1. Poblaciones creadas y desaparecidas

1. Poblaciones creadas y desaparecidas No hablaremos aquí de la evolución del mundo desde su principio, pero la ubicación que se otorgaba a las difere

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1. Poblaciones creadas y desaparecidas No hablaremos aquí de la evolución del mundo desde su principio, pero la ubicación que se otorgaba a las diferentes razas o poblaciones era la siguiente: la raza negra habitaba gran parte de África, la raza blanca, el norte de África y toda Europa, y la amarilla, Asia... Luego tras diversas migraciones y conquistas, estas poblaciones fueron mezclándose. El pueblo blanco europeo irrumpió en América, tanto del norte como del sur, dominando a sus nativos, los llamados pieles rojas, y posteriormente conseguiría arrastrar a la fuerza a los demás pueblos, entre ellos, el negro... Esta suele ser la constatación más frecuente y elemental que tenemos en los tiempos modernos, de la primera emigración de población negra africana hacia otras partes del mundo. Pero existen trabajos que revelan la existencia de continuas prácticas de esclavitud entre razas, mucho tiempo antes de la conocida trata moderna que denominamos comercial, y que condujo a esclavos negros y blancos hasta tierras americanas. Sobre eso, dice Basil Davidson: «A este respecto, África y Europa, al principio de sus relaciones, comerciaban y se encontraban en pie de igualdad....» Había intercambio, transacciones comerciales de esclavos, y añade: «Los traficantes europeos vendían a sus compatriotas a los Estados de Ultramar, en Egipto y en África de Norte. Los señores africanos debían vender a sus congéneres a los marinos venidos de Europa...»1 Acaso debamos pensar que de esas «transacciones comerciales y humanas» de aquellas épocas y otras invasiones, se deriva gran parte de la población del Egipto de la era moderna, ya que, según se sabe, el Egipto de antaño lo habitaban «Aithiopes», o «negros», por lo que los griegos bautizaron todo el continente como Aithiopia (país de los negros). «La misión concreta de estos investigadores era recordar o explicar a la humanidad que tanto las huellas arqueológicas y demás manifestaciones de un alto nivel de desarrollo del saber humano, descubiertas hasta entonces, como las fuentes primarias helénicas, ponen de manifiesto que el Egipto de la Negritud no sólo fue cuna de sabiduría, sino también metrópolis de los sabios y filósofos griegos»,2 explica a su vez, el filósofo ecuatoguineano, Eugenio Nkogo. Ésta es una parte de la historia que no gustan recordar a los europeos. Su pasado de esclavos y la negritud de aquel Egipto de la sabiduría... Cuando hoy se habla de esclavitud, las mentes de los blancos tanto de Europa, como de América, Australia o Nueva Zelanda, se detienen como relojes estropeados... La amnesia se apodera de todos ellos y visualizan únicamente la reciente historia de los esclavos africanos que fueron vendidos en América. Lo mismo pasa con los árabes blancos... Son muchos los países que no quieren recordar que sus antepasados directos fueron en su día adquiridos como esclavos. La trata de los esclavos de todas las épocas, incluso la que se lleva todavía hoy día en algunas partes del mundo, constituye un hecho deshonroso, y no debemos ocuparnos en señalar culpables, sino simplemente en hacernos todos partícipes de esa vergüenza que, de igual modo que otras vergüenzas del mismo calibre, han significado y significan enormes injusticias, y por consiguiente, la bajeza y por consiguiente, la derrota de toda la humanidad, nuestra derrota... En una ocasión, un gran amigo mío catalán fue a dar una conferencia a un pueblo situado en la parte norte de Cataluña. Al llegar al punto donde explicaba que aquel pueblo antiguamente había sido un campo (Mina) propiedad de un rey de Madrid, y que dicho rey mandaba allí a los criminales condenados a muerte u otros delincuentes por el estilo, para realizar trabajos forzados y que, por lo tanto, ése era el origen de la población del lugar, el publico abucheó al conferenciante. No gustó nada a la mayoría asistente recordar o imaginar que eran descendientes directos de reos... Algo similar observo casi en la totalidad del Estado español. Este país, exportador de emigrantes hasta hace bien poco, se ha olvidado de esa condición o de las circunstancias que obligaron a miles de sus hijos a abandonar sus pueblos, hogares y familias en décadas pasadas para ir a buscarse la vida «en países de otros», como ahora hacen los africanos. Llegué a Europa con el tiempo justo de conocer de cerca esa emigración y presenciar el desprecio de muchos de sus hermanos alemanes, franceses, suizos... Quizá deba reproducir aquí

