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Caderno CRH ISSN: 0103-4979 [email protected] Universidade Federal da Bahia Brasil Mantecón, Ana Rosas TURISMO CULTURAL EN MÉXICO: ¿un modelo alternativ

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Caderno CRH ISSN: 0103-4979 [email protected] Universidade Federal da Bahia Brasil

Mantecón, Ana Rosas TURISMO CULTURAL EN MÉXICO: ¿un modelo alternativo? Caderno CRH, vol. 19, núm. 48, septiembre-diciembre, 2006, pp. 499-506 Universidade Federal da Bahia Salvador, Brasil

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Ana Rosas Mantecón

TURISMO CULTURAL EN MÉXICO: ¿un modelo alternativo?

EL GIRO HACIA EL TURISMO CULTURAL México es uno de los diez destinos turísticos más visitados del mundo y obtiene de esta actividad su segunda fuente de ingresos. No obstante que el turismo ha crecido en forma sostenida en las últimas décadas1 y se le ha otorgado un papel cada vez más significativo en las políticas de desarrollo en todo el país, la industria turística muestra algunos signos de pérdida de competitividad: han disminuido los ingresos por visitantes, ha habido una disminución en la participación del mercado turístico mundial y se ha acentuado la dependencia de la demanda proveniente de Estados Unidos (Programa Nacional de Turismo 2001-2006, www.sectur.gob.mx). En parte, la crisis es atribuible al modelo de desarrollo turístico aún dominante, que se ha basado principalmente en la promoción de gran1

El turismo genera, según estimaciones oficiales, alrededor de 1.9 millones de ocupaciones y la participación del Producto Interno Bruto Turístico con relación al PIB total nacional representó para el año 2000, el 8.9%. (Programa Nacional de Turismo 2001-2006. Disponible en http://www.sectur.gob.mx).

des urbanizaciones de playa, inversiones hoteleras y obras de infraestructura pública en polos específicos (Cancún, Acapulco e Ixtapa, Mazatlán, Veracruz, Puerto Vallarta, Huatulco). La pérdida del atractivo de los destinos mexicanos de sol y playa se debe fundamentalmente a las crisis ambientales, urbanas y sociales que han generado en su entorno, situación no exclusiva de México, ya que el llamado turismo de masas ha demostrado tener, a nivel mundial, efectos negativos no considerados cuando se le calificó erróneamente como la “industria sin chimeneas”. Aunque es innegable que el modelo de desarrollo turístico masivo permitió dinamizar nuevamente estructuras económicas agotadas, creó fuentes de trabajo y atrajo visitantes nacionales y extranjeros, generó un conjunto de problemáticas que no fueron previstas cuando se le impulsó: la actividad turística se ha desarrollado sin crear sinergias hacia otras actividades económicas a nivel regional; los polos turísticos han acentuado la desigualdad económica y social en su entorno. No sólo se han fragmentado las actividades económicas, también la estructuración urbana que

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sustenta la actividad turística ha dado lugar a espacios profundamente diferenciados en calidad y cantidad de servicios, en densidad de pobladores, en niveles de vida y en localización (Osorio, 1994, p. 36). Por otra parte, la estructura ocupacional promovida por el turismo es también fuertemente polarizada: una considerable proporción de ocupaciones son de muy baja calificación, con escasas perspectivas de promoción, mientras el pequeño grupo de personal directivo y mejor capacitado generalmente lo constituye población de fuera de la región. Los beneficios del turismo han sido transferidos hacia fuera de los Estados. Se ha brindado apoyo preferente a empresas transnacionales que, en su búsqueda de transformación rentable de los espacios que explotan y de los que se apropian, son altamente depredadoras a nivel económico, ecológico y social (Machuca; Ramírez, 1994, p. 6-9). Al deterioro ecológico causado por los desarrollos turísticos de gran escala como Cancún, Acapulco o Huatulco, entre tantos otros, han contribuido la falta de planeación del impacto ambiental que provocarían (Ruge, 2003, p. 46), así como la corrupción municipal y estatal que se ha coludido con los empresarios, que actúan al cobijo de una legislación deficiente. Ante el estancamiento o declive de los destinos turísticos clásicos de sol y playa, el turismo sostenible o sustentable se ha convertido en el paradigma emergente del desarrollo turístico que busca evitar los impactos negativos del anterior modelo, siendo muy aceptado, en principio, en las instituciones públicas y académicas. A la luz de esta nueva lógica, el turismo cultural, esto es, el que busca atraer a los visitantes con los recursos del patrimonio natural y cultural de una nación, recibe nuevo aliento. Pero no sólo es la crisis de los enclaves de sol y playa la que ha impulsado al turismo cultural. Igualmente han contribuido los cambios que se están dando a nivel mundial en la demanda turística y también los que se refieren a la percepción de la cultura como motor de desarrollo y como fuente de ingresos para las comunidades. Por una parte, existe un creciente interés “por admirar y disfrutar ambientes

