estado de naturaleza y entra en la sociedad civil gracias al contrato social, también las naciones deberían suscribir algo parecido, para crear una federación de Estados libres, donde sus diferencias queden solventadas por un cuerpo legislativo común en lugar de tener que acudir a las contiendas bélicas. Kant descarta expresamente la fórmula de una confederación interestatal, porque la fusión de los distintos pueblos en un macro estado diluiría su identidad nacional y esto es algo tan indeseable como innecesario. c. El tercer artículo habla del derecho cosmopolita, cuya única regla es la hospitalidad, es decir, ese inalienable derecho que tiene todo forastero a no ser tratado con hostilidad por la mera contingencia de haber nacido en otro lugar. Nadie debería permitirse decir aquello de: “¡Es que tú no eres de aquí!”.

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EL USO PRÁCTICO DE LA RAZÓN  La ley moral debe ser

objetiva

-Universal. -Necesaria.

 Dos tipos de ética: o La ética formal kantiana es opuesta a la ética material (aunque ninguna de ellas se presenta en estado puro.) MATERIAL FORMAL -Señala algo concreto que tenemos -Está vacía de contenido concreto, que conseguir para alcanzar la felicidad. nos dice cómo debemos actuar. -A posteriori, empírica. -A priori. -Sus preceptos son hipotéticos o -Se rige por el imperativo condicionales, del tipo “si quieres…, categórico. entonces…”. -Autónoma, el sujeto se determina -Heterónoma, la exigencia moral a sí mismo a obrar. es externa al individuo. 

LA ACCIÓN MORAL Y EL DEBER  Distingue tres clases de acción

 En la moral

  

Contraria al deber. Conforme al deber ---Ámbito de lo legal Por deber.--------------Ámbito de la moral

 

Se impone un sujeto libre de elegir. Se actúa por puro respeto a la ley, por deber. La acción es un fin en sí misma, no está condicionada. -Se actúa movido por la buena voluntad.

  

EL IMPERATIVO CATEGÓRICO  Se rige por los siguientes principios  Autonomía.----------------------Haz lo que te dicta tu conciencia (no los demás o las leyes exteriores-heteronimia-).  Formalidad----------------------Cumple el deber por el deber  Necesidad y universalidad-----Obra siempre de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda ser elevada a ley de universal observancia.  Respeto a la persona------------Obra de tal modo que trates a los demás como un fin y no como un medio para alcanzar otros objetivos.



LOS POSTULADOS DE LA RAZÓN PRÁCTICA  Libertad: La posibilidad de elección, la acción moral, actuar solo por el deber. Postulados  Inmortalidad: Alcanzar la virtud y la felicidad.  Dios: Existencia de la virtud y felicidad perfectas.