un triste episodio que viví en la ciudad de Zürich... Era domingo por la noche y, mientras cenábamos, una amiga mía suiza exclamó con grandes muestras de desagrado: «!Uf, mañana lunes, y otra vez a aguantar a esos cochinos españoles que huelen tan mal...¡» A pesar de que yo era muy joven en aquellos tiempos, y de que me pareció muy mal tanto desprecio, la verdad es que no me sorprendió. Ya había sido testigo del maltrato de negros pobres por otros negros ricos, o por lo menos que se consideraban ricos en aquellos momentos. Lo había conocido en Guinea Ecuatorial, en el umbral de su independencia. Los trabajadores nigerianos que ejercían de peones en los campos de los españoles, eran tratados como parias por sus hermanos del continente. Pero, pocos años después, la feroz dictadura de Francisco Macías Nguema obligaría a sus nativos al exilio hacia países vecinos, como Gabón, donde a su vez, por su condición de pobres entonces, se convertirían, para los «ricos» gaboneses, en los seres más despreciables del mundo. Hoy, mientras escribo estas líneas, los medios de comunicación africanos no cesan de propagar la crónica del desprecio y maltrato de que son víctimas en Guinea Ecuatorial los inmigrantes de otros países africanos que han acudido masivamente al extenderse la noticia de que esta pequeña nación, antigua colonia española, ha cambiado su suerte y se ha convertido en El Dorado de África, gracias al descubrimiento de grandes yacimientos de oro negro... Lo que intento resaltar en este capítulo es la similitud de los hechos en la historia entre negros y blancos, hermanos posiblemente procedentes de alguna célula común, y luego vecinos de toda la vida, pero cuya convivencia a lo largo de los siglos siempre se ha visto dominada por relaciones de sentimientos diversos: desprecio, odio, amor... Resulta curioso, por ejemplo, que el camerunés, o el nativo de cualquier otro país francófono de África, suele despotricar a menudo contra el francés y contra Francia tanto en Francia como en Camerún, pero les defenderá con vehemencia fuera de Camerún y de Francia. Y lo más curioso es que defenderá las mismas atribuciones que les ha estado criticando. Será el hincha número de su equipo nacional... Y quien habla del camerunés, senegalés o gabonés, habla del nigeriano, ghanés, o gambiano, con respecto al Reino Unido, o del ecuatoguineano con respecto a España, o del angoleño o del mozambiqueño, con respecto a Portugal. Insisto en que lo que más me preocupa en este trabajo es la similitud o la repetición de los hechos de la historia.... Hay mucha similitud sobre «demasiados pasados» lejanos nuestros, y el presente que hoy vivimos, blancos y negros. Esta similitud, o esa curiosa repetición de la historia, despierta en mí una franca inquietud. Las diferentes emigraciones de los negros africanos a lo largo de todos los tiempos, todas ellas obligadas por las circunstancias, la esclavitud de toda índole, los trabajos forzosos, el hambre, la miseria, las guerras civiles y las tiranías de los regímenes políticos del continente, han ido creando «nuevos pueblos negros», o grupos de población negra africana en muchas partes del mundo. Algunas de estas nuevas poblaciones existen y son localizables en la actualidad; otras sin embargo, han desaparecido. Se han borrado de la faz de la tierra sin apenas dejar rastro, como si nunca hubiesen existido... tal es el caso de Europa, donde sobresalen los ejemplos de España y Portugal que he podido estudiar con detenimiento.