naturales poco alterados, por el legado y la herencia cultural de civilizaciones pasadas y de otras culturas simplemente diferentes” (De la Vega, 2003, p. 55-56). Por la otra, en la agenda internacional, el patrimonio ocupa ahora un lugar prioritario en la formulación de políticas de desarrollo, reconociendo que las sociedades han creado procedimientos complejos para proteger y administrar sus recursos, los cuales están arraigados en valores culturales que se deben tener presentes si se desea lograr un desarrollo humano sostenido y equitativo. A lo largo del texto, buscaré explorar en qué medida se han cumplido estas potencialidades del turismo cultural en México, haciendo un balance de la dimensión del sector, de los principales problemas y de los retos que enfrenta.

EL PATRIMONIO QUE SE PONE EN ESCENA PARA LOS TURISTAS No cabe duda de que, entre los principales atractivos de México, está su riqueza patrimonial,2 la cual ha sido reconocida por la UNESCO con más de una veintena de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad. También sus atractivos naturales lo convierten en un país megadiverso: de hecho, es considerado el cuarto país con mayor biodiversidad a nivel mundial. Sin embargo, la diversidad del patrimonio cultural y natural de nuestro país no es garantía de éxito turístico y las aún incipientes cifras sobre los visitantes que efectivamente atrae así lo demuestran. La competitividad de la oferta turístico-cultural puede evaluarse sólo a partir de la accesibilidad de su puesta en escena, esto es, mostrando los factores que hacen factible su disfrute por el turista. 2

Según Gonzalo Abad-Ortíz, director de UNESCO en México, se tienen registrados 200 mil sitios arqueológicos, 75 mil 22 monumentos históricos (de los siglos XVI al XIX), más un rico patrimonio mueble e inmueble de los siglos XX y XXI. De acuerdo al número de zonas de monumentos declaradas Patrimonio de la Humanidad, México ocupa el primer lugar de América y el sexto en el mundo (Periódico Reforma, Sección Cultura, p. 1, 12 de mayo de 2003). Por lo que toca a número de ciudades declaradas patrimonio, ocupa el tercer lugar a nivel mundial, después de Italia y España.

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las menciones (CESTUR, 2003, p. 10-11). Es también alta la concentración de flujos: del total de llegadas de pasajeros en vuelos internacionales regulares al país en el 2000, 83.7% lo hicieron únicamente en cinco aeropuertos (Ciudad de México, Cancún, Guadalajara, Los Cabos y Puerto Vallarta); igualmente aglutinada está la oferta hotelera si consideramos que el 27.3% de las localidades con vocación turística concentran siete décimas partes de dicha oferta. En el mismo sentido, tres grandes ciudades centralizan el 50% del total de habitaciones en centros urbanos (Programa Nacional de Turismo 2001-2006, www.sectur.gob.mx).

LOS TURISTAS QUE ENTRAN EN CONTACTO CON EL PATRIMONIO Estados Unidos constituye el proveedor principal de personas que viajan a México desde el extranjero: 91.7% del turismo viene de este país. En el caso de Europa, motivados especialmente por la cultura, tendríamos poco más de 70 mil personas, que es más o menos 10% de todo el mercado europeo hacia nuestro país (CESTUR, 2003, p. 6). Por lo que respecta a los turistas nacionales, los mercados emisores primarios son las grandes ciudades: México, Guadalajara y Monterrey. Los mercados emisores secundarios se constituyen por turistas de los estados aledaños al destino en cuestión y otras ciudades del propio estado. ¿Qué dimensiones tiene el turismo cultural en México?3 Pasean por el país anualmente 20 millones de turistas internacionales y 150 millones de turistas nacionales. De ellos, alrededor de 70 millones realizan actividades relacionadas con la cultura, en su mayoría motivados de manera ocasional. Hay mucho aún por desarrollar, si se con3

El registro de la información sobre recursos naturales y culturales, así como sobre asistencia a diversas ofertas culturales es aún deficiente en México. Agradezco a Bertha Pérez Camargo, Directora de Investigación del Centro de Estudios Superiores en Turismo, de la Secretaría de Turismo, su gentileza al facilitarme el Estudio Estratégico de Viabilidad del Turismo Cultural en México, realizado por el Centro a su cargo.