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RESPUESTA A LA PREGUNTA: ¿QUÉ ES LA ILUSTRACIÓN? (1784) La ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad (1). La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí el lema de la ilustración. La pereza y la cobardía son las causas de que una gran parte de los hombres permanezca, gustosamente, en minoría de edad a lo largo de la vida, a pesar de que hace ya tiempo la naturaleza los liberó de dirección ajena (naturaliter majorennes) (2): y por eso es tan fácil para otros erigirse en sus tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que reemplaza mi conciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etc., entonces no necesito esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mi tan fastidiosa tarea. Aquellos tutores que tan bondadosamente han tomado sobre sí la tarea de supervisión se encargan ya de que el paso hacia la mayoría de edad, además de ser difícil, sea considerado peligrosos para la mayoría de los hombres (y entre ellos todo el bello sexo). Después de haber entontecido a sus animales domésticos, y procurar cuidadosamente que estas pacíficas criaturas no pueda atreverse a dar un paso sin las andaderas en que han sido encerrados, les muestran el peligro que les amenaza si intentan caminar solos. Lo cierto es que este peligro no es tan grande, pues ellos aprendería a caminar solo después de unas cuantas caídas: sin embargo, un ejemplo de tal naturaleza les asusta y, por lo general, les hace desistir de todo intento. Por tanto, es difícil para todo individuo lograr salir de esa minoría de edad, casi convertida ya en naturaleza suya. Incluso le ha tomado afición y se siente realmente incapaz de valerse de su propio entendimiento, porque nunca se le ha dejado hacer dicho ensayo. Principios y fórmulas, instrumentos mecánicos de uso racional -o más bien abuso- de sus dotes naturales, son los grilletes de una permanente minoría de edad. Quien se desprendiera de ellos apenas daría un salto inseguro para salvar la más pequeña zanja, porque no está habituado a tales movimientos libres. Por eso, pocos son los que, por esfuerzo del propio espíritu, han conseguido salir de esa minoría de edad y proseguir, sin embargo, con paso seguro. Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, algo que es casi inevitable si se le deja en libertad. Ciertamente, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí mismos, incluso entre los establecidos tutores de la gran masa, los cuales, después de haberse autoliberado del yugo de la minoría de edad, difundirán a su alrededor el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación de todo hombre a pensar por sí mismo. Pero aquí se ha de señalar algo especial: aquel público que anteriormente había sido sometido a este yugo por ellos obliga más tarde, a los propios tutores a someterse al mismo yugo; y esto es algo que sucede cuando el público es incitado a ello por algunos de sus tutores incapaces de cualquier Ilustración. Por eso es tan perjudicial inculcar prejuicios, pues al final terminan vengándose de sus mismos predecesores y autores. De ahí que el público pueda alcanzar sólo lentamente la Ilustración. Quizá mediante una revolución sea posible derrocar el despotismo, pero nunca se consigue la verdadera reforma del modo de pensar, sino que tanto los nuevos como los viejos prejuicios servirán de riendas para la mayor parte de la masa carente de pensamiento. Pero para esta Ilustración únicamente se requiere libertad, y, por cierto, la menos perjudicial entre todas las que llevan ese nombre, a saber, la libertad de hacer siempre y en todo lugar uso público (3) de la propia razón. Mas escucho exclamar por doquier: ¡No razonéis! El oficial dice: ¡No razones, adiéstrate! El funcionario de hacienda: ¡No razones, paga! El sacerdote: ¡No razones, ten fe! (Sólo un único señor en el mundo dice razonad todo lo que queráis, pero obedeced.) Por todas partes encontramos limitaciones de la libertad. Pero ¿qué limitación impide la Ilustración? Y, por el contrario, ¿cuál la fomenta? Mi 50

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respuesta es la siguiente: el uso público de la razón debe ser siempre libre; sólo este uso pueda traer Ilustración entre los hombres. En cambio, el uso privado de la misma debe ser a menudo estrechamente limitado, sin que ello obstaculice, especialmente, el progreso de la Ilustración. Entiendo por uso público de la propia razón aquél que a alguien hace de ella en cuanto docto (Gelehrter) ante el gran público del mundo de los lectores. Llamo uso privado de la misma a la utilización que le es permitido hacer de un determinado puesto civil o función pública. Ahora bien, en algunos asuntos que transcurren en favor del interés público se necesita cierto mecanismo, léase unanimidad artificial en virtud del cual algunos miembros del estado tiene que comportarse pasivamente, para que el gobierno los guíe hacia fines públicos o, al menos, que impida la destrucción de estos fines. En tal caso, no está permitido razonar, sino que se tienen que obedecer, en tanto que esta parte de la máquina es considerada como miembro de la totalidad de un Estado o, incluso, de la sociedad cosmopolita y, al mismo tiempo, en calidad de docto que, mediante escritos, se dirige a un público usando verdaderamente su entendimiento, puede razonar, por supuesto, sin que por ello se vean afectados los asuntos en los que es utilizado, en parte, como miembro pasivo. Así, por ejemplo, sería muy perturbador si un oficial que recibe una orden de sus superiores quisiere argumentar en voz alta durante el servicio acerca de la pertinencia o utilidad de al orden; él tiene que obedecer. Sin embargo, no se le puede prohibir con justicia hacer observaciones, en cuanto docto, acerca de los defectos del servicio militar y exponerlos ante el juicio de su público. El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados; incluso una mínima crítica a tal carga, en el momento en que debe pagarla, puede ser castigada como escándalo (pues podría dar ocasión de desacatos generalizados). Por el contrario, él mismo no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como docto, manifiesta públicamente su pensamiento contra la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. Del mismo modo, un sacerdote está obligado a enseñar a sus catecúmenos y a su comunidad según el símbolo de la iglesia a la que sirve, puesto que ha sido admitido en ella bajo esa condición. Pero, como docto, tiene plena libertad e, incluso, el deber de comunicar al público sus bienintencionados pensamientos, cuidadosamente examinados, acerca de los defectos de ese símbolo, así como hacer propuestas para el mejoramiento de las instituciones de la religión y de la iglesia. Tampoco aquí hay nada que pudiera ser un cargo de conciencia, pues lo que enseña la virtud de su puesto como encargado de los asuntos de la iglesia lo presenta como algo que no puede enseñar según prescripciones y en nombre de otro. Dirá: nuestra iglesia enseña esto o aquello, éstas son las razones fundamentales de las que se vale. En tal caso, extraerá toda la utilidad práctica para su comunidad de principios que él mismo no aceptará con plena convicción; a cuya exposición, del mismo modo, puede comprometerse, pues no es imposible que en ellos se encuentre escondida alguna verdad que, al menos, en todos los casos no se halle nada contradictorio con la religión íntima. Si él creyera encontrar esto último en la verdad, no podría en conciencia ejercer su cargo; tendría que renunciar. Así pues, el uso que un predicador hace de su razón ante su comunidad es meramente privado, puesto que esta comunidad, por amplia que sea, siempre es una reunión familiar. Y con respecto a la misma él, como sacerdote, no es libre, ni tampoco le está permitido serlo, puesto que ejecuta un encargo ajeno. En cambio, como docto que habla mediante escritos al público propiamente dicho, es decir, al mundo; el sacerdote, en el uso público de su razón, gozaría de una libertad ilimitada para servirse de ella y para hablar en nombre propio. En efecto, pretender que los tutores del pueblo (en asuntos espirituales) sean otra vez mentores de edad constituye un despropósito que desemboca en la eternización de insensateces. Pero, ¿no debería estar autorizada una sociedad de sacerdotes, por ejemplo, un sínodo de la iglesia o una honorable classis (como la llaman los holandeses) a comprometerse bajo juramento entre sí a un cierto símbolo inmutable para llevar a cabo una interminable y suprema tutela sobre cada uno de sus miembros y, a través de estos, sobre el pueblo, eternizándola de este modo? Afirmo que esto es absolutamente imposible. Un 51

