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CBD CONVENTION ON BIOLOGICA L DIVERSITY Distr. GENERAL UNEP/CBD/WG8J/5/INF/1/ADD/1 31 July 2007 ORIGINAL: ENGLISH AD HOC OPEN-ENDED INTER-SESSIONAL

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Phocoena sinus Plan de acción de América del Norte para la conservación North American Conservation Action Plan Plan d’action nord-américain de conse

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Ontario Council of University Librarles

Iittp://www.arcliive.org/details/obrascompletas03gine

OBRAS COMPLETAS DE D.

FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS III

OBRAS COMPLETAS DE DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS Estas OBRAS COMPLETAS comprenderán CUATRO Secciones: Filosofía, Sociología y Del.^ recho.

Enseñanza. 3.* Literatura, Arte y Naturaleza. 4.* Epistolario. La publicación se hará por volúme2.*

Educación

y

nes alternados de cada una de las

Estos volúmenes en 8.°, constarán de 300 A 350 páginas. Precio de cada volumen: 4 ptas., EN rústica; 5 ptas., encuadernaseries.

do EN tela.

Administración:

LA LECTURA Paseo

de

Recoletos,

25,

Madrid.

ESTUDIOS DE LITERATURA Y ARTE

FRANCISCO GINER PROFESOR BN LiA UNIVERSIDAD DE MADRID Y EN LA IHSTITÜCIÚM LIBRE DE ENSEÑANZA

MADRID I

9

I

9

De

V.3

\1dK J'-I141966

10

% ,,

(^ £.

Teléf. J-*30 Imp. Clásica Española. Glorieta de Chamberí.—

A LA MEMORIA DE MI MADRE

Pelli



carnibus

vestlsti

mi: ossibus

tt

ttfrvi'

campeg'isti me.

Vitam



misericordiam tribuisti ntihi;

iaíia iua custadivii

spiritum

meum-

Job, X,

II

y

1



vÍ3Í-

su PRIMER LIBRO

Contiene este tomo tercero de

Completas de don Francisco Giner

las

Obras

los prime-

ros trabajos que escribió para el público, ello estriba el

más

personal, entre los

y en

interesante valor de carácter

muchos de

esta clase que en-

cierra el presente volumen.

Abrióse

la serie

de dichas Obras, como pa-

recía obligado, con la sección de filosoh'a jurídica, a la

que era necesario siguiese

pedagógica, por ser

una y otra

la

sección

las predilectas

labores de don Francisco, y las tierras en que

más hondamente penetrara su lanzados de nuevo

al

espíritu.

mundo, para que en

Y él

así,

con-

tinúen evangelizando, los Principios de Dere-

cho natural, su obra por excelencia, en cuanto ha

sido,

ya en forma reflexiva, ya espontánea,

y a veces hasta inconsciente, y lo mismo entre adeptos que entre adversarios, el fermento más enérgico y fecundo, ora disolvente, ora cons-

su PRIMER LIBRO

VIII

tructivo,

de todo

el

pensar y hacer jurídicos du-

rante medio siglo en la vida de España, fermento,

como su

autor,

de sustancia

ultrarradical

en

vaso de elegante moderación ultraserena; y sacada al público por vez primera, La Universi-

dad

española,

el

único trabajo completo que

dejó inédito sobre pedagogía,

ahora

la tercera

al

inaugurarse

sección— Literatura, Arte y Nalas manos de suyo, con

turaleza—veníase a

atractivo irresistible, el primer libro

puso

que com-

maestro. Porque conviene saber que

el

la

portada de estos Estudios de Literatura y Arte^ que vieron la luz en Madrid en 1876, dice: «Se-

gunda edición corregida y considerablemente aumentada de los Estudios literarios^, los entonces comprendidos por entero, en

cuales,

efecto,

en los de Literatura y Arte forma-

ron antes, por



un tomito en octavo

solos,

de 182 páginas, impreso en Madrid en 1866. a este libro tan pequeño fué precisamente

tocó

el

dulce destino de inundar

de don Francisco con

emociones que, como pre

al

el

al

Y

que

alma juvenil

puras y perdurables primer amor, trae siem-

las

el

hombre, por desmedrado que nazca,

el

primogénito de su entendimiento.

Lo formó su autor con una

colección de ar-

tículos que, «escritos— dice en el

prólogo— en

IX

su PRIMER LIBRO

SU mayor parte poco después de los veinte años,

edad en que no es dado a la medianía producir sazonados frutos, deben considerarse tan sólo

como

de ese afán que

hijos

el espíritu

siente por

representarse sus propias ideas e impresiones,

según

los acontecimientos

de

la

vida van

solici-

tando su atención y promoviendo en él un cúmulo de reflexiones desordenadas e incompletas.

Muchos de vieron

nada; otros

nes de

En

estos artículos, los

la luz

en

la

la

más

antiguos,

Revista Meridional, de Gra-

han visto en diversas publicacio-

la corte...»

tomo primero de esa revista, correspondiente a 1862, es donde se encuentran aquellos el

Si

artículos.

Giner publicó con anterioridad

otros trabajos, cosa verosímil, pues ni se suele

romper a

escribir

como

él

aquí ya lo hace, ni

pronunciado acento con que actuó, desde

el

el al-

borear de su persona, en medio de un enrareci-

do

ambiente provinciano, permite creer que

guardase silencio hasta los veintitrés años que entonces tenía— de sus traducciones juveniles

de Lamartine^ Musset, Vigny habló algunas ve-

ces—, nar,

si

prefirió

lo

único seguro es que jamás quiso tor-

los

hubo, sobre aquellos balbuceos, y

que se perdiesen para todo

menos para

él

mismo, en ansias,

tal

el

mundo

vez, de de-

X

su PRIMER

UBRO

volverlos a aquel sagrado de su intimidad, de

que fué siempre guardador tan celoso y tan fiero.

La Revista Meridional, de Granada, es una de tantas viejas publicaciones de provincia, amarillentas, flacas todas casi siempre y no

bien vestidas, pero donde

el lector

que

las

muy

hojea

después de largos años, con

el

corazón todavía

un poco vivo, percibe pronto

el

intenso perfume

conmovedor de las cosas humildes. Y no es raro tampoco si engendran en el ánimo una punta de nostalgia melancólica y hasta de amargura,

al

considerar cuánto ha perdido en España desde

hace medio siglo

la

vida espiritual de sus pro-

vincias.

En 1862 habíase dispersado ya cuerda granadina.

Don

famosa

Francisco, que la alcan-

zó de muchacho, vino algo tarde compartir, lo

la

al

mundo para

mismo sus energías productoras,

que fueron abundantes, que sus goces y turbulentas aventuras. La intensidad de vibración regional declinaba de prisa, y, sin embargo, en

ese año de allí

la

Revista puede verse cuántos eran

todavía los relámpagos, y cuál y cuan gran-

de ya

la

para que

parte de Giner en la luz

el

común esfuerzo

no se apagase.

La Revista Meridional debió consumir

casi

,

su PRIMER LIBRO

por completo rante

el

la

XI

actividad del joven escritor du-

último año, que fué ese de 1862, que

estuvo en Granada- Pudo bien no crearla

él

ni si-

quiera iniciarla, y de seguro no dirigirla, ya que,

como

secretario de la redacción, firma Trinidad

de Rojas, un poeta regional, y como editor responsable, Miguel Pineda, un pintor de tan raro talento nisíaca,

como

intensa renunciación, un poco dio-

rasgo frecuente de artista granadino;

ambos grandes amigos en y a quienes

éste,

separación a que

la

juventud de Giner,

no obstante la

la casi

vida posterior los llevara,

guardó siempre en su alma un afecto Pero, a quien haya conocido

puede ocultársele que, tre

amigos— esos ya

perpetua

si la

al

muy

puro.

maestro, no

Revista se hizo en-

citados y otros que en ella

firman, y que también lo fueron—, y así tuvo que ser, pues ninguna obra de carácter común

hizo jamás don Francisco que entre amigos no fuera,

él

debió inaugurar ya entonces— basta

para advertirlo hojear

al

acaso

la

Revista



aquel sistema, grato a su espíritu, de intervenir

objetivamente en todos los momentos y pormenores de una obra social, aun los más minuciosos,

huyendo, en cambio, de figurar, o sea,

catando su persona todo

De

este

lo

modo, no debió

más

re-

posible.

limitarse a lo

que

su PKIMER LIBRO

XII

comúnmente se entiende por colaborar en la Revista. Su intervención en ella no fué una de tantas, pues de la estructura de la misma se inpara

fiere,

por

el

que ha conocido a Giner, que

el contrario,

la

Y

decisiva.

gurarse que no estriba

el

fué,

hasta podría ase-

mayor

interés en

que

Reoisía Meridional recibiese los primeros es-

critos

que don Francisco publicara, sino en que

fué

primera obra de actividad social que, sin

la

decirlo ni parecerlo, llevó sobre sus

hombros.

Porque este ha sido uno de sus rasgos más

Don

picos.

una

labor,

sobre

sí,

ciones,

tí-

Francisco no ha vivido nunca sin

mejor se

diría

sin

varias

labores

de este género- En cuanto a publica-

vendrá luego, en plena revolución de

1869 a 74,

el

Boletín Revista de la Universidaa

de Maürid\ y desde 1877, el Boletín de la Institución libre de Enseñanza, que él, al morir, ha dejado viviendo.

De tanto,

los primitivos

de

Estudios

los trabajos

literarios, y,

por

que comprende este tercer

tomo de Obras Completas, figuran ya en la Revista Meridional, el más la.fgo de todos: Consideraciones sobre el desarrollo de la literatura moderna:

el

primero de los cuatro sobre

poeta Ventura Ruiz Aguilera, o sea

el

el

relativo a

sus Elegías; y las dos notas críticas acerca de

Xm

su PRIMER LIBRO

La estafeta de Urganda, de Díaz Benjumea, y El Quijote y La estafeta de Urganda, úo. Tubino. Pero la Revista contiene además otro trabajo que, comenzado en forma ocasional y de intervención polémica, acabó por ser, el

de más enjundia,

sin

duda

el

tal

vez,

de más esfuer-

zo especulativo de don Francisco por aquel en-

No

tonces.

que

el

podía recogerlo en este tomo, por-

asunto del artículo no es

en ningún otro volumen volvió a darle

vez por

la

asilo, tal

superación, que pronto halló su pen-

samiento, de las orientaciones que

mas habrá de

ba;

pero

literario;

allí

formula-

publicarse en su día, pues

tiene el interés histórico de ofrecer la primera

expresión del pensar de Giner sobre filosofía del derecho.

Y

encierra todavía \a Revista gran

cantidad de pequeñas notas acerca de asuntos diversos, entre los que dominan la bibliografía

y

crónica de sucesos académicos, científicos,

la

artísticos, literarios, les,

ya

inicia-

pero transparentes de

sin firma,

que corroboran

ya firmados sólo con

la

quien velaría por

estilo, y sospecha de que fué Giner

la

confección y

el

éxito de esa

su primera empresa literaria y educadora, con aquella minuciosa e inagotable asiduidad que

puso luego en todas El

que en

ellas lo

las

demás de su

vida.

ha visto de continuo arder

XrV

su PRIMER LIBRO

con puro fuego se

también, por enton-

lo figura

ces en Granada, con su negra y efímera abun-

dante cabellera romántica^ todavía

di

>— Educación del artista literato. ra general

humana que

riencia de la

145

— Cultu— Expe-

necesita.

vida.— Cultura especial para

su arte.— Educación teórica.

— Educación

práctica (manejo artístico de la palabra).

Educación teórico-práctica.— Relación de estas esferas con los elementos de la Literatura. c)

— Móviles y estímulos del artista literario para

la

producción.

— Su esfera de acción.

Sus clases.— Móviles inferiores-sensibles; superiores-ideales; absolutos.

d)

— Formas y estados opuestos

de

la acti-

vidad literaria.— Impresionabilidad (receptividad,

sensibilidad).

pontaneidad).

— Sus

La inspiración en

— Inspiración

(es-

modos.— Sus grados.

las

diversas esferas

y

fines de la vida. II.

— Funciones de producción literaria. clasificación y A. — Preliminar sobre la

la

grada-

ción de estas funciones.

5.— Funciones

internas (composición, en sen-

tido estricto).

¿2^— Concepción.— Su relación correspondiente de

la

to).

— Su relación a

la

(la

razón,

Modos de

como la

al

Literatura

elemento (el

asun-

facultad respectiva

facultad de las ideas).

concepción.

¿'^-Representación sensible del asunto 10

(for-



146

F.

GINER DE LOS RÍOS

mación del ideal).— Su relación to respectivo de

Literatura

la

Representación interior de la fantasía.

—Su relación

rrespondiente

de

la

tiva

(la

al

elemen-

(la

forma).

palabra en

la

a la facultad co-

imaginación).

— Modos

— Imitativa, produc(estética). — Directa e

representación.

y compuesta

indirecta (simbólica).— Inmediata o media-

tamente c)

literaria.

— Unión de

la

concepción y

ción,— Su relación (la

la

representa-

elemento respectivo

al

expresión).— Su relación a

tades respectivas.

moria (para

el

— Relación

las facul-

con

la

me-

enlace y continuidad de la

serie en la composición).— Relación con el

entendimiento (para

la

cionada referencia de la

de

concepción). la

discreta y propor-

la

representación a

— Acción superior sintética

razón.

C— Funciones exterior).

interno -externas

— Naturaleza

de

la

(ejecución ejecución.

Consideración ulterior especial de

la

pala-

bra literaria.— Sus elementos (letra, sílaba, vocablo, frase, período, discurso).

y

tono.

— Ritmo de

la

— Acento

prosa y del verso.