España y Portugal ¿Dónde están los negros, esclavos o no, que llegaron y habitaron los países de la Península Ibérica, España y Portugal, en los siglos pasados? ¿Qué fue de ellos...? Y, ¿qué ha sido de sus descendientes...? Hay muchos trabajos que recuerdan su presencia en estas tierras, pero pocos o ninguno que hablan de su desaparición. «La presencia del esclavo negro en España es bastante anterior a lo que se ha considerado como el inicio oficial de la trata...»,3 reconoce José Luis Cortés en su trabajo, «Aproximación a la vida del esclavo negro en la España de los siglos XV y XVI». Nada que objetar a esta afirmación si tenemos en cuenta las transacciones comerciales con esclavos entre africanos y europeos que mencionábamos más arriba. La traída de los esclavos negros hacia la península Ibérica no obedecía seguramente a la necesidad de mano de obra, pero lo cierto es que su presencia estimuló el mercado: «Tras una lectura atenta de las crónicas portuguesas y viendo el comportamiento de los europeos en los primeros momentos de la esclavitud atlántica, se puede afirmar que el esclavo fue el

‘sucedáneo y sustituto del oro’ cuando éste no se encontró en aquellas cantidades que habían imaginado los portugueses. La caída de los precios observada entre 1450-1475 y 1500-1525 se ve doblada por una búsqueda activa del oro que permita una reactivación monetaria y las regiones africanas se prestaban a esta búsqueda después de la fama que, durante la Edad Media, les había proporcionado el oro de Sudán».4 El oro fue una de las riquezas más llamativas de los antiguos reinos de Sudán. El IMPERIOREINO DE GHANA, cuyo territorio se extendía al norte y noroeste del Níger, constituía la ruta del oro hacia el septentrión, lo que Al-Fazari, poco después de 800 D.C., llamaría «la tierra del oro». EL IMPERIO-REINO DE MALI había tenido todavía más éxito que el de Ghana, porque dominaba las regiones septentrional y meridional, con minas de cobre, sal y oro: «Cien años más tarde se recordaba aún su paso (Kankan Musa, el rey) por el Cairo en 1324, acompañado por caravanas de camellos, siervos, esposas, riquezas y arrogantes jinetes, dignos de un monarca cuyos dominios alcanzarían poco después una magnitud comparable a la de Europa occidental y una cultura por lo menos igual a la de la mayoría de los de los pueblos de Europa coetáneos: Kankan Musa llevó mucho y se rodeó de gran pompa....».5 EL REINO DE SONGHAY, quizá uno de los últimos y más grandes reinos que tuvo África negra antes de ser devastada por la esclavitud y todo lo que vino después, no fue menos esplendoroso que los anteriores. Después de varios siglos de explotación, era natural que las reservas de oro en las minas de estos imperios se agotasen, aunque conservaran la fama. De esta forma, cuando los portugueses se adentraron en el interior de África en busca del preciado metal y no dieron con él, decidieron cambiar la búsqueda del oro por la captura de esclavos negros, que en el mercado de sus respectivas metrópolis cotizaban igualmente al alza. Si nos detenemos a reflexionar sobre este punto, podemos ver que la situación de aquel pasado lejano no se diferencia mucho del presente que vivimos. En aquel pasado, los reyes de África disponían de grandes cantidades de oro que dilapidaban a su antojo, llámense Tenkamenin, Allakoi Keita, Kankan Musa, Kossoi, o Soni Ali... En nuestro presente, los países de África negra (repúblicas, que no reinos) disponen de diamantes, oro, petróleo, y demás riquezas mineras... E igualmente hemos tenido y tenemos a Mobutu, Bokassa, Bongo, Obiang, Sessu Nguesso, Biya, etc., dilapidando los recursos obtenidos de las minas naturales del pueblo, comprando hasta castillos en el extranjero, mientras sus poblaciones padecen toda clase de necesidades. «En la península, el negro no está considerado como elemento de producción, sino sólo como un estímulo más o ayuda a la hora de aumentar un nivel económico, nunca está considerado como mano de obra sobre la que repose el aparato productivo».6 Ésa era la península ibérica de los siglos XIV y XV. Hoy, aunque la mano de obra de los negros africanos es importante, sin embargo la gran producción no descansa sobre ella. Pero aún así, el aporte de los africanos a las economías de España, Portugal y muchos otros países de Europa, es