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contrato semejante, que excluiría para siempre toda ulterior Ilustración del género humano, es, sin más, nulo y sin efecto, aunque fuera confirmado por el poder supremo, el congreso y los más solemnes tratados de paz. Una época no puede obligarse ni juramente para colocar a la siguiente en una situación tal que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes), depurarlos de errores y, en general, avanzar en la Ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuyo destino primordial consiste, justamente, en ese progresar. Por tanto, la posteridad está plenamente autorizada para rechazar aquellos acuerdos, aceptados de forma incompetente y ultrajante. La piedra de toque de todo lo que puede decidirse como ley para un pueblo reside en la siguiente pregunta: ¿podría un pueblo imponerse así mismo semejante ley? Esto sería posible si tuviese la esperanza de alcanzar, en corto y determinado tiempo, una ley mejor para introducir un nuevo orden, que, al mismo tiempo, dejara libre a todo ciudadano, especialmente a los sacerdotes, para, en cuanto doctos, hacer observaciones públicamente, es decir, por escrito, acerca de las deficiencias de dicho orden. Mientras tanto, el orden establecido tiene que perdurar, hasta que la comprensión de la cualidad de estos asuntos se hubiese extendido y confirmado públicamente, de modo que mediante un acuerdo logrado por votos (aunque no de todos) se pudiese elevar al trono una propuestas para proteger aquellas comunidades que se han unido para una reforma religiosa, conforme a los conceptos propios de una comprensión más ilustrada, sin impedir que los que quieran permanecer fieles a la antigua lo hagan así. Pero es absolutamente ilícito ponerse de acuerdo sobre una constitución religiosa inconmovible, que públicamente no debería ser puesta en duda por nadie, ni tan siquiera por el plazo de duración de una vida humana, ya que con ello se destruiría un período en la marcha de la humanidad hacia su mejoramiento y, con ello, lo haría estéril y nocivo. En lo que concierne a su propia persona, un hombre puede eludir la Ilustración, pero sólo por un cierto tiempo en aquellas materias que está obligado a saber, pues renunciar a ella, aunque sea en pro de su persona, y con mayor razón todavía para la posteridad, significa violar y pisotear los sagrados derechos de la humanidad. Pero, si a un pueblo no le está permitido decidir por y para sí mismo, menos aún lo podrá hacer un monarca en nombre de aquél, pues su autoridad legisladora descansa, precisamente, en que reúne la voluntad de todo el pueblo en la suya propia. Si no pretende otra cosa que no sea que toda real o presunta mejora sea compatible con el orden ciudadano, no podrá menos que permitir a sus súbditos que actúen por sí mismos en lo que consideran necesario para la salvación de sus almas. Esto no le concierne al monarca; sí, en cambio, el evitar que unos y otros se entorpezcan violentamente en el trabajo para su promoción y destino según todas su capacidades. El monarca agravia su propia majestad si se mezcla en estas cosas, en tanto que somete a su inspección gubernamental los escritos con que los súbditos intentan poner en claro sus opiniones, a no ser que lo hiciera convencido de que su opinión es superior, en todo caso se expone al reproche “Caesar no est supra Grammaticos”, o bien que rebaje su poder supremo hasta el punto de que ampare dentro de su Estado el despotismo espiritual de algunos tiranos contra el resto de los súbitos. Si nos preguntamos si vivimos ahora en una época ilustrada, la respuesta es no, pero sí en una época de Ilustración. Todavía falta mucho para que los hombres, tal como están las cosas, considerados en su conjunto, puedan ser capaces o estén en situación de servirse bien y con seguridad de su propio entendimiento sin la guía de otro en materia de religión. Sin embargo, es ahora cuando se les ha abierto el espacio para trabajar libremente en este empeño, y percibimos inequívocas señales de que disminuyen continuamente los obstáculos para una Ilustración general, o para la salida de la autoculpable minoría de edad. Desde este punto de vista, nuestra época es el tiempo de la Ilustración o el siglo de Federico. Un príncipe que no encuentra indigno de sí mismo declarar que considera como un deber no prescribir nada a los hombres en materia de religión, sino que les deja en ello plena libertad y que incluso rechaza el pretencioso nombre de tolerancia, es un príncipe ilustrado y merece que el mundo y la posteridad lo ensalcen con agradecimientos. Por lo menos, fue el 52