— Modos de misma. — Primer ejecución.— Grados de trazado (proyecto, bosquejo, plan). — ElaboSignificación de las palabras. la

ración.— Revisión y corrección.

la

PLAN DE UN CURSO DE LITERATURA

,

D.

— Sobre

las

llamadas reglas de

147

producción

la

literaria.— Reglas generales de la produc-

ción.— Reglas de

la

composición.

— Reglas

(técnicas) de la ejecución. III.

— La obra

literaria.

Su concepto.

— Sus elementos.— Su

individua-

lidad y originalidad.— Estilo.— Su concepto.

— Sus — Degearmónico).

Sus géneros (objetivo y subjetivo).

modos

(severo, florido,

neraciones de estos modos (tosco, afectado, ecléctico).

— Esferas

local, nacional,

del

estilo

(individual,

etc.)— El

estilo,

con relación

a las épocas.

Sección I.

4. ''—Contemplación

— El sujeto

de

la

de

la

obra

contemplación:

el

literaria.

público (el

lector, el oyente, el espectador).

Su concepto y

carácter.

— Clases

y grados de

público.— Permanente y actual.— Inculto,

di-

también

letante, culto (inteligente, racional)

en varios grados.— Fuentes (facultades) de la

contemplación

— El sentido

externo en

contemplación literaria.— La fantasía.

memoria. cia II.

y

la

— El

entendimiento.

— La

la

— La

concien-

razón.

— La contemplación en



misma.

Su concepto.— Comparación con

producción.— Relación de

público.

— Diálogo

del

autor y

composi-

la

ción y

la

el

obra

al

público,

148

F.

mediante ésta.

GINER DE LOS RÍOS obra.

la

— Efecto

— Anacronismo y

nes y momentos de sultados de

la

(impresión) de

sus clases.— Funcio-

la

contemplación.— Re-

contemplación.

— El gusto(sen-

tido artístico) literario.— La crítica literaria.

Su concepto.— Sus modos y grados. Sección de

5.^

— Principios

filosóficos

de

la

Historia

la Literatura.

Manifestación individual de el

tiempo (Historia de

la

la

Literatura en

—Le— Eda-

Literatura).

yes capitales de esta manifestación. des y períodos capitales de

la

Historia de la

Literatura.

PARTE ESPECIAL (teoría de los géneros literarios)

Introducción

I.— Principios para

Examen de

de

las clasificaciones

los

géneros

del

género

ceptistas

la división

y

literarios. literario.

la

Literatura.

más comunes de

—Sentido

— Errores

retóricos en este

verdadero

de

los

pre-

punto.— Unidad

del Arte literario sobre sus determinados

géneros.



PLAN DE UN CURSO DE LITERATURA II.— División de

la

149

Literatura en sus géneros esen-

ciales.

Literatura predominantemente bella (Poesía).

Literatura predominantemente tica).

— Literatura

útil

(Didác-

compuesta o bello -útil

(Oratoria). \\\.

—Plan sumario de esta parte de

la

Ciencia de

Literatura.

la

Sección 1,^— Poética Introducción.— Coi\(í&t;í\o y plan de esta parte. Poética general

I.— Concepto de II.

la

— Elementos de \)—La A.

Poesía,

la

Poesía.

belleza.

— Idea

y plan de

la

Ciencia de

la

belleza

(Estética).

B.

— Concepto sumario de

ción de este concepto.

la belleza.

—Sus

— Forma-

elementos. —La

como una categoría universal. Modos de la belleza. 1) Según su interior organismo. a) La belleza en su unidad indistinta (sencilla).— b) La belleza en sus modos interiores opuestos (sublime, trágibelleza,

C—



ca, cómica, etc.)— cj La belleza en su composición (armónica). -2)

cia,— g^ Belleza eterna.

Según ¿"^

la

existen-

Belleza indivi-



— —



150





GINER DE LOS RÍOS

F.

c) Belleza eterno-individual

dual-sensible.

(viva).

Z).— Esferas de

la

belleza.



b) Belleza espiritual,

humana.

d) Belleza divina y su

c) Belleza

Mundo.

relación a la del

(representada en

la

— 2)

Belleza ideal

fantasía).

artística.— G^ El Arte bello. ción el

E.

Belleza real.

1)

a) Belleza natural.

al

Arte uno y todo.

Arte

c)



Belleza

^3)

b)

Su

rela-

La belleza en

literario.

— Impresión producida

por

la

belleza en el

sujeto contemplador.

2)— La poesía. La palabra poética.— Condiciones de poética.



la literaria la

Poesía.

la

palabra

Distinción entre la palabra vulgar,

y

la

poética,— La versificación y de la palabra poética.

— Modos

a) Palabra poética no rimada (prosa estétib) Palabra poética rimada (verso).—

ca).

La

versificación y sus

(Principios de III.

— Relaciones de neros de

formas principales

Aríe métrica). la

Poesía con los restantes gé-

la Literatura.

Poética especial Introducción.

1.— Concepto y división de los géneros poéticos.— Principios a que debe sujetarse esta división.— Crítica de las clasificaciones más

PLAX DE UN CURSO DE LITERATURA usuales.

dad de

— Errores

de

los

151

preceptistas.— Uni-

Poesía sobre sus géneros.

la

2.— Enumeración de

los

géneros poéticos.—

Poesía predominantemente objetiva (épica). Poesía predominantemente subjetiva (lírica).

Poesía compuesta (dramática).

1.— Poesía épica I.

— Concepto de

la

Poesía épica.

11.— Sus elementos (fondo y forma), III.— Su división: 1)

— Por ma

fondo: Épica ideal o filosófica (Poe-

el

épico-didáctico).— Épica histórica (Poema

épico-histórico).

— Épica

filosófico-histórica o

compuesta (Epopeya). 2)

— Por

la

forma:

Épica versificada (Poema

épico, propiamente dicho).— Épica en prosa

(Novela.)

IV.— Ojeada

histórica sobre el desarrollo de la

Poesía épica.

V.

— Concepto,

carácter y condiciones de los di-

versos géneros épicos. .(4.-

Poema

épico-didáctico.

concepto en ciones fábula,

el

— Su verdadero — Sus condi-

amplio sentido.

y elementos.— Sus clases (proverbio, alegoría, poema didáctico, propia-

mente dicho).— Su desarrollo

histórico.

5.— Poema histórico.— Su concepto. — Sus ele-

152

F.

GINER DE LOS RÍOS

mentes y condiciones.— Sus clases (poema religioso, político, heroico, descriptivo-natu-

etc.)— Su desarrollo histórico.— El poe-

ral,

ma C.

cómico.

— Epopeya. — Su

concepto.

— Sus elementos

y condiciones.— Su desarrollo histórico. Apéndice especial sobre los llamados poemas menores.

2.— Poesía I.

— Concepto de

II.

la

lírica

Poesía

lírica.

— Sus elementos (fondo y forma).

III.— Lírica métrica y prosada.

— Enumeración

IV.

de

las

formas

líricas

princi-

pales.

V.

—Desarrollo histórico de

la

Poesía

lírica.

3.— Poesía dramática Parte general I,

II.

— Concepto de

la

Poesía dramática.

— Sus condiciones,

III.— Sus elementos (fondo y forma).

IV.— Sus

relaciones con otras Artes (Declamación,

Artes del diseño, Música. Baile).

V.— El

público en

VI.— Ojeada

la

Poesía dramática.

a la historia

de este género.

PLAN DE UN CURSO DE LITERATURA

153

Parte especial I.

— División de

la

Poesía dramática en general.

II.— Concepto, carácter y condiciones de los

di-

versos género dramáticos.

A.— La

Tragedia.

— Su concepto.— Sus verda-

deros elementos y condiciones.— Su

des-

arrollo histórico.

— La

B.

Comedia.— Su concepto.- Sus

ele-

mentos y condiciones.— Sus clases (comedia de costumbres, de carácter, de enredo, polí-



Su desarrollo histórico. Drama propiamente dicho. Su concepto. — Su relación con los demás géneros teatrales. Su carácter.— Sus condiciones y tica, etc.



— El

C.



elementos.— Sus

clases

(drama histórico,

religioso, de carácter o psicológico,

co, social,

fantástico,

etc.)

— Su

políti-

desarrollo

histórico, III.

— Géneros del

A.



dramáticos formados por

la

unión

Drama con otras Artes. Unión del Drama con la Música (Ópera,

Oratorio, Zarzuela, etc.).

B.

— Unión del Drama con

la

Música y

el

Baile

Drama

(Pin-

(Baile escénico o dramático.)

IV.

—Artes constantemente unidas

al

y Escultura escénicas. Declamación, Mímica, Indumentaria.) tura, Arquitectura

— 154

DE LOS RÍOS

F. GIiVER

Apékdice.— Relaciones de los faeneros poéticos entre si

i4.— Formas compuestas especiales.— a^ For-

mas épico-líricas (Elegía, Sátira, Balada, Leyenda fantástica, Epístola). --6^ Formas épico -dramáticas (Poema dramático o Dra-

ma

épico).

— c^

Formas

lírico-

dramáticas

(Égloga, Monólogo dramático. Loa, Cantata.)

B.

— Organismo de todos los géneros bajo

la

unidad de

C— Posibilidad

la

poéticos

Poesía.

infinita

de ulteriores formas y

géneros poéticos.

Sección 2."— Didáctica Didáctica general

I.— Concepto de

la

Literatura didáctica.

tinción entre el fondo científico literaria

en

las

y

— Disforma

la

obras de este género.— Ca-

rácter especial con que son aquí considera-

das estas obras.

IL— Condiciones Fondo y forma

y elementos de didácticos.

la

Didáctica.

—Su distinción y re-

lación con el fondo

y forma

posición didáctica,

como «forma de

de

la

científicos.

— La ex-

la

forma»

Ciencia en su producción histórica.

— —— —



PLAX DE UN CURSO DE LITERATURA

155

Didáctica especial I.

— División de ^.— Por el

la Didáctica.

asunto.

a) Didáctica filosófica.—

b) Didáctica histórica.— c> Didáctica com-

puesta.

5.— Por ción.

la

cualidad y carácter de

la

exposi-

a) Didáctica científica (ya elemental,

ya superior).— ¿>^ Didáctica popular. C.

— Por la extensión.

a) Didáctica compen-

b) Didáctica amplia o

diosa o sumaria.

ma-

gistral.

II.— Concepto, condiciones y carácter de la Di-

dáctica filosófica. III.— Consideración especial de tórica, y en particular de

la

Didáctica

la

terreste.— > Condiciones y carácter de sición histórica.

c)

Géneros

his-

Historia humano-

/a

lite-

expo-

históricos princi-

pales.— í/> Escuelas históricas.— ¿?j Consideración histórica de este género.

IV.— Consideración de

la

Didáctica

fi.'osófico-his-

tórica en sus condiciones peculi^f^s,

V.— Relaciones

de los géneros didácticos entre sí.— Formas didácticas compuestas.— Organis-

mo

en

los

géneros didácticos.



F.

Semejantes palabras, honor del ingenio

italiano,

son perfectamente adecuadas a todas las literaturas

230

GINER DE LOS RÍOS

F.

convencionales y de reminiscencia,

una vez

— a todas

las

éstas han de ser animadas,

de su naturaleza, por siglo,

o— digámoslo

de

Porque

si

falsas literaturas.

como condición

esencial

aliento de su pueblo

y su esqueleto, laboriosamente trabajado, de

el

el

semejantes producciones (de las cuales suele im-

propiamente decirse que carecen de defectos, cuan-

do tienen

el

mayor de todos) ofrecerá

la

exacta proporción que no altera

la

belleza de la carne y

sangre,

la

ción,

que no encuentra en

ideal,

podrá decir, como

ellas

el

la

la

sumo

a lo

muerte, sin

vida;

y

la

na-

un solo rayo de su

paladín francés de su ca-

balgadura, que

...

moría

lo siilf alfra rioa giace...

Altro diffetto in

En

tal

leí

non mi

displace.

sentido, las literaturas de imitación no son

sino la imitación de la literatura.

La crítica, por su parte, no ejercerá menor influjo, si, abandonando el empirismo y la arbitrariedad, se alza a la región serena de las ideas,

con fecundísima savia toria,

mediante

el

para fertilizar

campo inagotable de

la difusión

de

la estética, a

la his-

cuyo im-

pulso se reanima con desconocido vigor, penetrando

de elevado sentido miento

mo

literario.

las varias direcciones del

Levantar su obra sobre

el

pensafirmísi-

cimiento de los principios esenciales del arte y

separar

lo histórico

de

lo absoluto, lo

contingente de

LA LITERATURA MODERNA

231

necesario, constituye su ministerio y será su ma-

lo

yor gloria.

¿Qué

es lo que han pedido,

como sagrado derecho

del artista, los partidarios sensatos del

mo? La quía y

libertad, téngase bien entendido; la licencia.

Porque, así como

romanticis-

no

la

anar-

los idólatras in-

discretos de la antigüedad, partiendo de lo particular

y

y careciendo de guía reguladora para

relativo,

su crítica, pretenden sustituir los principios racionales

por preceptos empíricos, hijos de

la

observación,

«inventarios exactos y metódicos de lo pasado, que son, cuando más, reglas precisas de lo que se hizo, sin

infinitas posibilidades

las

hacer»

(1); así

de

lo

que resta por

como, perdidos en un mar de

puerili-

dades de mero pormenor, fundan una estética falsa y convencional, cuyas prescripciones han de variar necesariamente a

la

aparición de cada género y de

cada obra maestra, los románticos han preconizado con rigorosa justicia ral,

contra

que

el

la

la

refleja,

inspiración directa del natu-

bebida en los libros, exigen

poeta pueda realizar cuantos ideales concibe

en su fantasía, y dejan abierto ancho campo a todo linaje

de

de asuntos que cumplan

lo bello, a

realidad,

las

eternas leyes

toda forma que represente esencia y

saludando con júbilo

lleva el sello del genio,

la

obra nueva que

aunque no figure en

íl) Cantü, Literatura: Discursos y e/emplos en Historia Unioersal, prólogo.

las

apoyo de

la

232

F.