tan importante hoy como lo era en siglos pasados. Hay demasiados elementos, signos..., del pasado y del presente que se asemejan... Es como si ese pasado estuviera abrazándose al tiempo actual en que vivimos. A juicio de Bonnassie, «los esclavos debieron desempeñar un papel importante en Barcelona a finales del XV y principio del XVI».7 Si bien fue importante el papel que desempeñó el negro en Barcelona durante estos siglos, a nadie se le escapa la importancia del papel que los africanos vienen desempeñando en la economía de toda Cataluña, sobre todo en el campo de la agricultura, desde finales del siglo XX, hasta el presente siglo XXI. Recorrer en nuestros días los campos del Maresme catalán, en España, es encontrarse con el paisaje donde el verdor de los árboles y demás vegetación se mezcla continua y constantemente con la negritud de la piel de los hombres que laboran la tierra. Hoy los africanos no trabajan como lo hacían los esclavos de antaño, pero si medimos las horas que desempeñan sus labores y los salarios que perciben por ellos, podemos añadir delante de la palabra esclavo, el prefijo «semi», para hacer justicia. a su condición en este mundo libre y moderno donde ejercen sus labores Al fin y al cabo, tanto en aquellos tiempos en los que el esclavo no tenía derechos, como en nuestros días, cuando muchos trabajan en régimen de semi-esclavitud con unos supuestos

derechos, lo que prevalece es la necesidad de crear riqueza por parte del poderoso del momento y del lugar... «El esclavo puede ser suntuario, pero cuando lo encontramos en ambientes de economía precaria hay que pensar que, de alguna manera, debe contribuir a crear riqueza...»8 La población de esclavos negros estaba compuesta por hombres y mujeres. Eran seres humanos sometidos a toda clase de vejaciones y desprecios, igual que los inmigrantes africanos de hoy en los países citados. Lo mismo que antaño, hoy también se les imputan toda clase de delitos. Es natural: «No hay que olvidar la constante psicológica de ver en el más débil los delitos más grandes».9 Esas personas, aunque esclavos, eran portadores, lo mismo que sus amos, de las virtudes y defectos de todos los seres humanos. Esta semejanza es la que suele perder al débil de cada momento y lugar. El amo, el poderoso, no perdona que el sometido muestre algunas, llámense, características o debilidades suyas. La respuesta suele ser una tremenda represión en forma de discriminación, desprecio y todas las vejaciones posibles como las que contemplamos en los países de la península Ibérica. No obstante, no es el trato ofrecido a los negros ayer y hoy en los países de la Península Ibérica lo que deseo resaltar en este capítulo, sino el hecho de que, en ambos países, hubo una población negra importante que ha desaparecido, y su historia se silencia. «La negación de la esclavitud negra en España desde la alta Edad Media hasta el siglo XIX se debe en gran medida a la mala conciencia católica»,9 quien así opina es Alessandro Stella, y añade, «El silenciamiento de esa parte de la memoria europea entraña una contradicción. Consideraban la esclavitud un fenómeno colonial, pero su conciencia humanista se contradecía con el hecho de que esta práctica se diera también en las mismas metrópolis coloniales».10 Esa contradicción la vivimos igualmente en este momento. La Europa cristiana y democrática, que habla sin cesar del respeto a los Derechos Humanos, los pisotea salvajemente y los ignora en los países del Tercer Mundo. Esa contradicción y esa mala conciencia de unos y otros han hecho lo posible por olvidar la presencia de los negros en este continente. ¿Serán esa misma contradicción y la mala conciencia, las que borren en siglos venideros los rastros de la presencia actual de africanos en Europa y en la Península Ibérica en particular...? Sabemos que en aquella época las relaciones sexuales entre las dos razas estaban mal consideradas por la población blanca. No estaba bien visto que una blanca o un blanco tuviese relaciones sexuales con un negro o una negra, que representaba el escalón más bajo de la sociedad. Pero a pesar de estas apreciaciones y objeciones, hubo uniones sexuales entre las dos razas y, por supuesto, produjeron descendencia: «Lo que sí constatamos como un hecho bastante frecuente es el nacimiento