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primero que desde el gobierno sacó al género humano de la minoría de edad, dejando a cada uno la libertad de servirse de su propia razón en todas las cuestiones de conciencia moral. Bajo el gobierno del príncipe, dignísimos clérigos -sin perjuicios de sus deberes ministeriales- pueden someter al examen del mundo, en su calidad de doctos, libre y públicamente, aquellos juicios y opiniones que en ciertos puntos se desvían del símbolo aceptado; con mucha mayor razón esto lo pueden llevar a cabo los que no están limitados por algún deber profesional. Este espíritu de libertad se expande también exteriormente, incluso allí donde debe luchar contra obstáculos externos de un gobierno que equivoca su misión. Este ejemplo nos aclara cómo, en régimen de libertad, no hay que temer lo más mínimo por la tranquilidad pública y la unidad del Estado. Los hombres salen gradualmente del estado de rusticidad por su propio trabajo, siempre que no se intente mantenerlos, adrede y de modo artificial, en esa condición. Ha situado el punto central de la Ilustración, a saber, la salida del hombre de su culpable minoría de edad, preferentemente, en cuestiones religiosas, porque en lo que atañe a la artes y las ciencias nuestros dominadores no tienen ningún interés en ejercer de tutores sobre sus súbditos. Además, la minoría de edad en cuestiones religiosas es, entre todas, la más perjudicial y humillante. Pero el modo de pensar de un jefe de Estado que favorece esta libertad va todavía más lejos y comprende que, incluso en lo que se refiere a su legislación, no es peligroso permitir que sus súbditos hagan uso público de su propia razón y expongan públicamente al mundo sus pensamientos sobre una mejor concepción de aquella, aunque contenga una franca crítica de la existente. También en esto disponemos de un brillante ejemplo, pues ningún monarca se anticipo al que nosotros honramos. Pero sólo quien por ilustrado no teme a las sombras y, al mismo tiempo, dispone de numeroso y disciplinado ejército, que garantiza a los ciudadanos una tranquilidad pública, puede decir lo que ningún Estado libre se atreve a decir: ¡Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced! Se muestra aquí un extraño e inesperado curso de las cosas humanas, pues sucede que, si lo consideramos con detenimiento y en general, entonces caso todo en él es paradójico. Un mayor grado de libertad ciudadana parece ser ventajosa para la libertad del espíritu del pueblo y, sin embargo, le fija barreras infranqueables. En cambio, un grado menos de libertad le procura el ámbito necesario para desarrollarse con arreglo a todas sus facultades. Una vez que la naturaleza, bajo esta dura cáscara, ha desarrollado la semilla que cuida con extrema ternura, es decir, la inclinación y vocación al libre pensar; este hecho repercute gradualmente sobre el sentir del pueblo (con lo cual éste se va haciendo cada vez más capaz de la libertad de actuar) y, finalmente, hasta llegar a invadir a los principios del gobierno, que se encuentra ya posible tratar al hombre, que es algo más que una máquina, conforme a su dignidad. (1) El término Unmündigkeit se presta a varias traducciones en castellano, pero todas ellas hacen referencia a una cierta "inmadurez" de quien predica la término. Lo hemos traducido por "minoría de edad", conservando así según nuestra opinión, toda la carga semántica que tiene el término en alemán. Sin embargo, en otros contextos hemos preferido las palabras "dependencia"; o "no emancipación". Por el contrario, el término Mündigkeit, que traducimos por "mayoría de edad" por seguir con le metáfora kantiana, podría traducirse en todos los casos por "emancipación". (2) Del latín, mayor de edad por naturaleza (físicamente), mientras que intelectualmente continúa siendo menor de edad. (3) Por el contrario, el uso privado de la razón es el que alguien ejerce como titular de un cargo público; por ejemplo, el que lleva a cabo un funcionario o un oficial del ejército. (Esta palabra debes incluirla al vocabulario de Kant)