GINER DE LOS RÍOS

áridas clasificaciones de los preceptistas clásicos.

¿Quién puede racionalmente marcar un evoluciones del espíritu,

ni definir

límite a las

todos los

momenEn

tos capaces de desenvolverse en la imaginación? la

progresión histórica de

la

humanidad, hay siempre

dos factores: uno idéntico, invariable, constante, en la

unidad de su naturaleza; móvil otro, característi-

co, pasajero. Así, el ideal de

una época se descom-

pone también en dos clases de ideas y de

senti-

mientos: accidentales y estables, variables y permanentes; y mientras el fondo subsiste siempre el

mismo, va asimilándose aquellos elementos que tiempo consolida para no destruirlos jamás, o

el

reci-

como en depósito, los que forzosamente han de mudar a causa de su acción. De esta suerte, y siendo la literatura expresión de ambas clases de necesidades, tanto respecto de la sociedad como de los in-

be,

dividuos, ni unas ni otras pueden acallarse con evo-

car fantasmas, gloriosos,

sí,

pero fantasmas, que

alienta la ilusión del recuerdo, no la vida de la ac-

tualidad.

Doble, por consiguiente, ha de ser

el

objeto de

la

creación artística que aspire a vivir eternamente en la

memoria de

los pueblos;

rirse a las leyes necesarias

carácter de

y

lo

la civilización

debe por un lado, refede

lo bello;

en que nace:

por otro, lo

al

inmutable

temporal, lo accidental y lo absoluto han de te-

ner en

ella

representación. Allí donde

el

espíritu en-

cuentra fundidos ambos términos, se une con

la

obra

LA LITERATURA MODERNA contemplada, y siente

donde

uno*

de ellos

el

puro goce de

falta, el arte

233 lo

bello; allí

no puede pretender

existencia efímera, que se borrará con

más que una

los últimos vestigios

de

las

tendencias que ha ha-

lagado.

Tales son los fundamentos de

la crítica

Si en todas las edades, los grandes poetas,

piración nos

moderna.

cuya

conmueve todavía, han marcado

ins-

instin-

tivamente sus creaciones con ese doble carácter, a nuestro siglo únicamente cumple

la gloria

traído a clara luz tan fecundos principios,

de haber estable-

ciendo sobre ellos esa nueva crítica, cuya autoridad se extiende a todos los tiempos y lugares, porque es

independiente de lugares y tiempos. La retórica y poética de

la

la

antigüedad, con tan escasa cordura re-

sucitadas en nuestros días, encerraban cierto número

de reglas y máximas exactas; pero esterilizadas por la falta

de unidad y enlace interno de sus incomple-

tas doctrinas. Por esto, confundidas en el laberinto

de

la

observación puramente empírica, fuente aquí

de tamaños errores, tomaban como principal cesorio;

lo ac-

degenerando por lógica necesidad en un

tejido de convencionales arbitrariedades, sin otra

ley que

tumbre.

el

capricho,

Mas

de

la

ni

otra autoridad que la cos-

misma manera que

el

ideal ro-

mántico ha dilatado los horizontes del poeta con multitud de píritu

nuevos elementos,

la

crítica nacida del es-

moderno ha roto barreras tímidamente alzadas

y revelado

la

inmensa extensión de un campo, cuyo

234

F.

GIMíR DE LOS RÍOS

Único límite está en lo que verdaderamente se opone

y contradice

Cuando

a lo bello.

pos presentes haya de ceder

el

el ideal

de los tiem-

puesto a otros futu-

ros ideales, ni uno solo de ellos quedará fuera de la

construcción que levanta

la

ciencia moderna;

en su

recinto hay lugar para cuantos pueda engendrar la fantasía, sin necesidad

de derribar sus fortísimos mu-

ros ya para ensancharlos.

La razón sirve para todos

los tiempos.

Jamás pierda de se oscurece

el

vista la crítica su luz, sin la cual

sentido de lo hermoso;

sólo concentrarse en

la

ni

pretenda

forma exterior, como

lo

más

fácil y aparente, extraviándose en el camino llano y volviendo contra sí sus propias armas. Sírvale de ejemplo esas luchas en que vemos despedazarse al

individualismo superficial que, por hacer alarde de

independencia, niega escépticamente las

el

sistema de

verdades fundamentales del arte, despreciando a

como cosa vulgar

e indigna de su sabiduría,

la

vez,

la

guía del sentimiento inmediato, no pervertido aún preocupaciones: contradicción lógica, que gas-

en

las

ta

y aniquila todas sus fuerzas. Para el crítico de verdaderamente recto e ilustrado, no menos

juicio

que de delicado sentido,

el análisis

de bellas produc-

ciones es un manantial de puros goces, porque su

contemplación profundiza más íntimamente en obra que

la del

común de

los

hombres; para

el

la

espí-

vanidoso y petulante, tal examen se resuelve en mezquinas personalidades o en un fatigoso ritu frivolo,

LA LITERATURA MODERNA donde se aferra con ansia

ejercicio,

235

a la forma,

que

destroza dogmáticamente, en tanto que «la potencia

creadora y viva se escapa de sus manos como una fuerza indómita»

Hoy

(1).

que, despertado entre nosotros un tanto

pensamiento, brotan de

de vivificar

mucho

él

el

nuevos raudales que han

mustio campo de las letras, importa

el

camino y no encajarlos en el estrecho cauce de la imitación de otras literaturas, cuyos abrirles

méritos, por indisputables que sean, no tienen en

verdad derecho para semejante monopolio. En nuestra patria,

el

donde han nacido

árbol

los laureles

de Berceo y Jorge Manrique, del maestro León y Lope de Vega, de Cervantes y Tirso de Molina, no se ha arrancado, aunque amarillo y mustio; y así

como

el

período erudito y clásito de nuestro rena-

cimiento ofrece, por ejemplo,

epístola

la

A

Fabio

(¡compáresela con las ponderadas de Boileau!),

barbarie de nuestra Edad Media produjo mortal

Romancero,

el

la in-

memoria de España y mundo. ¡Qué no podrán, pues,

gloriosa

eterna emulación del

aprovechar a nuestra literatura

las superiores con-

diciones en que hoy comienza a ofrecerse

el

es-

píritu!

El fondo actual del arte es

antigüedad; pero

(1)

Pictet.

capítulo

I.

Lo

la

muy

superior

al

de

la

manifestación literaria dista aún

Bello en la Naturaleza, el Arte y la Poesía,

236

F.

GINER DE LOS RÍOS

no poco de aquella íntima compenetración entre

forma y

la

esencia que distingue a los clásicos: de-

la

fecto que no ha de achacarse indolentemente a la

sublimidad de un ideal, ante

el

cual toda forma pare-

ce insuficiente (como pretenden algunos, mezclando cosas enteramente diversas); sino

en

la

escaso esmero

al

depuración y corrección artística. Para llegar

a aquella deseada armonía entre

ambos términos,

re-

cójanse de buena voluntad los frutos naturales, no los

que

tificial

sin

madurar ha desprendido

del árbol el ar-

cultivo de la imitación exótica,

Y

cuando

genio moderno conquiste una forma digna de tonces su

fiel

en un todo a

expresión, la clásica,

tiempos venideros. 1862.

la literatura,

y

clásica ella

él,

el

en-

será superior

misma para

los

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS UNA DOLORA EN PROSA Lo Absoluto, por D. Ramón de Campoamor, de mia Española.— Madrid,

la

Real Acade-

1865.

I

En medio de

la

indiferencia con que la generali-

dad del público ilustrado recibe

los

generosos es-

fuerzos de los pocos que en nuestra patria se consa-

gran a los estudios filosóficos, considerándolos dignos de seria atención, es doblemente merecedor de aplauso

el

ciendo de

celo de aquellos escritores que, no hala

filosofía

su vocación especial, y aun

alejados de ella por su verdadera profesión y sus

costumbres, acuden de tiempo en tiempo a rendir a sus plantas

el

tributo de que noblemente se creen

deudores, sobreponiéndose

al

ñosa presunción que reina en

contagio de el

círculo a

tualmente pertenecen. El espíritu dado la ciencia, halla,

en

el

al

la

desde-

que habicultivo de

comercio de un medio social

apropiado, continuos materiales que lo estimulan en

238

F.

GINER DE LOS RÍOS

SU empresa laboriosa, y de donde saca nueva y ani-

madora energía en sus instantes de vacilación y desaliento. De este modo, enlazado en incesante comunicación con

el

mundo

científico, se sostiene igual

y

perseverante en su propósito; y para vencer la excéntrica singularidad a que lo lleva en ocasiones una

desmedida concentración en



mismo (de

la

que

nace ese tenaz apego que tomamos a nuestras opiniones individuales, no por ser verdaderas, sino por

mayor y más terrible obstáculo con que ha de batallar el hombre sincero), ser nuestras, y que es quizá

le

el

basta tender una mirada a su alrededor, y ver

cómo

le

tera,

y sorprender en

acompaña en su camino

pensamiento

las últimas

la

humanidad en-

corazón de su engreído

el

vibraciones de

la

cultura

universal.

Pero

lo

que necesita luchar quien vive distante de

esa comunicación y encerrado en un rio a las aspiraciones que,

mundo

refracta-

a trechos, se levantan en

su alma, para darles alguna satisfacción y cumplimiento; lo que ha de sufrir

al

verlas siempre con-

trariadas por la extrañeza de los que lo rodean,

aun por

la

y

fatuidad de su desdén; lo que ha menes-

ter para conseguir formularlas,

falto

de todos

los

elementos exteriores que pudieran fortalecerle y ayudarle, y teniendo que suplirlos con el ardor infatigable de su empeño, apenas se concibe, y jamás

obtendrá en premio estimación suficiente. Tal es

la

posición del señor

Campoamor. En un

UNA DOLORA EN PROSA siglo en

grado

que

salir

la

desorganización de que no han

lo-

todavía las esferas sociales públicas (des-

muy

especialmente

difícil vivir

en una sola de

organización que se deja sentir entre nosotros) hace tan ellas, el

239

autor de las

Dolaras rompe valerosamente

con esta dificultad, y, poeta, filósofo y político, prela fama nada menos que en tres

tende los laureles de distintos conceptos.

Cuan de agradecer sea su

tento, no es menester ponderarlo

después de

in-

las

consideraciones que anteceden; y son verdadera-

mente dignos de severa censura

los

que,

movidos

de frivolo menosprecio por todo fruto del espíritu nacional, o de injusta impaciencia por no ver a éste

sacudir milagrosamente en un día

el

entumecimiento

de dos siglos, o de ciegas preocupaciones académicas, o

aun de sentimientos ruines, harto comunes,

por desgracia, en todo país y en todo tiempo, des-

conocen

el

ponde a

alto valor

las

que indudablemente corres-

producciones del escritor de

Lo Ab-

soluto.

Tal es filosofía la

el título

de su última obra. Plan de una

completa (que

vez en

ella el

señor

tal

pretende ser), ostenta a

Campoamor

la

índole de su

pensamiento científico y su fantasía e inventiva poética. Y si se estudia con relación a estas segundas cualidades, que son, a nuestro entender, las que sobresalen siempre en quien con sus poesías líricas

ha conquistado uno de los más altos nombres de

nuestro moderno Parnaso, y de los pocos que

la

240

F.

GINER DE LOS RÍOS

historia, agradecida, salvará del olvido

que

sin

destina a tanta celebridad contemporánea

duda

(1),

se

encuentra en sus páginas una genialidad tan propia

y personal, una imaginación tan viva y pintoresca, una ironía tan profunda, un movimiento tan animado, una expresión tan llena de calor y de vida, que

admiran y sorprenden con su tesoro de inagotables bellezas. Bajo este concepto, creemos que

soluto es critor ha

la

mejor muestra que

dado de

Ciertamente,

la



el

Lo Ab-

distinguido es-

en producciones de esta clase.

afectación en

el

uso de

la

antítesis

retruécano, que tanto empaña, por ejemplo,

y

del

el

mérito de El Personalismo, aparece aquí de vez

en cuando, no menos que

la

hiperbólica exaltación

imágenes y comparaciones, y el tono declamatorio de la frase; pero un gusto delicado reina de

las

por

lo

común en Lo Absoluto, y poco hallará que la más severa crítica. El

reprender en sus hojas

pensamiento, vigorosamente concebido e individualizado en una forma propia, se desenvuelve en un

cuadro

y lo colora con Ora se revuelve contra

artístico,

matices.

los

más opuestos

las escuelas

y

los

partidos, denostándolos con su sarcasmo desdeño-

No ha faltado, en tiempos recientes, algún escritor que (1) pretenda poner en duda los títulos del señor Campoamor como poeta original. ¡Vano intento! Mientras se sigan estimando en el mundo el ingenio, la imaginación, la poesía, la gracia, el señor Campoamor será siempre uno de los primeros y más ilustres líricos que honran las letras patrias en nuestro siglo.—(1876).

UNA DOLORA EN PROSA so; ora

241

sumerge en inefable arrobamiento,

se

buscando en

la

intimidad de Dios

el

y,

fuego de una

inspiración sagrada, hace con noble entusiasmo la

apoteosis de la razón, de la virtud y del arte. imposible,

comenzada

la

Es

lectura de este libro, sus-

penderla gustoso hasta llegar a aquella última página, tan bella

y tan elocuente, en que

penetrado del sentimiento de

en una contemplación

mente hasta la

el

ideal,

lo

que

espíritu,

el

infinito, se lo

divino principio de

recoge

levanta mística-

la

realidad y de

vida.