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En realidad, no todas las expresiones culturales son apreciadas de la misma manera y están igualmente disponibles para todos, en parte debido a que el patrimonio se conserva y se pone en escena de manera diferencial. Se invierte prioritariamente en restauración de sitios históricos y arqueológicos, creación de museos importantes en las áreas de mayor potencial turístico, mantenimiento y mejoramiento de museos, entre otros, sobre todo por el apoyo que reciben, a nivel nacional e internacional, los programas de patrimonio cultural enfocados a lugares de interés global. Si bien a nivel mundial ha ido en aumento el consenso en torno a la ampliación del concepto de patrimonio cultural, para que comprenda también bienes culturales actuales (como el generado por las industrias culturales), los intangibles, así como los bienes producidos por los grupos populares, en la realidad encontramos que la ampliación de la definición no se ha correspondido con su investigación, la legislación ni con las políticas de conservación. Las desigualdades de ciertas producciones culturales que gozan de menor legitimidad, falta de inversión, infraestructura, deficiente divulgación, etc., influyen en su desventajosa puesta en escena. El que una expresión patrimonial pueda convertirse en “turística” dependerá de todos estos factores, además de los relacionados con el entorno geográfico, el clima, la infraestructura y la capacidad de acceso e interconexión entre los sitios turísticos de una región determinada. La manera en que se potencian en su conjunto ha producido en México una marcada concentración de la oferta en pocos destinos, lo cual provoca fragilidad y dependencia. En un estudio sobre turismo cultural en México realizado por la Secretaría de Turismo (SECTUR) y el Centro de Estudios Superiores en Turismo (CESTUR), se identificaron 811 localidades de interés para el desarrollo del turismo relacionado con la cultura a partir del análisis de guías turísticas y registros institucionales. De éstas, 125 fueron mencionadas por los turistas como “principales destinos culturales de México”, aunque únicamente 9 concentran casi el 70% de

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sidera que, a nivel internacional, México participa actualmente con el 1.8% del mercado que representan en su conjunto países emisores como EUA, Canadá, Alemania, Francia, España e Inglaterra (554,233 turistas), lo que significa que existe aún un enorme potencial de penetración. Respecto a los turistas con un interés ocasional en la cultura, México participa ya con el 8.4% del mercado que asciende a 7.2 millones de turistas provenientes de esos países (CESTUR, 2003, p. 6, 9).

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EL ACCESO DIFERENCIAL AL PATRIMONIO Las aún bajas dimensiones del turismo cultural en México tienen una estrecha relación con la concentración geográfica y de infraestructura de la oferta del patrimonio realmente puesto a disposición de los visitantes, así como con las jerarquías y diferencias en la conservación y en la puesta en escena de las ofertas culturales del país. Es preciso reconocer además otras barreras entre el patrimonio y los turistas, que se relacionan con los recursos con los que deben contar los visitantes potenciales para identificarlo, llegar a él y disfrutar de la experiencia. ¿Las puertas de acceso al patrimonio no están abiertas para todos? Las concepciones democráticas de la cultura – entre ellas las teorías liberales de la educación – suponen que las diversas acciones pedagógicas que se ejercen en una formación social colaboran armoniosamente para reproducir un capital cultural que se imagina como propiedad común (Bourdieu, 2002). Sin embargo, los bienes culturales acumulados en la historia de cada sociedad no pertenecen realmente a todos (aunque formalmente sean ofrecidos a todos). ¿Quiénes logran llegar al patrimonio que se pone en escena en museos u otro tipo de equipamientos culturales? Aquéllos que sortean exitosamente las barreras que dificultan el acceso: los que logran desplazarse y vencer la distribución concentrada e inequitativa de la oferta en la mayoría de las ciudades, aquéllos que actúan a contracorriente de la tendencia internacional hacia la disminución de