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Vocabulario de Kant La conciencia moral: es la facultad por medio de la cual el hombre descubre este "deber ser”, y es también la facultad por la que tiende activamente a llevarla a la práctica. En otras palabras: es preciso entender la conciencia moral como la facultad, como la capacidad a través de la cual el hombre puede llegar a conocer lo que es bueno y lo que es malo. Se trata, pues, de un juicio del entendimiento o razón que nos permite reconocer el valor moral de un acto concreto que pensamos realizar, estamos realizando o hemos realizado. Entendimiento: “Poder de juzgar” Mientras la sensibilidad es pasiva, el entendimiento es activo: es la “espontaneidad de los conceptos” y su función es unificar los fenómenos dados por la intuición sensible. Razón: de modo genérico indica la voluntad cognoscitiva en general. En un sentido específico es “la facultad de lo incondicionado": que va más allá del horizonte de la experiencia posible, buscando los fundamentos supremos y los principios de unidad para los conocimientos que proceden del entendimiento. Razón especulativa (TEORICA): hace referencia al "uso teórico" de la razón. La razón en cuanto que se ordena a conocer. Razón práctica: hace referencia al "uso práctico" de la razón. La razón en cuanto que se ordena a determinar -mover- la voluntad y la acción moral. Razón pura: la razón en cuanto no está mezclada con nada empírico y en la medida en que es capaz de obrar por sí sola, y por lo tanto "a priori". Respeto (a la ley moral): principio subjetivo de la moralidad. Sentimiento particular, efecto de la ley en nosotros, que se traduce en una sumisión de la voluntad a la ley (al deber), acompañada de la convicción de que obedeciéndola nos engrandecemos El hombre: en la Edad Moderna el hombre va a ocupar el lugar reservado a Dios (antropocentrismo). Es en Kant donde mejor se reflejan los ideales de la Ilustración. Para Kant, el hombre es un ser autónomo, que expresa su autonomía a través de la razón y de la libertad, para ser autónomo el hombre debe usar su razón independientemente y debe ser libre. Para utilizar la razón de un modo independiente y ser un hombre libre, es muy importante recibir una educación adecuada. A través del pensamiento considera Kant que podemos construir la ciencia, que es un instrumento de liberación y podemos actuar moralmente para conseguir una vida lo más feliz posible. Se pregunta Kant: ¿Qué es lo que podemos conocer y cómo conocemos?; problema heredado de empiristas y racionalistas. Kant recoge las dos posturas haciendo una síntesis donde queda lo mejor de las dos y se excluye lo peor. El Pietismo: Kant fue educado en el pietismo. Esta secta protestante predicaba una moral basada en las buenas obras y no en la piedad externa, rechazaba los ritos, las ceremonias y los intermediarios en la relación entre el hombre y Dios. Esta relación debía ser, más bien, directa, personal y subjetiva. Todas estas ideas aparecen racionalizadas en la ética kantiana, así como en su defensa de una religión natural. Libertad: primer postulado de la razón práctica, como condición necesaria de la existencia de la ley moral. Si "debemos" hacer algo, es porque tenemos el poder de hacerlo o no hacerlo. Consiste propiamente en la capacidad de autodeterminación o autonomía de la voluntad. Es, según Kant, la "ratio essendí " (razón de ser) de la ley moral. Postulados (de la Razón práctica): juicios de existencia que se afirman como condiciones de la vida moral, aunque no son susceptibles de demostración. Son tres: la libertad, la inmortalidad y la existencia de Dios. Deber: principio objetivo fundamento de la moral. La obligación (deber) moral se impone por sí misma como algo absoluto, como una ley “a priori” que proviene de la razón.