La doctrina filosófica de Lo Absoluto ha sido examinada— según su importancia lo exigía— desde diferentes puntos de vista, por escritores tan auto-

rizados

como

los

señores Mateos, Valera,

Rute,

Vidart y algunos más, a quienes sucederán proba-

blemente otros nuevos críticos en su tarea de juzgar

la

reciente exposición que

el

señor

Campoamor

hace de sus principios. Lo arduo de semejante empresa, en que

vemos con placer empeñados

a tantos

nobles campeones, afanándose por difundir en nuestro pueblo el

amor

a estudios de que

pende en gran

parte su destino, nos excusa de entrar en

de tas

ellos;

el

número

y sólo nos limitaremos a hacer unas cuan-

someras consideraciones sobre

la

impresión ge-

neral que nos ha producido la lectura de este por

todo extremo interesante

libro.

16

242

F.

GINER DE LOS RÍOS

II

De Lo Absoluto, como tables de su género,

de todos los libros no-

puede decirse mucho bueno

y mucho malo. Todo es (pudiéramos decir con su padre) según

el

color

del cristal con que se mira.

Si se

compara esta obra con

propio y riguroso de

condiciones y

la

lo

filosofía

que

concepto

el

exige y con

las

necesidades históricas a que debe

responder ya hoy un sistema metafísico, apenas se hallará en ella cosa

que satisfaga.

No

espere

el

lector, fatigado del dogmatismo, que tan extraordi-

nariamente representa Hegel, encontrar doctrina circunspecta y prudente, científica,

allí

una

verdaderamente

que huya de fantasear imaginarias cons-

trucciones sobre supuestos arbitrarios,

aventure sin

que nada

razón, que marche paso a paso, hasta

ponerlo en camino derecho de conocimiento y de certeza. El método, la prueba, la precisión, plina,

son antipáticos

miento no

difiere,

al ilustre

la disci-

poeta; y su procedi-

en general, un ápice del que ha-

brá empleado en sus mejores Doloras.

No

es un

procedimiento racional; es una intuición estética.

UNA DOLOKA EX PROSA La unidad de Lo Absoluto (de que

el

243

señor Campo-

amor tan justamente prendado se muestra) no es

la

unidad real que funda todos los principios, y los abraza y penetra sin dejar fuera de sí ninguno; sino una idea elegida caprichosamente entre otras, y sobre

la

cual,

acomodando

como sobre estrecho la

cimiento, se va

realidad a viva fuerza, recortándola

despiadadamente y dejando a un lado

lo

que estor-

ba, para edificar con laborioso artificio un sistema

monótono y simétrico, que de nada está más distante que de la libre proporción que en el plan divino resplandece. sa

Y

es

— «es mucho más

que— el mismo fácil

autor lo confie-

pensar con soltura que con

lógica».

Por tenece

lo

demás,

el

sistema fundamental a que per-

Lo Absoluto,

corno

el

hijo

al

padre, no es

ciertamente cosa nueva. Miles de años hace que viene rigiendo despóticamente

la

vida del pensa-

miento humano; y hoy mismo, cuando ya todos confiesan

que no ha satisfecho derecha

a ninguna cuestión capital,

su poderosa diestra

el

íntegramente

y que sólo ha servido

para hacinar materiales, educar prepararlo para entrar en

ni

al

entendimiento y vías, lleva en

más seguras

cetro que en vano intenta

arrancarle su eterno rival, jamás levantado hasta su altura.

Este sistema es

el

idealismo.

Y

que

el libro

de que nos ocupamos constituye un renuevo brotado de su eterna la

raíz, se

ventura y leer.

hace patente con sólo abrirlo a

244

F.

¿Cuál es,

no, su punto de partida?

«He estudiado una

autor:

luego

si

GINER DE LOS RÍOS

he formulado de

la

Oigamos

al

idea, la he desarrollado, la

y manera siguiente: La

esencia de las cosas son las ideas, y la esencia de las ideas es la idea de cantidad. Tal es el

No

principio y el fin de este libro.» téis la

le

pregun-

razón de todo esto. El idealismo no se digna

(o no sabe)

responder jamás a tan indiscretas pre-

guntas. Idealista

es,

amor, como

lo

pues,

son (y

parte de los principios

por ejemplo, física, lisis,

el

la

teoría del señor

absorción de

menosprecio de

confusión de

la

Campoalgo más quizás) la mayor que contiene, y como lo es,

la

la

la

la

lógica en la meta-

experiencia y del aná-

intuición

y

la

Por este camino, ya sabemos adonde se

deducción. va;

y suer-

te ha sido para la doctrina filosófica del ardiente

impugnador de Descartes, que

las

opiniones

reli-

giosas y políticas enunciadas en su libro tengan (a vueltas de algunos resabios liberales) un sabor neo-católico hasta el cual

la herejía:

se detendrá respetuosa

augusto manto ante la

majestad irritada

de ciertas publicaciones, ahogando con pena en sus fauces la terrible palabra que se aprestaban a fulminar.

UNA DOLORA EN PROSA

245

ni

Pero ¿son tantos

los filósofos

contemporáneos que

toman mejor camino?

Y

aquí entran las excelencias de

Por doloroso que sea de nuestra patria

haj'

decirlo,

ni

Lo Absoluto. dentro

ción afirmativa; y en este supuesto, los vacíos

de

la

(si

fuera

sin

disimular

producción que ligeramente exami-

namos con respecto comparar

ni

motivos para una contesta-

la

debe

hemos de apreciarla justamente)

a la

a la filosofía

misma, se

manera común con que, salvas escasísimas excepciones, ha sido tratada aquella ciencia entre nosotros.

Ahora

modo el tratado Campoamor, puede pretender un alto lu-

bien; considerado de este

del señor

gar, que sólo la presunción y tico serán

osados

a

negarle.

el

pedantismo escolás-

Como

una doctrina determinada, hay en

exposición de

pensamiento

él

original y propio, calidad harto digna de los

tiempos que alcanzamos, donde

la

encomio en

muchedumbre

de libros suscitados por este inquieto afán de publicidad, característico de nuestra época, dificultan la libertad del

espíritu,

estorban y que necesita un

poderoso esfuerzo para arrancarse de en que lectura.

lo precipita

la

la

disolución

avidez de una desordenada

Contiene Lo Absoluto puntos de vista

lu-

246

F.

GIXKk DE LOS RÍOS

minosos, sagaces observaciones, ideas interesantes, intuiciones profundas, que despiertan el ánimo a

grave meditación; y a la claridad de esos destellos, verdaderamente geniales, halla el autor, a veces, verdades insignes, a

las

que parece increíble pueda

llegarse por la inspiración y el sentimiento, que son

(en nuestro sentir) las principales fuentes de esta obra.

Las censuras que desde su sistema dirige contra otras doctrinas (en las cuales sólo reconoce defectos.

y cuyo fondo de verdad y representación desestima ligeramente) son, por

y acertadas, y en

tas

incisiva,

histórica

general, discre-

lo

una ironía tan

ellas despliega

oportuna y vigorosa, que

tal

vez no tiene

igual en ninguno de nuestros presentes escritores.

Pero donde su apasionada fantasía amontona una tempestad ciertamente de

la

terrible,

introducción dedicada a

es en aquella parte la

gran mayoría de

nuestros políticos, que no habrán quedado agradeci-

dos

al

cariñoso recuerdo de su colega.

«¿Y qué piensan de todo esto

— exclama— los gran-

des hombres públicos? ¿Y qué han de pensar? Por regla general, son unos pobres diablos,

han oído hablar de

filosofía,

o

si

que jamás

han pensado en

ella

alguna vez por ociosidad, han caído en un deísmo

vago, en un panteísmo sensual o en un ateísmo nico.»

Mal avenido se encuentra

amor con sus compañeros, y no el

sin

el

cí-

señor Campo-

razón.

Cuando

poeta, para ver aplaudidos (y comprados) sus

UNA DOLORA EN PROSA versos;

abogado, para tener pleitos;

el

sentarse en las Academias;

cender;

médico,

el

247 el

sabio, para

empleado, para as-

el

el industrial

y

el

comerciante,

para prosperar en sus respectivos negocios, necesitan (por lo

común) hacer en

el

Parlamento antesala

a la fortuna, es lógica la reacción de los que,

que

la

primer advenedizo para asaltar

al

bilita

ver

al

investidura de la representación nacional ha-

más

las

opuestas profesiones, exigen que cada repúblico sea

un

un

literato insigne,

filósofo

consumado, un

juris-

consulto egregio, un economista ilustre, un hombre superior (para decirlo de una vez) en todos los fines

y direcciones de zá

el

la vida.

Algo extremado anda

qui-

señor Campoamor; pero confesemos que,

atacar

empirismo escéptico, por desgracia

el

nante en

la política,

canza a remediar

la

al

rei-

señala un mal grave, que no

al-

dolorosa instabilidad de nues-

tras leyes.

Con

que

igual calor

crito el

libro

el

pasaje citado se halla es-

entero: una exaltación febril anima

todas sus partes y

le

imprime

el

sello

de una apa-

sionada elocuencia.

Esta belleza de a

un tiempo su valor

tigua que tes

la

la

filosófico.

concepción de

la

Por una parte, ates-

obra es más (como an-

hemos indicado) una creación

estética que un

y que en ella, el sentimiento fantasía han usurpado el lugar que el autor des-

pensamiento

y

Lo Absoluto aumenta y destruye

tinaba

al

científico,

entendimiento y

la

razón.

Por esto es su

248

F.

GINER DE LOS RÍOS

construcción tan sintética: fruto de una intuición ar-

ha sido desde luego abarcada en

tística,

de su conjunto, y

el

unidad

la

trabajo ulterior sólo ha tenido

por objeto determinarla en sus principales pormenores.

Pero ni

bajo este concepto,

si,

puede ser un sistema de

propia (no en

Lo Absoluto no

filosofía,

mo

acepción

la

común) de esta palabra, y apenas

la

tiene valor demostrativo y racional,

además

en

es

como

lo

denota

absoluta falta de precisión en su tecnicis-

la

(correspondiente a otro defecto análogo en

plan), esa

misma belleza

introduce a

la filosofía

mente cerrados a su

el

e idealidad que respira,

en regiones y círculos tenaz-

influjo, a

cuya altura e

ilustra-

ción contribuye poderosamente, y cuyas puertas

hoy quizá sólo Él posee

rayo de luz pírico

el

señor

como nadie

el

Campoamor sabe

abrirse.

secreto de hacer llegar un

espíritu escéptico del político, al

al

que vegeta en

la rutina

que duerme afeminado en

embrutece en

la

la

em-

de los negocios, frivolidad,

al

al

que se

sensualidad del vicio. ¡Quién sabe!

al hombre distraído de como un presentimiento de nuevos mundos, despierte en su confuso pensamiento el germen de la razón y le haga resucitar a otra más alta vida.

Tal vez ese libro que lleva sí

propio

La verdad es

infinita,

todos lados, y

el

nos penetra y envuelve por

rayo de luz de una idea que pasa,

puede herir nuestros ojos y revelárnosla en midad de

la

conciencia.

la inti-

UNA DOLORA EN PROSA

He

aquí lo que entendemos que

249

representa

la

nueva dolora del señor Campoamor. Si quisiéramos comprender en una frase el carácter de este notable libro

y

el

género a que propiamente pertenece,

diríamos que es un didáctico frío

rebuscado te

poema

didáctico.

No

el

poema

y erudito, que pretende vestir con el de una metrificación impertinen-

artificio

un pensamiento puramente prosaico: híbrido en-

gendro, igualmente antipático a tasía; sino

la

razón y a

la

fan-

aquel noble género que aspira a repre-

sentar sensiblemente

la

belleza de las ideas y los

sentimientos que su contemplación interior despierta

en

el

espíritu del hombre.

1865.

UN POETA DON VENTURA

RUIZ AGUILERA

Elegías.— ÍAadrid,

Con

el

1862

más sagrado respeto llegamos

a

este

li-

bro, tesoro de exquisita ternura, manantial de dulcí-

sima poesía, historia del dolor más terrible, poema del

más profundo sentimiento. Porque

maestras que concibe

la

si

las

obras

fantasía de los grandes in-

genios y vierte luego en armoniosas formas, sella-

das de una inspiración verdadera y ardiente, son

más legítima admiración, y han

merecedoras de

la

de recibirse por

la crítica

con

la justa

desconfianza

de quien teme no acertar a definir sus perfecciones; si

los principios

apoya hoy

la

más racionales y

ciencia del

arte,

libres

en que se

llevan a considerar

antes las bellezas que los defectos, y a colocar sobre el

examen de

accesible, el

las

más

minuciosidades de difícil del

la letra, a

sentido general

todos

del es-

252

F.

GINER DE LOS RÍOS esa admiración se aumentan

píritu, esa desconfianza,

y adquieren un carácter más elevado cuando

la

que se juzga reúne a todos aquellos títulos haber nacido

calor de un gran infortunio,

al

obra el

de

arrai-

gando enel noble corazón de que no ha podido desprenderse para ser trasplantada al arenal del mundo, sin arrancar

un pedazo de

licadas fibras. Entonces,

todo

el

él

y desgarrar sus más de-

que por su dicha siente

el

poder de esa religión del dolor, que a tantos

embargado de un temor

lleva al cielo, se reconoce

natural, y

tocar a una mariposa por

como quien duda

miedo de deshacer sus alas, piensa se a profanar

más

si

ha de atrever-

santuario donde oculta

el

Por fortuna,

el libro del sefior

es un eslabón perdido en ria literaria,

alma sus

Ruiz Aguilera no

cadena de nuestra histo-

la

un lamento, y nada más, de un espíritu

conmovido rudamente;

si

en

el

sentido individual

tiene esa significación, en las relaciones así

el

terribles penas.

de

la

poesía

como de

la

más

amplias,

moral, alcanza una enti-

dad que no es posible desconocer, ofreciéndose, ya

como

fruto de una inspiración profunda frente a los

vanidosos engendros de extraviadas imaginaciones, ya como una magnífica expansión de sentimientos purísimos y elevados.