la asistencia a espectáculos urbanos, en tanto, crece el consumo a través de aparatos de comunicación masiva en el ámbito familiar y aumenta la inseguridad en las calles; los que pueden pagar el precio de entrada, que en el caso de los museos y zonas arqueológicas más importantes oscila entre 30 y 35 pesos (aproximadamente 3 dólares, que equivalen a un día de salario mínimo de una población que ha visto disminuir agudamente su poder adquisitivo desde la crisis económica de los años ochenta), pero que puede no ser un obstáculo si se considera que todos los recintos tienen entrada libre a estudiantes y maestros con credencial, a niños menores de 12 años y adultos mayores de 60 y a todo público un día a la semana. A todas estas condiciones las distingue la marcada desigualdad con que se distribuyen. Los museos son parte de la imagen que México proyecta hacia los extranjeros. Sin embargo, son contados los que efectivamente cumplen ese papel en la capital: Nacional de Antropología, Templo Mayor, Palacio de Bellas Artes, de Arte Moderno y Frida Kahlo reciben un alto porcentaje de turistas provenientes de otros países, pero en los demás su presencia no es significativa (Castro, 2000, p. 15). En el año 2000 llegaron a México 20.6 millones de turistas internacionales, de los cuales la ciudad de México recibió 2.1 millones. En ese mismo año, de acuerdo al INEGI, sólo el 15% de los turistas extranjeros que arribaron han visitado los museos en el país (la cifra de visitantes era menor a la del año anterior) y el 40% de los que lo hicieron a la metrópoli central acudió a dichos recintos. En lo que toca a los visitantes a las zonas arqueológicas del país durante el 2000, la proporción de visitantes extranjeros es mayor: la tercera parte de los 9.47 millones que recibieron eran turistas provenientes de otros países. Sin embargo, el número de dichos visitantes era muy similar al de un año anterior y disminuyó de 3 199.400 en 2000 a 2 641.4 un año más tarde. Cualquier oferta cultural que busque atraer visitantes debe tomar en cuenta las barreras educativas y culturales, implementando políticas inclusivas para públicos diversos: para los especializados y también

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para los “que no saben”, “los que no se han formado” en la lectura de cédulas interminables, para los jóvenes y niños, etc.; sus principales enemigos a vencer son el aburrimiento, el cansancio y la aridez, tanto como la banalización y espectacularización de los contenidos.

REALIDADES Y ESPEJISMOS DEL TURISMO ALTERNATIVO Como ya mencioné, las comunidades que buscan impulsar sus propios proyectos en torno al patrimonio local se enfrentan a condiciones desiguales. Muchos de ellos son desarrollados al margen de los megaproyectos que sí cuentan con gran financiamiento; en cambio, es muy débil el apoyo para los proyectos con la participación de la comunidad local, que generalmente no es tomada en cuenta para la planeación de los complejos turísticos, a pesar de ser la base social afectada (Morales; Martínez, 1999, p. 272). En general, los pueblos indígenas no han contado con mecanismos ni instrumentos que les permitan el acceso a recursos financieros para modernizar y renovar sus procesos de producción y comercialización, ocasionando que muchos abandonen sus propuestas o las posterguen indefinidamente. En los últimos años, han surgido, en diferentes regiones indígenas del país, iniciativas de desarrollo cultural sustentable a través de proyectos vinculados con la artesanía, la comunicación, la gastronomía, la medicina tradicional y el ecoturismo. Al tiempo que buscan fortalecer su cultura, se plantean generar condiciones económicas que les permitan mejorar sus niveles de vida y experimentar formas alternativas de desarrollo basadas en sus propias visiones y recursos. Demandan no sólo recursos económicos, sino también el fortalecimiento de las formas de organización y producción comunitaria, así como redimensionar el papel de la cultura como fuente de ingreso y creatividad. Dada la estacionalidad y variabilidad de la demanda turística, prefieren otras dinámicas de relación con los turistas – de comunicación, intercambio cultu-

ral y respeto mutuo –, no crear infraestructura, decidir qué muestran de su patrimonio y generar otras formas de relación con los visitantes. Actualmente, hay 22 proyectos de turismo cultural indígena integrados al Programa de Apoyo a las Microempresas Culturales, desarrollados en 14 estados de la República. Una alta proporción de ellos son de Quintana Roo – el estado que alberga Cancún – y buscan frenar impactos negativos del turismo, como la migración que fractura a las comunidades.4 Si bien son incipientes y aún limitadas, en los últimos quince años se han desarrollado varias experiencias exitosas de vinculación del turismo y patrimonio local, que han buscado convertirse en generadoras de desarrollo sostenible, conjuntando los esfuerzos de diversos sectores. Uno de los proyectos de mayor envergadura que pretende constituirse en un modelo de turismo alternativo es Mundo Maya, impulsado por México, en conjunto con los países centroamericanos que comparten la herencia de la cultura maya. Se trata de una amplia región en la que se han conservado tradiciones culturales ancestrales que permean la vida cotidiana de los actuales pobladores indígenas, al mismo tiempo que se está integrando de manera particularmente dinámica en el ámbito de la economía global. Si bien la idea de revivir las antiguas rutas comerciales de los mayas para conformar circuitos turísticos surgió hace más de 30 años, el programa turístico Mundo Maya echó a andar en 1992, con la participación de instituciones públicas y privadas, gobiernos federal, estatales y municipales de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Chiapas. El Programa Mundo Maya mexicano expresamente busca atender “la necesidad impostergable de integrar a las comunidades locales al sector turístico, de proteger el medio ambiente natural y de salvaguardar el patrimonio cultural e histórico del área, promoviendo un desarrollo turístico sostenible”. Sin dejar de reconocer sus logros, también se han levantado voces críticas, las 4