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Para que una acción sea calificada como buena, es preciso que quien actúe lo haga únicamente por deber. (Vid. Ley Moral) Ley moral: hecho de la razón que se impone a la ciencia con el carácter de un imperativo categórico. La ley representa con respecto al bien una función causal, pues el bien moral es aquello que está mandado por la ley. “La ley moral es la ratio cognoscendi de la libertad” de la libertad: es decir que por medio de ella tenemos conocimiento de nuestra libertad. Voluntad de todo el pueblo, ciudadano, súbdito: el ciudadano es, ante todo, colegislador. El soberano debería legislar como si considerase a sus súbditos ciudadanos colegisladores del Estado; es decir, como si fuera posible que estos dieran su consentimiento a las leyes que de él emanan. Kant nos ofrece, no obstante, un estrecho concepto de “ciudadanía”: las mujeres y los asalariados no tienen derecho a votar en las elecciones, son ciudadanos pasivos, con escasa voz y sin voto. La Ilustración: para Kant significa la capacidad que tiene el hombre para tomar sus propias decisiones, en lugar de dejar que otros las tomen por él. Lo único que considera indispensable Kant para que se logre la emancipación de los hombres es la libertad, entendida como simple libertad de expresión y de formación de las propias opiniones. Todos los hombres son capaces de ilustración y su falta no se debe a la ausencia de inteligencia, ya que Kant considera que todos los hombres están dotados de la capacidad de razonar, sino a la pereza y la falta de valentía. Cuando hay libertad resulta inevitable que las personas piensen por su cuenta y no tengan que ser como niños a los que todo el mundo les dice lo que tienen que hacer. En su ética Kant dice que cada persona sólo debe actuar para cumplir su deber, pero si las personas no están en el camino de la ilustración, difícilmente podrán comprender cuál es su deber, además, si no tuviesen libertad, aunque comprendiesen la ley moral universal, no podrían cumplirla, porque otros hombres se lo impedirían, al decirles lo que tenían que hacer. Hay que recordar que obedecer a la ley moral universal no es sino obedecerse a sí mismo, obedecer a la racionalidad humana y no a otra persona. La postura ética kantiana es una lógica según la cual el debes implica el puedes, ser capaz, capaz de guiarse por principios morales racionales, a eso es a lo que llama libertad moral. La ilustración en la época de kant Kant establece una diferencia entre época ilustrada y época de la ilustración. Se pregunta si en su tiempo se vive una época ilustrada. Su respuesta es negativa. Afirma, sin embargo, que vive en una época de Ilustración. Vive una época de Ilustración ya que, en su tiempo, se ha abierto un gran espacio de libertad que muestran señales inequívocas de una disminución en los obstáculos que permiten llegar a una Ilustración general. En este sentido, el tiempo que le ha tocado vivir, señala Kant, es el tiempo de la Ilustración, es el siglo de Federico. Federico príncipe ilustrado Federico es, según Kant, un Príncipe que representa mejor que nadie el espíritu de la Ilustración. Los rasgos siguientes lo demuestran claramente: 1. Considera su deber el no prescribir nada a los hombres en materia de tipo religioso, dejando una libertad plena al respecto. 2. Incluso rechaza el pretencioso nombre de tolerancia. 3. En cuestiones de tipo moral liberó al hombre de su minoría de edad. 4. Bajo su mandato, clérigos dignos plantean, en cuanto doctos, sus opiniones divergentes con la doctrina oficial de la Iglesia. Tutores: los gobernantes monárquicos son como tutores de niños, dicen lo que hay que hacer y los súbditos sólo tienen que obedecer, no se considera que sean capaces de pensar y decidir por sí mismos. Ese es el principal sentido con el que emplea Kant la palabra tutores. Por tanto, la palabra tutores puede considerarse como relativa a todo aquél que decide por otro. Se refiere a todos los hombres que se valen de la pereza, la 55