Bien venido sea, pues, ese libro que conmueve y entusiasma: bien venido sea, como un relámpago intensísimo en medio de este camino de

la

vida, que

locamente hacemos hasta hoy de noche y a

la

ven-

253

U\ POETA

tura; desgraciado quien, al recorrer sus páginas, no

sienta con el poeta hervir las frías cenizas del co-

razón

mas

al

del

abrasador contacto de una de esas lágri-

alma que no se atreven a asomarse a

los

ojos por no mancharse: ese no será capaz de nada

bueno, de nada noble, de nada grande; no será nunca amado,

si

nunca es aborrecido, y, extranjero en la misma indiferencia con que él ve

su patria, con pasar ante

sí la

humanidad

doliente, ella lo verá pa-

sar mañana,

borrando más rápidamente su huella

que borra

mar

el

blanca estela del navio que lo

la

oprime.

Porque es

el primero y más alto don del hombre sobre el mundo, depura

dolor

el

cielo: él levanta al

su vida, fortifica su alma, ennoblece su pensamiento,

da valor a sus alegrías:

él,

todo imperfección, como

engrandece y perfecciona; él, todo desarmonía, como el mal, armoniza y ordena; él, todo la

lucha,

sombras, como

la

ción interior

esencia de nuestro ser, y, santificado

la

noche, alumbra con una ilumina-

por Dios mismo, liga lo

de

De las

en

la limitación

al

y de

género humano con la

el

víncu-

muerte.

ahí esa nobilísima altivez

que se imprime en

almas bien templadas, cuando se han purificado

de

el crisol

bre por

lo

la

amargura; de ahí que dé

genera! más importancia

tro de la humanidad,

que

al

placer;

al

que

dolor, le

el

hommaes-

agite

más

profundamente, que obtenga más vivas sus simpatías;

de

ahí,

en

fin,

que una historia de largos pa-

254

F.

GINEK DE LOS RÍOS

decimientos venga a ser, con frecuencia, en su opinión, la

medida de

y que al mismo: «¡yo también he su-

los nobles caracteres,

escucharla diga para



frido!» ¡Dichosos los que Porque han amado.

Por esto,

el libro del

lloran!

señor Ruiz Aguilera no pue-

de menos de impresionar eficazmente

el

ánimo que

no esterilice un helado escepticismo; cantos llenos

de una tierna resignación, ecos sublimes de una

ins-

piración grandiosa, fruto inestimable de un profundo

sentimiento,

cuanto las

al

si

se muestran dignos hermanos, en

valor literario, de los

Veladas poéticas

composiciones que con

(1), el

Ecos Nacionales y

superando a tantas otras

mismo

título

y fama con-

vencional nos hacen aprender de memoria y nos pre-

gonan por costumbre, ofrece, en otro concepto, a nuestra consideración,

el

espíritu generoso, que en

ejemplar sorprendente del

vano

la

adversidad traba-

y pugnan por envenenar dolorosas conmociones. Lección elocuentísima, modelo admirable que, unien-

ja

Posteriormente a la época en que vio la luz por vez priartículo, ha publicado el señor Aguilera las siguientes obras: Proverbios ejemplares (novelas). —£"/ mundo al revés (Ídem).— Armonías y Cantares (poesia.s).— Inspiraciones (ídem), etcétera.— Con ellas (sobre todo con las poesías), no han hecho sino crecer su mérito y su fama. Además van publicados tres tomos de sus obras completas, con estos títulos: Ecos Nacionales íj Cantares (1873), Elegías, Armonías y rimas varias (id.) y El libro de las sátiras (1874). (1)

mera este

UN POETA do íntimamente verdad de

poeta con

al

la inspiración

255 el

hombre, revela

en aquél y

la

la

magnanimidad

del carácter en éste: ocasión, al par, de severas en-

señanzas a con

los

la poesía,

que traficando, necia o malignamente,

hacen de

ella

un instrumento para can-

tar sentimientos fingidos o adular

y servir bastardas

ambiciones.

Bien es verdad que

mismo autor de

el

gías proclamaba esta consonancia de

las

hombre como poeta con sus acciones como predicando en sencillas frases

duo,

niencia de que

(1)

Ele-

obras del

las

la

indivi-

conve-

poeta, «si ha de tener autoridad su

el

modelo de buen ejemplo,

bello sacerdocio, sea

así

en

su conducta privada como en su conducta pública»,

añadiendo que

que

le

«el

pueblo no puede amar

habla de caridad»,

virtud, viviendo

ni «al

encenegado en

labras de profundo sentido

una época, donde

la

al

el

desorden». Pa-

y gratas de escuchar en

depravación común de siempre

se halla favorecida por cierta hipocresía de

por la

el

logrero

que hace alarde de

moda y

indulgente sensualismo de los adoradores de

forma, que en todo buscan exclusivamente las

apariencias.

Y

no es sólo en estas líneas donde

vate une a

la eficacia

de sus ejemplos

la

el

de máximas acertadas, estableciendo sobre

mas bases

(1)

la

discreto

exposición firmísi-

naturaleza de la poesía. «La poesía en

Ecos Nacionales, prólogo de

la 3." edición.

256

GINER DE LOS RÍOS

F.

SU esencia, dice elocuentemente

no es una vana

(1),

forma, una combinación ingeniosa de palabras, he-

cha con arreglo a

los

preceptos escritos o según

capricho del artista, sino

la

expresión más

lenguaje más sublime del alma,

verdad, por medio de

Y

nio.»

la

alta,

el el

revelación de la

la

voz armoniosa del ge-

en otro lugar afirma que

hoy un anacronismo» porque

el

la

poesía «no es

sentimiento de lo

«tiene condiciones de perpetuidad», verdad

bello

insigne que expresa también admirablemente en estos versos:

¡Carlos! Habrá Pasión, jamás Calvario para la dulce y santa poesía; siempre el hombre será su tributario. Cisne de amor, el cielo nos la envía; cuando ni un corazón lata en el suelo, al patrio nido remontando el vuelo gemirá su postrera melodía (2).

«Desgraciada

la

Nación, dice

ble, existiese careciendo

miento poético;

ella sí

(3),

que, a ser posi-

completamente de

senti-

que sería un monstruoso ana-

cronismo sin ejemplo. Ni aun en los últimos períodos

de

las civilizaciones

do ya

po

la

anarquía y

social, faltaron

con su voz, eco de

(1)

(2) (3)

Lugar

antiguas más florecientes, cuanla

gangrena destrozaban

el

cuer-

hombres de corazón y de fe que la de gran parte de sus conciuda-

citado.

Veladas poéticas. Sátira en vindicación de Ecos Nacionales, pról. cits.

la

Poesía.

UN POETA

257

danos, dulcificasen los dolores de la patria moribunda.» Siempre elevado, asienta su doctrina con razo-

namientos de incuestionable superioridad respecto del

mayor número de nuestros

con de-

críticos, que,

plorable escasez de antecedentes literarios, y pu-

diendo raras veces confirmar sus teorías con

la au-

toridad del propio ejemplo, se aventuran en alas del

sentido común, cuando no de

más

las 'pasiones

que

odiosas, a establecer principios imaginarios,

el

viento se lleva, sobre cuestiones de mero pormenor,

o desorientan y extravían

la

opinión general, en

fuerza de locas alabanzas y rencorosas emulaciones.

Tanto acierta

al

decir que «el poeta debe ser siem-

pre contemporáneo, esto es, cantar su época,

cantaron

la

suya

los líricos, épicos

como

y dramáticos que

constituyen la dinastía inmortal de los grandes genios»,

como cuando enérgicamente exclama

«Los versos pastorales,

el

idilio,

cantos que van a perderse entre

la

rumor

el

(1):

égloga, son del

mo-

vimiento actual», y cuando añade que no pueden satisfacerse todas las necesidades

época «con romances a

las flores

de

la

presente

y con madrigales a

unos ojos.»

Semejantes consideraciones, enteramente admisibles en sanos principios de filosofía de lo bello,

muestran una concepción profunda de la

la

dignidad de

poesía, que penetra todas las obras del cantor de

(1)

Ecos Nacionales,

1. 1,

pról.

258

F.

La Patria: una

GINER DE LOS RÍOS

genial intuición de los altos desti-

nos del arte, testimonio veraz del recto sentido y clarísima inteligencia de un pensador reflexivo, que

no enerva rarias.

el

¿Qué

orgullo de desautorizadas teorías litesignifican, por otra parte,

oportuni-

la

dad y evidencia de esas observaciones? Error frecuente es el de suponer que pueda la viveza de la fantasía, el vigor de la imaginación, dañar en el artista a la exactitud del

pensamiento y aun destruir

en su espíritu todo principio de rigorosas convicciones científicas; mas por

si el

estudio de

monía y correspondencia entre

la

natural ar-

las facultades

huma-

nas (principalmente relacionadas en los grandes

in-

genios, que de otra suerte vendrían a ser monstruosas deformidades, cuyos miembros orgánicos no se desarrollarían sino a expensas unos de otros) no nos

persuadiera de

mentir con ciocinio,

la

lo contrario, la historia

viene a des-

experiencia lo mismo que niega

combatiendo tan vano aserto,

hijo

el

ra-

de cie-

gas y funestas preocupaciones. El Mahabarata y la Ilíada, Dante y Shakespeare, Calderón y Cervan-

Quevedo y Goethe nos enseñan que, si en el hombre frivolo menos propenso a la meditación y a la ciencia vive siempre el germen de la indagates,

ción racional, esencialmente propio de su ser, con

mayor fundamento ha de

existir en el poeta,

cuya

interioridad se desenvuelve con un valor superior a del vulgo, y cuya personalidad, característicamente determinada, abraza en una forma real el la

UN POETA orden sensible y cable

el

tiempo y

leza, el

de

la

259

Dios y

lo absoluto,

comprensión con que mide todo

que se ha efectuado en de que

él

natura-

la

eternidad: categoría de inabar-

el

mundo y todo

es capaz de efectuar en

el arte:

grande

lo

lo

gran-

interpre-

tación sublime de la realidad, que responde a la con-

cepción íntima, alimentada por

mundo

ideal, coloso tallado

roca de

por

la

fantasía,

el espíritu

en

de un la

dura

la materia.

II

Sólo a las gentes que en aras de ajenos errores sacrifican su libertad de opinión, renunciando vo-

luntariamente a

la

posesión de

la

verdad, podrán

ocurrir dudas sobre cuanto afirmamos. Ni dará

ma-

yores pruebas de discreción quien caprichosamente

confunda

al

verdadero poeta, que se eleva por modo

intuitivo a las

verdades fundamentales, descubiertas

de otra manera por entrañando

la

la

especulación reflexiva y, des-

esencia de las cosas,

la

revela en su

plenitud, mediante aquella contemplación que repre-

sentaba a GcEthe

la

humilde tienda de Dresde como

un cuadro de Van Ostade, con

el

versificador de

composiciones indigestas, concebidas bajo exclusiva de un

proceso de

la

fin didáctico,

la

mira

que se traduce en

obra por sentencias inoportunas,

el

ári-

260

F.

GINER DE LOS RÍOS

das moralejas, ridículos análisis psicológicos, y sobre todo, por una insuficiencia absoluta para satisfacer

al

sentimiento, con lo bello, puro de mezclas ex-

trañas, ni a la inteligencia, que echa de

ma

sistemática y doctrinal que

fica requiere.

que

el

exposición cientí-

al

oficio

de decir en verso

autor no ha podido menos de pensar en pro-

procedimiento

sa:

la for-

Defecto es éste de ciertos poemas,

servilmente subyugados lo

la

menos

frío

todas las formas de

la

y

poesía sobre manifestaciones

secundarias y desconoce que, siendo la idealización

de

lo

que modela

antiestético,

real

por

la

fin del arte

el

representación de

su esencia, purificada de los elementos accidentales

que

la

desordenan, toda vez que

mal como

el

el

error no son sino accidentes perturbadores, ajenos a la

sustancia y virtualidad de los seres, cuando ésta

se reproduce en su

mayor

elevación,

error

y

el

mal habrán desaparecido necesariamente, sin que

el

artista

haya tenido que ocuparse de

el

ellos

en

tal

con-

cepto.

Gloria es del señor Aguilera haber salvado semejante escollo, consagrando su elevada inspiración a

asuntos que tanto se prestan a esos extravíos. Ni en los varoniles acentos

que arranca de su

lira

un enér-

gico patriotismo, en los magníficos cantos de

Dos de Mayo y

El

Roncesualles, El veterano. El

sangre y La vuelta del voluntario; ni que nos conmueven hondamente, de La limosna y El abuelo, El hogar pa-

tributo de

en

las divinas armonías,

UN POETA terno y

La

261

prostitución, se ve otra cosa que

al

gran poeta; ajeno de ampulosas declamaciones y prosaicas máximas, cuya brillante fantasía alientan

Dios, libertad,

y que funde en

como

bien, lidad,

la

belleza

patria santos

más límpida

se funden en su

más

alta

(1)

la

verdad y

el

y perfecta rea-

en Dios, inimitable modelo por cuya semejan-

za se determina

demás

amor y

la

limitada grandeza de todos los

seres.