Entrevista a Juan Gregorio, Subdirector de Desarrollo de las Culturas Indígenas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 18 de junio de 2004.

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cuales consideran que, más allá del discurso que indio vivo, para el que no hay programas ni plase emplea para promover la inversión turística, nes de educación específicos y que se mantiene poco se está ofreciendo para contrarrestar los en situación de pobreza. En la medida en que este negocio se crea efectos negativos del proyecto, con inversiones de sumas estratosféricas, se que no sea la retórica acerca del turismo imponen precios igualmente disparados que solo sustentable, ecológico o de bajo impacto, el cual no se integra a una política ecológica general y pueden pagar algunos sectores del turismo nacioreglamentada en lo específico. Frecuentemente nal e internacional, pues a ellos está dirigido. Las los proyectos han sido objeto de denuncia, por no respetaren los dictámenes de ordenamiento eco- estrategias promocionales “se enfocan en los mercalógico, impacto ambiental, decretos federales y estatales de protección – como ha sido el caso de dos y segmentos de mayor rentabilidad” (Hernández, la construcción de carreteras en zonas de reserva 2003, p. 202); en palabras de Francisco de la Vega, de la biosfera. Tal como lo ha mostrado la publicación Dimensión social del patrimonio del Fondo Nacional de Fomento al Turismo, se cultural del Mundo Maya, el Proyecto no ha desarrollan “destinos de naturaleza y exclusividad”, puesto freno al carácter depredador y especulativo de las empresas que lo impulsaron, y a los “proyectos integrales de baja densidad…, que se funcionarios gubernamentales que se han orientan a captar segmentos del mercado turístico coludido con ellas. Los impactos de la corrupción no han sido sólo en el campo ecológico. En mundial de rápido crecimiento y alta capacidad Quintana Roo, por ejemplo, se ha iniciado un cam- de gasto...” (De la Vega, 2003, p. 56-57). Se da, bio social dramático en las poblaciones locales, que va desde el incremento del costo del nivel de entonces, un modelo turístico revalorizador del vida, hasta la prohibición de paso a playas consideradas ahora de uso privado por los consorcios patrimonio cultural y natural, pero fuertemente hoteleros (Morales; Martínez, 1999, p. 267). excluyente para muchos sectores del turismo potencial nacional y extranjero, y también para las Los hoteles tipo “Club”, “Inn”, “Ressort”, comunidades circundantes. rodean las zonas arqueológicas y ecológicas, así como las ciudades principales. El mayor beneficio económico del consumo turístico es principalmente COMENTARIO FINAL para ellos, los grandes inversionistas, hoteleros, restauranteros y arrendadores del transporte. Sólo La globalización ha permitido que las fuerzas algunos de ellos pertenecen al capital nacional del mercado penetren zonas del mundo hasta hace (Sánchez, 1999, p. 29-30). Los pobladores y vecinos poco aisladas, modificando las condiciones en las de esos destinos turísticos se benefician del que se realiza la gestión del patrimonio y ambulantaje, de la oferta de servicios a pequeña favoreciendo su difusión y aprovechamiento: la escala y del empleo que llegan a ocupar. Poco se herencia natural y cultural se ha convertido en un logra, en realidad, respecto al paradigma de la objetivo y en una oportunidad del turismo a escasostenibilidad que recupera, como actor primor- la mundial y es, al mismo, una amenaza concreta dial del desarrollo turístico, a la comunidad para su preservación. No es posible, por lo tanto, receptora en términos de revalorar sus formas de ver al turismo como generador de recursos y de participación en la toma de decisiones, de conservación del patrimonio, sin problematizarlo. ‘apropiarse’ del proceso productivo de los bienes Se trata de destacar la importancia de la labor de y el servicio turístico. En el caso de los cerca de defensa del patrimonio, los límites que imponen a siete millones de indígenas que habitan el Mundo sus usos posibles las necesidades de conservación Maya, pertenecientes a 25 etnias distintas, su del mismo y, al mismo tiempo, buscar avanzar en imagen se utiliza como un atractivo más de los la discusión de en qué condiciones y de qué circuitos de visita, generalmente con maquillajes maneras pueden generarse sinergias entre el turisfolklorizantes. Mientras se enaltece al indio muerto mo y el patrimonio. – el maya prehispánico –, se margina y explota al El turismo cultural, al alentar el acceso al