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cobardía y el estado de pupilo de otros hombres para manejarlos y dominarlos, a quienes se aprovechan de los que creen que la inteligencia y el valor que les falta se pueden comprar con dinero. Uso público y uso privado de la razón: el segundo requisito de la Ilustración es, según Kant, la libertad de hacer siempre y en todo lugar, un uso público de la razón. Lo que sucede, sigue afirmando Kant, es que por todas partes surgen limitaciones a tal uso ilimitado de la libertad. Así algunas voces afirman: razonad todo lo que queráis, pero obedeced. Pues bien, se pregunta Kant, ¿cómo compaginar la necesidad de la libertad con la existencia de la obligación? Su respuesta es la siguiente: Se puede hacer un uso público y un uso privado de la razón. El uso público implica una libertad total y sin límites. Es únicamente el uso privado de la razón la que puede tener limitaciones. El uso público de la razón se produce cuando alguien, en cuanto docto en una materia determinada, hace uso de su razón ante el gran público o ante el mundo de sus lectores. En este contexto no deben existir límites para la libertad de expresión. El uso privado de la razón es la utilización que uno hace de la misma en un determinado puesto civil o de la función pública. En este contexto si caben límites a la libertad de expresión. Kant se sirve de una serie de ejemplos para hacernos entender mejor lo que quiere decir. Ejemplos sobre el uso público y el uso privado de la razón: No tendría sentido, afirma Kant, que un oficial reciba una orden de sus superiores y, al mismo tiempo quisiera argumentar en voz alta durante el servicio y ante los reclutas sobre la pertinencia o utilidad de tal orden. En este caso tiene que obedecer, es decir, hacer un uso privado de su razón y de su libertad. Ahora bien, no se le puede prohibir que, en cuanto docto y entendido en la materia, haga uso público de su razón, es decir, realice cuantas observaciones pueda y quiera acerca de los defectos del servicio militar. Un ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados. Una crítica a tal carga, en el momento de tener que pagarlos, podría ser castigada. Tiene que pagar, es decir, hacer un uso privado de su razón y libertad. Ahora bien, tal ciudadano no actúa en contra el deber si, como docto, manifiesta públicamente su pensamiento contra la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. Un sacerdote está obligado a catequizar a sus feligreses según la doctrina oficial de la Iglesia. Ahora bien, como docto, tiene plena libertad e, incluso, el deber de comunicar al público sus pensamientos acerca de los defectos de tal doctrina, así como hacer propuestas para el mejoramiento de la institución eclesiástica. Por ello, el uso que un sacerdote hace de su razón ante sus feligreses puede ser meramente privada. En este contexto, no es libre puesto que expone algo ajeno, como es la doctrina oficial de la Iglesia. Ahora bien, como docto, el sacerdote en el uso público de su razón, gozaría de una libertad ilimitada para servirse de ella y hablar en nombre propio. Así afirma Kant: pretender que los tutores del pueblo (en asuntos espirituales) sean otra vez menores de edad constituye un despropósito que desemboca en la eternización de las insensateces. Ni la iglesia, ni la sociedad ni el monarca pueden impedir la libertad del uso público de la razón. Kant está describiendo en el texto la relación dialéctica existente, dentro de la Ilustración, entre el uso público y el uso privado de la razón. Es evidente que, el uso público de la razón, aún exigiendo un libertad total, tiene el límite de que no puede usarse de modo privado. Por otro lado, es evidente también, que el uso privado de la razón, aún exigiendo una limitación de la libertad, tiene la posibilidad de expresarse en toda su dimensión en el uso público de la razón. Según Kant, el progresivo desarrollo de esta relación dialéctica entre uso público y privado, repercutirá gradualmente sobre el sentir del pueblo, con lo que el sentir ilustración impregnará progresivamente tanto la libertad de actuar del mismo, como el legislar del gobierno. Todo ello, conducirá a una auténtica época ilustrada en donde el hombre ya será tratado, no como una máquina, sino conforme a su dignidad

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