Nuevos

Elegías a

laureles añaden las

la

corona

modesto vate: laureles tejidos con espinas y entrelazados de ciprés. Diálogo sombrío con la muerdel

te,

se llama a este libro en

el

prólogo que

a otro

mundo, y

lengua, y que

lo

antece-

como que se dirigen

de, cuyas voces «son extrañas, las

responden bocas que no tienen

él (el

poeta), dice en su poesía miste-

riosa ser las voces de los niños

que llaman desde

los

abismos del cielo a su nueva compañera. Son sus versos

como esos sonidos que

se perciben en las so-

ledades y que no se sabe de. dónde vienen, si de la garganta de un pájaro, o de la corriente de un manantial, o del vientecillo.

movimiento de

Lo que hay en

los árboles al volar

ellos

un

que hace estreme-

cer, no son sus ecos agudos, sino sus

rumores vagos.

Cuando un poeta de alma enérgica como éste exhala

(1)

Ecos Nacionales. Culto

del alma.

262

F. GI.VER

DE LOS RÍOS

SU dolor en altos gritos, no nos maravilla, porque,

conociendo

el

temple de su musa, aguardábamos

la

explosión de sus ardientes quejas. Pero su débil ge-

mido, sabiendo ya

la

extensión de su padecer, os

aseguro que me espanta, porque recuerdo que el

sufrir

más».

Así caracteriza

go

así se

moribundo cuando no tiene ya fuerzas para

duele

(1) la

la

distinguida autora del prólo-

última obra del señor Aguilera, y a

ver-

la

dad que tiene razón en sus palabras. Hay en

las

Elegías, sin embargo, un sentimiento de profunda resignación cristiana, que templa

amargura

la

del

acerbo dolor que respiran; una exquisita delicadeza,

que

les presta cierta

grandeza melancólica y

halla

en nosotros una respetuosa simpatía, bien diferente, a

la

la

verdad, de

la

piedad desdeñosa que nos produce

desesperación sentimental y soberbia de tantos ar-

tificiales

imitadores de colosales aberraciones, hijas

de un sentido moral y estéticamente depravado. Lo

que distingue

al

señor Aguilera como hombre, es

mismo que constituye su dad,

la

como

naturalidad del sentimiento,

la fantasía, lo

lo

gloria

poeta:

lo

la

lo

ver-

elocuente de

sano del corazón. Apasionado de todo

grande; severo, aunque noble censor de todo lo

mezquino; idólatra entusiasta del bien,

así nos in-

funde su fervorosa piedad, como nos comunica su

vehemente amor por (1)

la

libertad

y

La señora doña Carolina Coronado.

la

dignidad hu-

UN POETA manas:

263

mismo nos conmueve, evocando

lo

las sa-

gradas tradiciones nacionales, que nos encanta con

emociones de

las benditas

la

y todo

familia,

lo ex-

presa con igual calor, porque todo lo cree y todo lo siente.

El poeta acaba de perder su única hija, rido perpetuar su

y ha quememoria en estos tiernísimos can-

Contemplando su dolor con esa

tos.

libre serenidad

propia de las almas superiores, hace revivir en su

poema purísimo de

fantasía el

la gentil criatura

que

apenas ha podido estrechar en sus brazos, evoca uno por uno todos sus instantes, y se los representa

al

través de su melancólica tristeza. Son, pues, las

Elegías

la

verdadera historia de un paréntesis de

ventura en una larga serie de infortunios. Sólo esta

vez amenazó romper sus tinieblas un rayo de esta vez sola pudo aquel noble espíritu

ante un

mundo de

más

bello

bién

el

infinitos

y animador de su

más breve.

Y

consuelos,

el

vida... pero

ahora, apagado

el

sol:

saludar,

momento ¡ay!,

tam-

fugitivo re-

lámpago que dará desde hoy nuevo y más alto sentido al hombre y al poeta, complácese éste en recorrer,

en

la

crudeza del invierno y a

la

moribunda

cla-

ridad de la luna, aquellos sitios, otro tiempo frondo-

sos con

por

el

esplendor de

la luz del

la

primavera y encendidos

mediodía. El nacimiento de Elisa; su

risueña y bendecida infancia; su hermosura, llena de gracia y de candor; su vida íntima, poblada de inol-

vidables pormenores y de inefables encantos; des-

264

F.

GINER DE LOS RÍOS

pues, los crueles presentimientos del padre, recha-

zados con horror, primero, realizados

fin

al

muerte de su única esperanza; su espanto

con

la

increíble,

su amarga pena, su soledad y sus recuerdos... todo se va desplegando ante nuestros ojos y nos sumerge

en indefinibles emociones: porque en aquel dolor, tan terrible a la vez

y tan sereno, nos sentimos a el hombre

nosotros mismos y nos identificamos con que,

engrandeciéndonos con su propia grandeza,

nos levanta por su inspiración y su carácter a una

contemplación universal, sobre todo límite de lugar

y de tiempo.

No

Elegías en la literaLa naturalidad y sencillez en la ex-

faltan precedentes a las

tura castellana.

presión y

la

melancolía característica de este género

suelen encontrarse en infinitas poesías de nuestros

más justamente célebres

escritores,

aunque, por

lo

general, no llevan este título, prodigado en cambio a

composiciones de

muy

distinta significación e

infe-

rior calidad. Bajo este sentido, pueden considerarse

como verdaderos poetas elegiacos Jorge Manrique y Rioja, el maestro León y Lope de Vega, Calderón, Alarcón y tantos otros. Elegiacas son llas del

Rey

las

Quere-

Sabio, buena parte de las obras del

marqués de Santillana y Juan de Mena, en quienes tanto

influyó

la

melancólica literatura italiana; y

desde aquellos remotos tiempos hasta época más reciente, así en los

más

como en tanmusa anónima del pue-

ilustres vates

tos preciosos cantares de la

UN POETA que engendró

blo, la literatura

265

sublime elegía del

la

Quijote no ha cesado de registrar en sus anales otras muchas, llenas de inspiración

Pero

si la

y sentimiento.

última creación del señor Ruiz Aguilera

aparece como un producto eminentemente nacional e histórico del espíritu español,

la

originalidad

y

frescura que respira basta a imprimirle un sello de

novedad, que no permite confundirla con otras concepciones anteriores de índole semejante. Ridiculizadas y prostituidas por

la crítica

de mala

ley las palabras, en otro tiempo consagradas por tributo a

una

las

grandes obras, arrojadas hoy como

de flores y oropel sobre tantas pomposas nulidades como encumbran la venal adulluvia teatral

lación

y

la servil

amistad y sofoca

el

incienso de

sus propias lisonjas, poco pueden satisfacer a la

generalidad del público las merecidas alabanzas que obtienen libros

como

éste, raro ejemplar en el di-

luvio de libros que incesantemente vomitan las pren-

sas y

atención

fatigan la

con

presuntuoso

cla-

moreo. Basta, con todo, leer las Elegías para compren-

der su importancia y apreciar su significación: na-

que

die, to,

fije

un solo instante en

dejará de juzgarlas

poeta. sólo,

«Uno más»,

ellas su

pensamien-

como obra de un verdadero

dirán

muchas gentes: uno

casi

decimos nosotros.

Porque no es

el

señor Ruiz Aguilera un audaz co-

plero de los que, hacinando frivolos versos por ofi-

266

F.

GINER DE LOS RÍOS

y al acaso, concluyen por obtener de la muchedumbre que les conceda cierta fama, en fuerza de estar oyendo sus nombres todos los días, y suelen cío

terminar su vida en

el

codiciado sillón de alguna

Academia: glorias descoloridas,

cómo

que nadie sabe

se han formado: rosas de un día, sin frescura

y sin aromas; sino una de esas individualidades, nunca de sobra y hoy tan escasas, que, conservando puras sus almas de indignos móviles y libres de trabas opresoras, dejan volar su fantasía por elevados espacios incomensurables, adonde no llega

el

eco de

miserables pasiones. Triste es, sin embargo, confesar, que, según fre-

cuentemente acontece, apenas ha encontrado ble vate, en bil

el

el

no-

modesto nombre de que goza, una dé-

compensación de sus merecimientos: sus

libros,

jamás precedidos de estrépito ruidoso, se acogen natural despego con

que general-

por muchos con

el

mente recibe

público lo que se somete a su con-

el

sideración sin haberle ponderado de antemano sus

excelencias; pero, una vez abiertos, son leídos por

todos con afán, y

la

primera voz que se deja oír en

su abono, levanta un clamor universal de aprobación;,

más tarde helado por esa común

indiferencia, con

capa de modestia y timidez, que, huyendo la carga del propio pensamiento, nos echa en brazos del de demás, y nos obliga a sentir por receta y a no soltar la rienda al entusiasmo, hasta que nos lo or-

los

dene turba insolente de corrompidos pedagogos.

UX POETA

Mas

no será perdido

peones de general de

la

el

267

trabajo de unos cuantos cam-

verdadera poesía en

la literatura, ni deja

el

desquiciamiento

de tener valor

la sa-

tisfacción de un corazón recto, jamás envilecido ante falsos altares.

Amarga

la

injusticia a todas las

das; sólo a las débiles y

almas bien naci-

mezquinas envenena. Mien-

tras ignorantes jueces, soberbios dispensadores de

fama y nombradla, cuya memoria durará tanto como sus sentencias, profanan las letras y las separan de los pueblos,

atmósfera

pándose

manteniéndolas artificiosamente en una

ficticia,

al juicio

la

inexorable conciencia, antici-

imparcial de la historia, se encarga

premio y del castigo, sin que puedan evitar su

del

severidad torpes ardides. Prima Índice

est hese ultio, qiiod se

nemo nocens

absolvitur.

El fallo de los contemporáneos suele ser apasio-

nado;

el

de

los

Mecenas y corporaciones que prote-

gen fastuosamente y

si

la

las letras, rara

posteridad ha hundido en

vez deja de el

serlo;

polvo tantos

ídolos que la opinión, obcecada por sentimientos de

actualidad, levantó un día,

mayor escándalo oca-

siona esta obcecación en aquellas personas ilustres,

en aquellos cuerpos que, por virtud de su significación especial, debieran reprimir, los

comunes extravíos; pero

ga

a

el

laurel

no alimentar,

que se

nie-

Dante se concede a Baraballo, prostituyendo

268

F,

GINER DE LOS RÍOS

vergonzosamente su representación y su importancia.

El señor Aguilera no es un poeta laureado por la

Academia; ¿qué

le

coronado por

mundo?

el

importa,

ha de ser un poeta

si

1862.

Armonías y Co/í/ares.— Madrid,

Acaba de publicarse

1865

(1).

este libro, tan elegantemente

impreso, que honra a nuestra tipografía. quiere

el

Con

él

ad-

distinguido poeta de las Elegías y los

Ecos Nacionales un nuevo añadir a los anteriores con que

título la

de gloria que

pública opinión va

consagrando sus merecimientos.

Las obras del señor Ruiz Aguilera poseen lidad, tan preciosa

como

tiempos), de responder tístico

de todas

al

las clases

rara (y

la

cua-

más en nuestros

sentimiento y sociales,

al

gusto ar-

cualquiera que

sea su educación literaria. El espíritu elevado, de genialidad y fantasía, halla en ellas una inspiración delicada, que, sacando de todas las cuerdas del co-

razón notas sonoras, despiertan un acorde poderoso

(1)

Esta nota se publicó en El Museo Universal, bajo

dónimo de José Álvarez.

el

pseu-

UN POETA

269

y universal. El pueblo responde con entusiasmo a los varoniles ecos en que el cantor de sus queridas memorias y de sus ingénitos afectos le ofrece su mismo ideal, concebido en la santa comunión de la patria, fortalecido por

depurado con

una personalidad vigorosa, y

la libertad

y gallardía del más pre-

ciado arte. El hombre culto, apasionado de la pureza

y corrección de vir a Virgilio

y

savia moderna.

las al

formas clásicas, siente

allí

revi-

maestro León, vivificados por

La mujer y

el

adulto, el niño

anciano, contemplan objetivados

allí

y

la el

todos los sue-

ños que, como fuegos fatuos, sienten cruzar por su mente, sin darse cuenta clara de sus rápidas emociones.

Y

esto acontece porque el señor Ruiz Aguilera

no es un rimador vulgar

ni erudito',

de sentido humano, comprensivo,

sino un poeta

real,

de inspira-

ción ferviente y grandiosa, de espíritu cultivado en

sanos estudios, que debiera admirarse en las Academias, enternecer en los salones y cantarse en la pla-

za pública. El nuevo libro que motiva estos desaliñados renglones, se divide en dos partes,

enteramente

di-

versas.

La primera, con

el título

de Armonías, contiene

cinco poesías líricas de inestimable valor.

nas contemplaciones de ritu»,

como

el

la

«Sere-

naturaleza y del espí-

autor las llama, no se sabe qué sobre-

sale en estas odas:

si el

íntimo y profundo sentido

270

GINER DE LOS RÍOS

F.

con que penetra en religiosa

emoción que

piedad cristiana; ojos

al

las lo

bellezas de aquélla, o

la

eleva a Dios en alas de

la

serenidad con que convierte sus

la

espectáculo interior de sus dolores, o

la

pura y libre mirada que tiende a nuestra perecedera vida.