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conocimiento de otras culturas, puede favorecer la creatividad y el desarrollo de producciones culturales enriquecidas por el intercambio entre visitantes y creadores de la oferta cultural local. Pero las producciones culturales con las que entran en contacto los turistas no suelen mostrarse en toda su complejidad y riqueza: los gobiernos y las empresas multinacionales, que ahora también gestionan el patrimonio, son generalmente promotoras de uniformidad; en su búsqueda por atraer a los turistas, apelan a manifestaciones espectacularizadas que homogenizan las particularidades culturales. Como herramienta central contra la imposición arbitraria de la lógica turístico-comercial del patrimonio estaría el derecho a la diversidad: por parte de las culturas locales a expresarla en toda su complejidad y por parte de los visitantes a disfrutarla. La generación de diversidad cultural encuentra su sustento en el diálogo entre las culturas. Pero, ¿hay un diálogo entre los agentes del turismo cultural, entre visitantes y ofertantes?. Más bien encontramos conversaciones restringidas (cuando revisamos cuál patrimonio es accesible y los turistas que acceden a él) o monólogos interminables, entre los sectores turístico y cultural. Tampoco se han desarrollado vías para relacionar la utilización del tiempo libre de la población local con el turismo internacional: ¿alguien ha pensado que ambos sectores pueden convivir? El rol para el “nativo” ya está prefigurado como proveedor de servicios y (o) de imagen y folklore. La gestión integral del patrimonio se enfrenta a la voracidad de los grupos económicos transnacionales y nacionales por obtener todos los beneficios de exenciones de impuestos, desarrollo de infraestructura, etc., sin aportar ganancias a las comunidades ni al país. En realidad, el problema ha sido que no se ha logrado enmarcar al turismo dentro de una estrategia global que defina mecanismos que beneficien a la población local económica, social y culturalmente. En un marco en el que nuevos grupos sociales realizan procesos de apropiación (privatización)

enfáticamente instrumentales y abiertamente depredatorios y excluyentes, es una incongruencia que el patrimonio todavía sea algo desconectado formalmente de la planificación estratégica de las ciudades, del territorio y del propio sector turístico. Las jerarquías en las políticas hacia el patrimonio se vinculan estrechamente a jerarquías y conflictos en la valoración del patrimonio nacional y de los patrimonios locales y regionales. De aquí la relevancia de la participación de las comunidades indígenas y la definición de sus derechos al respecto, que puede contrarrestar las tendencias a la segregación de ciertas áreas en detrimento de otras. ¿Cómo pasar de un turismo agresivo a otro de desarrollo sustentable? La experiencia de México es aleccionadora, aunque – con sus excepciones – no en sentido positivo. Hay avances, pero a contracorriente de las estructuras cuestionables en las que se ha desarrollado el turismo. El reto es desarrollar un proyecto que, más allá de las tentaciones inmediatistas, mire el largo plazo para evitar problemas como el agudizamiento de conflictos sociales (polarización social, migración, etc.), el deterioro de los recursos naturales y el uso inadecuado y elitista del patrimonio cultural, que se vuelven contraproducentes para el propio desarrollo turístico que se pretende alentar. Se trataría de no idealizar al turismo como generador de empleos, como captador de divisas y como polo de desarrollo, sino contemplarlo […] como parte de la necesaria diversificación económica regional, como actividad complementaria a muchas otras que deben realizarse para beneficio de la población, en particular, dentro de un programa integral de desarrollo nacional (Red Nacional de Investigación Urbana (RNIU), 1994, p. 2).

Frente a las visiones restringidas sobre la sostenibilidad, se replantea la necesidad de conceptualizarla integralmente, para que incluya todas sus dimensiones: ecológica, cultural, social y económica.

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(Recebido para publicação em janeiro 2006) (Aceito em setembro de 2006)

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