ilegítimo de niños de esclavas cuyos padres suelen ser los dueños de éstas».11 Aceptamos que los hijos nacidos de esas relaciones eran mulatos, y que había más hijos de madres negras y padres blancos, que de padres negros y madres blancas. Por otra parte, las prohibiciones podían tener efecto sobre ciertas normas superficiales que regían la esclavitud en aquellos tiempos, tales como la prohibición de matrimonios y uniones entre los propios esclavos, pero no lo tendrían sobre los instintos más puros de la madre naturaleza, como el apetito sexual del amo, y la obligación de los esclavos a mantener relaciones clandestinas unas veces voluntarias y otras forzosas, de las que nacerían criaturas, en general, no deseadas. El lapso de tiempo transcurrido desde entonces es demasiado corto como para que hoy no encontremos descendientes de aquellos desgraciados hijos de África en tierras de la península Ibérica. Lo cierto es que, para justificar esta ausencia, se habla de grandes epidemias, de la vuelta a África de algunos (que apenas se ha documentado), incluso de su marcha al Caribe y a otras partes de América. Esta pista de María Guadalupe Chávez, corrobora esta posibilidad: «Los términos de negro criollo o mulato estaban sujetos a juicios subjetivos, por lo que podían ser hijos de africanos nacidos en la América española o una designación de acuerdo al color de la epidermis. Rara vez se señalaba el lugar de nacimiento, por lo tanto podemos encontrarlos de cualquier parte de Michoacán y Nueva España e incluso de Santo Domingo, Cartagena, Perú, Islas Filipinas, España, Portugal, etc.»12

Admitimos todas las razones expuestas, pero éstas siguen sin explicar del todo la desaparición de las huellas de los negros en la Península Ibérica... Después de rastrear inútilmente la presencia de esos posibles descendientes de negros en España y Portugal, coincidí en un simposium, en Río de Janeiro, con una bibliotecaria portuguesa y un famoso escritor y dramaturgo de la misma nacionalidad. Aproveché la ocasión para preguntarles sobre los descendientes de negros en su país. La bibliotecaria me confesó que no tenía ni la más remota idea. El amable escritor y dramaturgo me insinuó al principio que se habrían diluido en la mezcla. «Profesor, también hubo mezcla en América del Norte y aquí en Brasil, como en el resto de América Latina, y siguen naciendo negros de color puro, descendientes de aquellas primeras generaciones de esclavos...», le contesté. «Debe ser que por el clima, por el frío..., perdieron el color....», volvió a insinuarme. «También hace mucho frío en algunos de los países que le mencioné anteriormente, profesor. Y yo mismo llevo viviendo más de tres décadas en el clima frío de Europa, y aunque no es el mismo tiempo, le aseguro que no he perdido nada del color negro de mi piel...», le recordé bromeando. «La verdad es que no lo sé...», terminó reconociendo. A la mañana siguiente, tanto él como su compatriota, la bibliotecaria, me confesarían que habían pasando la tarde noche anterior reflexionando sobre el tema que les había planteado, y que no encontraban ninguna respuesta. «Me has puesto en un aprieto», me dijo el profesor, para finalmente prometerme amablemente que, de vuelta a Portugal, consultaría con algunos historiadores y que me enviaría los resultados de su investigación. No es mi intención poner en aprieto alguno a nadie sobre esta cuestión... Pero la explicación debe hallarse en alguna parte, y sé que el resultado que espero, no será diferente del que ya obtuve de mis propias investigaciones... Pocos días antes de ese corto viaje que realicé a Brasil, el director de una famosa fundación médica con sede en Barcelona, me confesaría: «Jamás he sabido que hubiera habido negros en España en el pasado hasta ahora que me lo dices...» Esta sería más o menos la confesión del gran público, con la excepción de aquellos que tengan la curiosidad de ojear libros de historia. En esos libros se explica esa presencia remota de negros en estas tierras, pero no se esclarece lo que finalmente fue de ellos, y sobre todo de sus descendientes. ¿Cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que nosotros y nuestros descendientes, sin un retorno esclarecido hacia nuestros países, nos convirtamos también en pura anécdota en la Península Ibérica...?