La segunda seis te,

parte comprende ciento setenta y Cantares de diferente intención, género y cor-

entre los cuales los hay de una hermosura tan

acabada, que parece insuperable. Notables son estos cantos,

y llevan un

sello tan popular,

chos de ellos ya se han incorporado a

que

del vulgo,

los

conservará en

el

la

que muliteratura

inagotable ar-

senal de sus recuerdos; pero lo que a nuestro en-

tender levanta en este libro

al

señor Ruiz Aguilera

a la altura de los primeros líricos,

son las

Armo-

nías, pequeños poemas, llenos de fe y de consuelos,

tan tiernos

como

los

de Schiller, tan profundos como

de Byron, tan bellos y concluidos como Goethe.

los

de

los

El público, que se disputa los últimos restos de

la

que quien por



edición, confirma unas palabras,

mismo juzgue

del

hecho que les da motivo, no

chará de hipérbole nidas con

la

ni lisonja,

cosas ambas mal ave-

modesta, pero honrada conciencia de

quien escribe estos renglones. 1865.

ta-

UN POETA

271

Proverbios eyemp/ores.— Dos tomos.— Madrid, 1864

Digamos algo de este precioso nuevamente enriquece nuestra ránea

el

libro,

literatura

(1).

con que

contempo-

Ecos Nacio-

inimitable poeta que en sus

nales, sus Elegías y demás populares composiciones, tan alto patria.

renombre ha conquistado en nuestra

Mientras

guible las

el

público devora con sed inextin-

más detestables novelas, que

el

deseo

inmoderado de lucro hace traducir del francés a una jerga ininteligible, corrompiendo así de una vez su sentido moral y su gusto literario,

Aguilera, uno de los

el

más correctos

señor Ruiz

hablistas que

hoy poseemos, y en cuya pluma el idioma castellano muestra toda su riqueza, todo su vigor y toda su flexibilidad, se consagra con un celo infatigable, que participa a un tiempo de y del fervor religioso, por

el

la

y su conciencia, al más ele-

más pura moral

arte.

Sus Proverbios, entre

mos

ministerio de escribir

solo impulso de su vocación

aunando en sus obras vado

al alto

la inspiración artística

citar los titulados

los cuales

nos permitire-

Al freír será

el reír, uno

Posteriormente, ha publicado el autor la tercera serie de (1) cuadros, con el título de Proverbios cómicos, libro no menos interesante que estos dos volúmenes.

272

de

F.

los

GINER DE LOS RÍOS

más profundamente pensados; Hacer de

pas corazón, cuyos cuadros y

descripciones

tri-

difícil-

mente pueden igualarse en precisión y colorido; Amor de padre, lo demás es aire, El beso de

Jadas y sar,

otros, son preciosas novelas dedicada a glo-

por decirlo

les sirven

así,

y locuciones que

los refranes

de epígrafe, pudiendo asegurarse que

constituyen un género verdaderamente nuevo por su originalidad y singulares condiciones.

No queremos cia notable,

dejar de mencionar una circunstan-

que avalora

los

Proverbios. Frecuente

por desgracia, que en esta clase de asuntos

es,

se atienda predominantemente a

que

el

autor se propone

la utilidad

como

fin

moral

primario, por

medios puramente didácticos, valiéndose de

lar-

gas e inoportunas reflexiones que desnaturalizan la índole

de estas obras, dé áridos preceptos y am-

plificaciones doctrinales,

que

las convierten

josos sermones o en tesis soporíferas,

do

la

vida natural de

la

acción y

el

en eno-

y suprimien-

carácter de los

personajes, sustituidos por personificaciones abstractas y alegóricas,

sin

realidad ni consistencia

alguna.

Este vicio, más funesto de

lo

que suele creerse,

por cuanto arruina de igual modo

el

fin artístico,

reducido a vestir con galas convencionales y postizas un diseño previamente trazado por el entendimiento, no concebido por

la

imaginación, y

la

intención moral, que, no hallando medios adecúa-

UN POETA

273

dos de expresión, queda truncada e incompleta, sea y deja sin cimiento

el interés

de

la

fal-

composición,

ligando con vano artificio dos entidades que tien-

den necesaria, e invenciblemente, a unirse por su propia espontaneidad, y burla las esperanzas del lector,

que en balde busca una obra de arte, y no

catecismo de doctrina cristiana (cuando logra ser

tal

respuesta).

la

De

obra del

tales inconvenientes se halla libre la

señor Aguilera. Cuando decimos que su moral es pura, es bajo

el

mismo sentido con que se

aplica

este dictado a una vida justa y derechamente reali-

zada, sin que para llamarla de este preciso que

el

su tiempo en

la

De

idéntico modo,

creaciones del ilustre poeta, paralelas a

dad (que no está fuera y

el

ideal,

como por cima de

fluencia moral

sido

predicación o en escribir tratados

sobre las virtudes teologales. las

modo haya

sujeto a quien nos referimos ocupase

como muchos ella),

la reali-

piensan,

tienen toda

la in-

que no puede menos de ejercer

la

realidad misma, entendida, desentrañada, abreviada, idealizada, en fin.

dicho vulgar,

Por otra parte,

si

según

el

ejemplo es enseñanza y predicación: ¿qué predicación y qué enseñanza no resultael

rán de estos ejemplos, superiormente resumidos y aclarados por el arte?

Así

lo

ha comprendido

que es más

difícil, así lo

el

señor Aguilera, y,

ha verificado.

es característica nota de este escritor

En

lo

efecto:

el alto 18

sen-

274

F.

GINER DE LOS RÍOS

tido crítico y estético en que abunda, y que mues-

que en

tra cas, la

él

no vive

la

fantasía de quimeras hue-

vanas e insignificantes, sino que se nutre de

savia con que un pensamiento vigoroso, fecun-

dado por buenos estudios,

la

sostiene con activi-

dad poderosa. Prueba evidente de este aserto, ofrece

el

notabilísimo prólogo que antecede a los Pro-

verbios, donde

zando a

la

y situación

el

autor explica su propósito, tra-

vez un excelente cuadro del movimiento actual de nuestra novela: bosquejo inte-

resantísimo, escrito superiormente

y superiormente

pensado, cuyas sanas y elevadas doctrinas están asentadas con

la

una convicción

incontrastable firmeza que anuncia

madurada en largas medita-

seria,

ciones.

¡Cuan pocos

libros

hay de esta

como vomita diariamente

la

clase, entre tantos

imprenta!

Esperamos que no carecerá de influencia en

el

laberinto de este trabajoso período por que atrave-

samos. 1864.

La Arcadia moderna: Églogas e

Idilios realistas

y Epigramas

Madrid, 1867

Grata lectura es

la

de este precioso

librito,

que

viene a ser como una humorística parodia de

la

inocente poesía pastoril, con que los modernos han

UN POETA querido imitar

manera de

la

Naturaleza que tuvo

el

275

sentir

mundo

y representarse la la imagen

antiguo, y

que sus grandes poetas trazaron de po, ofrecida en contraste

dadano en

las

vida del cam-

grandes poblaciones.

Diferentes cantos comprende

na: unos, como

el

titulado

La Arcadia moder-

Otra edad de oro

consagrado a

lio social),

la

agitado bullicio del ciu-

al

la

(Idi-

pintura cómica del

prosaísmo de las relaciones usuales de

com-

la vida,

parándolas con las descripciones clásicas de aquel

tiempo venturoso que excitaba

la

admiración del

genioso hidalgo manchego; otros, como

la

in-

Égloga

amatoria campesina: Pastores al natural, que ofrecen un ejemplar de admirable belleza cómica,

tomando por asunto

supuesta ternura, pureza y apacible sencillez de las costumbres del campo; alla

Los Mayorazgos (Idilio social enPercances de la vida (Égloga piscatoria urbana), Gangas de la época (Églogunos, como

tre bastidores),

ga

venatoria urbana), trazan característicos cua-

dros de Idilio

la

sociedad cortesana presente; y no falta un

campesino conyugal (Detrás de la Cruz,

el Diablo), que contraponga a los anteriores, con tintas

verdaderamente sombrías en medio de su hu-

morista ligereza, perstición

y

estrecho maridaje en que

el sacrilegio, la

viven también en reposo y a

el

la

el

hipocresía y la

la su-

maldad,

fondo de esos campos que tan

al

serenidad convidan.

Termina La Arcadia moderna con algunos

fes-

276

F.

tivos

GINER DE LOS KÍOS

Epigramas, y

la

precede un prólogo, cuyas

ideas literarias y estéticas caben en nuestro país en

muy pocos

poetas, faltos

como están de

la

más

vul-

gar instrucción en su inmensa mayoría (y así va ello), ajenos a toda cultura que no sea, a lo sumo, cuatro

noticias

aparato

la

eruditas,

para exornar con algún

representación dramática del vacío des-

consolador en que vegetan. Ruiz Aguilera no es uno

de estos romancistas: cada obra nueva suya muestra en la

mayor profundidad y belleza de la concepmayor pureza, facilidad, tersura y co-

ción, en la

rrección de

en

la

la

forma, que es hija de otra nueva fase

educación del artista, condensada además en

las palabras

con que

educación, que aquí,

la

presenta

público.

al

como en todas

las

Y

demás

pegándose a

feras de la vida, no consiste en

ir

memoria datos, fechas y nombres

— cosas

la

esla

sólo esti-

mables en su justo lugar y subordinación—, sino

que procede inversamente, esto ra,

mediante

el

espíritu, da aquí

es,

de adentro afue-

cultivo de todas las facultades del

también sus naturales frutos, ha-

mundo de los rejuvenezca con mayor y

ciendo que a cada paso del poeta en

el

y la razón, se más viva fuerza su fantasía, se depure su principios

sensibili-

dad, se aguce su ingenio; y tanto la impresión que

de la

la

Naturaleza y del mundo exterior recibe, como

obra que del choque de esas impresiones con su

propia inspiración resulta, sean más puras, más bres,

más íntimas y

ricas,

más

clásicas.

li-

UN POETA

Como

prueba de

Aguilera ridiculiza

la

la

277

idea con que

el

señor Ruiz

antigua poesía pastoril, léase

siguiente trozo de su prólogo:

el

«Donde no hay verdad, no hay poesía. El que quiera formarse una idea de cómo la bucólica senciy espontánea de

lla

nosotros,

lea

Luis XIV,

la

antigüedad ha llegado a

poetas franceses del tiempo de

los

ojos en las novelas de Florian,

fije los

contemple ciertas estampas y países de abanicos iluminados que representan escenas pastoriles, y la risa

asomará

a sus labios.

¡Qué naturaleza aquella

tan emperejilada, tan simétrica, tan uniforme!

qué actores

los

¡Y

de aquellos cuadros! Cielos sembra-

dos de colores rabiosos; plantas y árboles trasquilados por

la tijera del

jardinero;

mas con sombreritos de paja de y

faldas de bailarinas de

lorete,

la

zagalas discretísi-

Italia,

largos bucles

Ópera, llenas de co-

de cintas, de lazos y de encajes; pastores

declarándoles su atrevido pensamiento, o tomándose ciertas libertades un tanto pecaminosas, atavia-

dos con casaquilla, chupa, calzón corto, peluca empolvada,

como

saliesen de

si

manos de un artista

en cabellos (que dicen algunos), medias de seda y escarpines; palabras, gestos y actitudes teatrales... He ahí, con leves variantes, según los pueblos, el carácter

se trata.

y

la

expresión del género de que

'>

Para medir su fuerza cómica, presión,

y

lo fácil,

lo gráfico

de

la

ex-

elegante y fluido de los versos,

278

F.

GINER DE LOS RÍOS

trascribimos también un trozo de

época (segunda

Gangas de

la

parte):

«¡Yo me tiro al estanque! ¡Ya me gozo en mi última agonía! ¡Ya el agua, turbia y fría, penetra por mi boca a borbotones! Con júbilo feroz de ella me apipo; me descoyunta el hipo; soy todo contorsiones; buscan los dedos gafos donde asirse,

y entre ellos siento el líquido escurrirse; turba mis ojos funeraria nube, y ya invasora sube la hinchazón por el pecho y me estrangula; no me salva la bula... ... ¡Se acabo!... ¡Me asfixié! Mi cuerpo flota cual ligera pelota

sobre el húmedo abismo... ¡Y gorjean los pájaros lo mismo que siempre, del follaje en lo profundo! Haya un cadáoer más, cQiié importa al mundo?...»

Pero

el líltimo libro del

complace con lla

la

popular escritor no sólo

humorística parodia realista de aque-

bucólica trasnochada, a que tanto cultilatinipar-

lo rinde entre nosotros candido e insoportable

Más

buto.

altas

tri-

enseñanzas salen del espectáculo

de esa vida del campo, donde los vicios y aun los crímenes de las ciudades aparecen más repugnantes,

no ya por esa hipocresía de que con tan evi-

dente ignorancia se aparenta creer que tiene

la ciu-

dad

feroci-

el

monopolio, sino por

dad, y hasta por

duda

la

la

la

barbarie,

y

la

grosería de las maneras. Sin

íntima comunicación con la Naturaleza es

educadora y moralizadora para

el

hombre; mas los

UN POETA

279

tesoros que esa comunicación guarda para

el

poeta

y el artista, para el hombre pensador y aun para el medianamente culto y bien sentido, son ininteligibles a quien, encorvado bajo el cia, deja

yugo de

tienen tiempo para leer en ese libro.

sure

la

la

ignoran-

encallecer su corazón y su fantasía, que no

Providencia

el día

en que

la

— ¡Ojalá

apre-

Naturaleza, me-

diante los progresos de la cultura y de las relaciones

económicas inmediatamente tocantes a aquélla, sea un libro abierto

1867.

para todos los espíritus!

LA RECEPCIÓN DEL

SR.

GONZÁLEZ BRAVO

Discursos leídos ante la Real Academia Española, en la recepción pública de don Luis González Bravo, el día /.° de mayo de 1863.