Francia, Inglaterra y otros. Igual que en la Península Ibérica, la presencia de esclavos negros en otros países de Europa fue clara, pero también sus rastros apenas se encuentran. Hay abundante literatura sobre la presencia de negros africanos en estos países de Europa. En Francia, y sobre todo en Inglaterra, he sabido de alguna que otra familia negra de prolongada ascendencia... Pero la mayoría son descendientes de los antiguos esclavos de las Antillas. ¿Será que desde Europa, sus antepasados fueron vendidos a esa parte de América, y sus descendientes retornaron décadas o siglos después...? Esto es posible. Recuerdo a una familia ecuatoguineana que actualmente reside en Barcelona, y siempre me cuentan cosas de un bisabuelo suyo, de costumbres muy refinadas, que hablaba continuamente de Liverpool. Cuando intenté indagar más, la familia no recordaba muchas raíces del bisabuelo en la isla de Bioko, a pesar de llevar un apellido bubi (nativos de la Isla de Bioko, antiguo Fernando Poo). Este señor con toda seguridad debió haber vivido o nacido en Inglaterra, y puede que fuera uno de esos hijos de África llevado de alguna manera hasta esos confines, vaya Vd. a saber en qué condiciones... Y que también de una manera u otra, regresó a África. Pero, ¿regresaron todos...? Y, ¿dónde...? Es difícil imaginar que unos jóvenes tomados en su día a la fuerza y llevados a miles de kilómetros de sus poblados en la selva, reconozcan la ubicación de estos poblados, décadas o generaciones después.

¿El silenciamiento de Europa del que habla Alessandro Stella, se debe únicamente a la contradicción que he mencionado antes, o también a que Europa no puede explicar muy bien la desaparición casi completa de esta población negra...? Igual que en las naciones de Europa que vimos, algunos otros países, como México y Argentina, también tuvieron una abundante población negra, durante aquellos oscuros siglos que duró y reinó la esclavitud, y tampoco hay claridad sobre cómo se apagó esa presencia. ¿Dónde están...? Recuerdo que un amigo español me comentó hace años que un argentino le había contado que, en su país, matar a un negro se castigaba únicamente con una módica sanción económica. ¿De esa forma se exterminaron allí...? ¿Dónde están los descendientes puros y directos de aquellos negros que hoy día deberían contar con numerosas generaciones en esos países...? Apenas puede contestarse con claridad a esta pregunta. «La población de origen africano en México ha recibido poca atención de los historiadores, a pesar de que su arribo a tierras americanas sucedió a la par que el de los españoles. Esto es explicable si tomamos en cuenta que en general, la historiografía se ha inclinado por la historia política, la apología de las grandes figuras y acontecimientos y, en cambio no se han tomado en cuenta las grandes masas de población, la historia de los vencidos y los estratos más bajos de la sociedad...»,13 comentan, Carlos Paredes Martínez y Blanca Lara Tenorio, en su libro Presencia africana en México. ¿Hemos de imaginar y temer que a semejante silencio se reducirá también, en menos de un siglo o dos, nuestra presencia y la de nuestros descendientes en Europa y algunas otras partes del mundo, motivo precisamente de este modesto trabajo? «Alessandro Stella defendió la importancia del conocimiento de esa historia que se ha querido silenciar para modificar en Europa algunas políticas gubernamentales discriminatorias o poco solidarias. Reconocer una prolongada presencia negra en Europa podría causar actualmente muchos quebraderos de cabeza a los gobiernos que justamente están tratando de frenar esa inmigración africana hacia nuestro continente. Antes, ellos venían de manera forzada, encadenados, y hoy llegan forzados huyendo de la miseria en la que viven. Admitir eso supondría un grave problema para los gobiernos europeos.»14 ¿Qué pasó...? ¿Dónde están los descendientes directos que nacieron y vivieron, en España, Portugal, Francia y otros países...? Y si no hubo descendientes, ¿por qué no los hubo...? ¿Castraban a los hombres y a sus hijos nacidos en el cautiverio como sus padres...? ¿O es que simplemente se cometió un genocidio matando a todo niño varón negro que llegaba al mundo...? Los europeos pueden echar tierra sobre el asunto y taparlo. Pero, nosotros los inmigrantes negros no podemos ignorar ese pasado de los nuestros, sobre todo si tenemos en cuenta que la historia tiende a repetirse.

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