Para ocupar

la

vacante que dejó en su seno

muerte de don Francisco Martínez de gió la Academia de

que en de

el

las fracciones

nitas

la

Congreso de

Lengua los

al

la

Rosa,

distinguido orador

Diputados acaudilla una

de más movimiento entre

que hoy comparten

la

eli-

los

las

infi-

nombres ya gastados

de nuestros antiguos partidos. La elección de este cuerpo literario ha sido acertada en más de un concepto. El señor González Bravo, por sus relevantes

dotes oratorias, por hasta por blica, tal

la

la

fogosidad de su ingenio y

franqueza y actividad de su vida pú-

vez será un elemento de vitalidad y ener-

gía para la institución que le recibe en su seno, y

podrá inspirar algún mayor calor en elaboración de sus trabajos,

la

reposadísima

que a tan deplorable

282

F.

GINER DE LOS RÍOS

situación han traído la respetable fama de

Aca-

la

demia.

Su

discurso de recepción nos permite abrigar esta

Tiempo hacía que, a excepción de señor Campoamor, no se escuchaba en aquel creencia.

una palabra tan franca, tan exenta de sidades

la

del

recinto

las meticulo-

y eufemismos académicos, como

del

la

se-

ñor González Bravo; poco frecuentes son en aquel

y libres exposiciones de un que rehusa encerrarse en el

instituto las impetuosas

pensamiento original,

cauce estrecho de convencionales fórmulas, y des-

borda sus

límites,

creyendo con harto fundamento

que no debe romper

el

hombre,

brales del santuario, con

la

al

cruzar los um-

espontaneidad de su

genio, con las condiciones generales de su carácter,

con

el

compás ordenado de sus

ideas, hasta con sus

hábitos literarios y su estilo propio, sacrificando su

mérito individual y sus convicciones en aras de una

vana

lisonja o en la

monótona uniformidad de

fútiles

ritualidades.

No

son todos, sin embargo, de esta opinión; y un

diario de la corte (1), en

el

cual la generosa pasión

por ciertas ideas políticas se enlaza con

el

tono epi-

gramático de una gacetilla renombrada, que contrasta con sus eclécticos trabajos filosóficos rarios, ha insertado en sus tico sobre el

(1)

tema que motiva nuestra breve

El Contemporáneo.

y

columnas un estudio

lite-

crí-

noticia,

283

DISCURSOS en la

de

el

cual se deplora el desuso en

antigua práctica académica de tomar por objeto los discursos

a quien el recién al

que va cayendo

mismo tiempo

de recepción

la

elogio del individuo

moderna costumbre de reempla-

zar aquel asunto por trinal,

el

nombrado sustituye, censurándose el

examen de una

doc-

tesis

frecuentemente ocasionada, según imagina

erudito articulista, a mostrar

la

vanidosa ciencia del

neófito. El dictamen de este escritor, la libre iniciativa del

si

contrario a

pensamiento, que debe mante-

nerse en tales circunstancias; ticar en

el

si

imposible de prac-

muchos casos, dado que no todos

acadé-

los

micos dan en vida motivo suficiente para un elogio

postumo,

ni

aun para una

crítica; si se

opone

al

te-

nue progreso que aquel laudable hábito ha introducido tímidamente en esa corporación, revela en cambio tendencias tan académicas,

mún

que autoriza

sentir de que este trabajo es debido a la

el

co-

pluma

de un joven y distinguido colega del señor González Bravo, contra el cual ha tenido ocasión de combatir en

nuestra Revista (1) otro anónimo dotado

de grande ciencia y autoridad. Si

la

voz general

acierta en esto, pudiera extrañarse que el ilustrado literato a quien

aludimos no aprovechara

nidad de su ingreso en

la

la

oportu-

Academia Española para

Alude a la polémica entre los señores Valcra y Fernández (1) González, seguida en la Revista Meridional, de Granada, en 1861, con motivo del discurso de recepción del primero en la Academia Española.

284

GINER DE LOS RÍOS

F.

robustecer con su ejemplo

práctica,

la

por que aboga tan calorosamente. lo

que quiera,

la

ya debilitada,

Mas

sea de esto

pretensión de restaurar

la

amane-

rada oratoria del panegírico profano y la preferencia que se le otorga sobre los asuntos científicos,

más que obra de amigo, parecen embozados ardides de enemigo sagaz, que intenta arrastrar a aquel instituto a su

completa ruina, desatando

co eslabón que

lo

enlaza a

terilizando los raros

el casi

úni-

general cultura, y es-

la

momentos que su inacción

ofrece para coadyuvar con sus esfuerzos

greso de los estudios y a nuestro pueblo.

le

pro-

al

educación intelectual de

la

Acaso convencido de esto

el

señor González Bra-

vo, ha concedido en su elegante discurso mayores

proporciones a cuanto dice relación con

que a

lo

la

doctrina,

referente a los méritos del ilustre autor del

Estatuto Real. Pero

si

debe

felicitarse al

nuevo aca-

démico por esta circunstancia, no menos que por su actitud persona] y por

el

tono que ha dado a su

di-

sertación, harto se equivocaría quien creyera en-

contrar, entre

el

confuso y enmarañado hacinamiento

de ideas inconexas y frases ampulosamente relumbrantes que constituyen

de aquélla,

el

el

asunto

(si

alguno tiene)

sistemático desenvolvimiento de un

principio, de un pensamiento dominante,

que anude

todas sus reflexiones y dé a su obra mucho mayor valor y

más

alta eficacia

que

la

eficacia y el

del estilo. Descuella, sobre todo,

valor

en este trabajo.

285

DISCURSOS

un prurito de mostrar familiaridad con la

moderna

filosofía,

de cierto instinto, y

el

cuadro.

de

sólo de

y que descompo-

Todo ese ardor por

pudo haberlo empleado

trina,

espíritu

muy frecuentemente

citas inoportunas, mal colocadas

nen

el

que va sostenido, cuando más,

el

la

novísima doc-

señor González

Bravo en estudiarla más detenidamente antes de ufanarse con entenderla y, lo que es más grave, con mejorarla. Las

citas,

por ejemplo, de

la

Esté-

tica de Hegel, contienen aserciones tan vulgares y

repetidas, que no valían

con

Por

la

pena desecarlas a plaza

ahinco.

tal

lo

demás, algunas exactas indicaciones, aun-

que extremadamente someras y truncadas, acerca de la significación política de Martínez de la Rosa

y de

la

atención que reclama nuestro estado social;

algunas ingeniosas apreciaciones sobre

la

oratoria

y

sus merecimientos; algunas simpáticas expansiones,

mejor sentidas que razonadas, respecto de

la

liber-

tad y del progreso humano, recomiendan este discurso; pero en vano se busca entre aquel laberinto,

sembrado de bellezas,

pcfr lo

regular de buen gusto

y de máximas luminosas a veces, y aun profundas, algo que revele

al

pensador austero,

al político

gra-

ve y de vigoroso pensamiento. Quizá no podía esperarse tampoco otra cosa de un orador, cuyo apasionado entusiasmo, cuya espléndida fantasía, cuyos superficiales

dos para las

y medianos estudios son más adecuarevueltas luchas del Parlamento, que

286

F.

GINER DE LOS RÍOS

para tranquilas especulaciones; quizá también este es achaque

común

a casi todos los oradores de nues-

tros días; y, en tal caso, dadas semejantes condiciones,

muy pocos

siquiera,

al

hubieran superado,

aun igualado

ni

ardiente tribuno del Congreso.

II

No

era dentro de

la

Academia donde más podía

hallar dignos rivales, ni el señor

Nocedal hombre de

suficientes títulos para aspirar a tan peligroso honor. El discurso de este

tremo

al

académico avalora en ex-

que antecede. Quizá hay en

él

mayor

uni-

dad de miras y más trabazón en sus desenvolvimientos; pero su tono, su estrechez de espíritu y sus errores, inconcebibles en persona de tanta re-

putación y mérito, contribuirá sin duda

al

descrédito

en que van cayendo unas opiniones cuya pesadumbre no ha podido sobrellevar nadie entre nosotros,

desde que se rindió a ella la pujante energía del marqués de Valdegamas. Dolíase el señor González

Bravo (y no citamos más que un ejemplo, sin entrar en seria discusión de doctrinas) de que el discurso y

la

obra histórica hubiesen sido desterrados del

sistema general del arte; y este es sin duda un

grave error, que pudiera haber evitado académico recordando

el

el

digno

gran número de tratados

de Estética que incluyen en su estudio aquellos dos

287

DISCURSOS

géneros

literarios;

merecerá

el

pero cuánta mayor censura no

señor Nocedal por los inauditos y enco-

miásticos términos en que habla de aquel olvidado

Edipo de Martínez de

Rosa, por sus considera-

la

ciones sobre «la rebeldía y soberbia de la natura-

menos

leza humana», y las no

de

trilladas acerca

la

necesidad y eficacia del poder teocrático, por su tenaz porfía contra la discusión y por su confianza hipotética en la nulidad oratoria de

Demóstenes

«si

hubiera empleado su talento en persuadir a sus her-

manos que aceptaran

yugo macedónico», confian-

el

za que podría haber rectificado con sólo traer a

memoria

los

En suma, no

contribuirá gran cosa el discurso del

señor González Bravo a alto

la

nombres de Esquines y Focion?

problema

la

dilucidación de ningún

científico; antes

viene a ser a

modo

de fantástico bosquejo de muchas cuestiones importantes,

que, sin enlace

ofrecen en tropel

al

algunos conceptos y

ni

ordenación dialéctica, se

espíritu; el

pero

la

valentía de

mérito individual de ciertas

recomiendan, cuando

consideraciones aisladas,

lo

menos,

imaginación. La contes-

al

sentimiento y

la

tación del señor Nocedal, cuyos distinguidos talentos nadie osará poner en duda, es, sin

embargo, a

nuestro entender, una obra insignificante en

el

con-

junto y en los pormenores; y ni por su doctrina, ni

por su

estilo, ni

digna de

la

por su fondo,

ni

por su forma, era

ocasión y del novel compañero a quien

tan lúgubremente festeja. El señor González

Bravo

288

F.

GINER DE LOS RÍOS

no ha conquistado laureles de

científico,

pero ha

refrescado honrosamente los del orador; por trario, el

borar

con-

señor Nocedal ha venido más bien a corro-

la tesis

que antes hemos afirmado, a saber:

que no de todos panegíricos. 1863.

el

los

académicos se pueden hacer

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

La Estafeta de Urganda, o Aviso de Cid Asam-Ousad Benengeli sobre el desencanto del Quijote, por

Benjumea.— Londres,

don Nicolás Díaz de

1861.

Notable y verdaderamente digno de ocupar la mente de cuantos estudian las letras patrias es este opúsculo, y así lo demuestra

publicaciones de

mo

título dice,

la

corte.

preferente atención

la

que a su examen han dedicado

las

Mero

que prepara

la

más autorizadas como su mis-

aviso,

aparición de otra obra

dotada de mayores proporciones, se halla escrito en

una prosa elegante y castiza, tan señalada por su naturalidad

como por su pureza, cualidades que no

siempre reúnen nuestros escritores de hoy.

En cuanto so,

al

que rebasa

asunto de este boceto, es tan inmenlos límites

en que se halla encerrado;

y sólo podrá fundarse acerca de él una opinión razonada y prudente cuando sean conocidos los Comentarios filosóficos que anuncia poco, por tanto, diremos sobre

la

el

señor Benjumea:

materia. 19

290

F,

Rebate

el

de

los

de

los libros

GINER DE LOS RÍOS

autor de

que tienen

al

la

Estafeta

creencia vulgar

de caballería. Otros críticos eminentes

han penetrado antes que tal

la

Quijote como una mera sátira

él

en

el espíritu

creación: por donde no es esta la

terística del trabajo

de

la

inmor-

novedad carac-

que nos ocupa, puesto que hoy

no hay ya persona medianamente dotada de educación artística, que conceptúe

mera parodia

del

al

Quijote como una

género caballeresco. Aparte de

otras pruebas, la popularidad

conserva para nosotros

la

y

el

sentido actual que

inmortal creación de Cer-

vantes, cuando los Oliveros y Amadises no tienen

ya razón de

ser,

son claro testimonio de que en

la

manchego hay algo más que los poemas de Boyardo y Arios-

historia del ingenioso

eso, algo que falta a to,

cuyo interés de actualidad es escaso y se reque cualquier obra de arte des-

fiere tan sólo al

pierta en nuestra imaginación.

M. Puibusque

(1),

uno de

Además, como dice

los críticos

que más hon-

ran las letras francesas, y que sentimos no ver ciel señor Benjumea, en España, país esen-

tado por

cialmente caballeresco, ningún escritor notable se hubiera atrevido a poner en ridículo a los héroes nacionales,

y

los

comentadores que atribuyen ese im-

pío designio a Cervantes han incurrido en un error

grosero.

lo

comp. de las Literaturas espartóla y francesa,

(1)

Hist.

I,

pág. 287.

títu-

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

Quijote, pues, ese dramático libro, ese es-

El

mundo

pejo del toria

291

de

de un espíritu candoroso, esa

las ilusiones

novela elevada a

la

gran monumento

epopeya, contiene, como todo

literario,

un sentido interior que

como observa

sólo se alcanza,

dejando

esa profunda y humana his-

real,

el

señor Benjumea,

y dirigiéndose rectamente

la letra,

al

es-

píritu.

Mas no sólo Asam-Ouzad a

va encaminada mostrar

la

crítica

valor histórico del mara-

de una época, y su va-

villoso parto,

como

síntesis

lor filosófico,

en

concepto de lucha entre

y

lo real,

el

de Cid

el

lo ideal

o de símbolo del dualismo humano, perso-

nificado en las dos figuras protagonista ta del hidalgo

y

el

y antagonis-

escudero, sino que toma por prin-

mismo Cervantes aventuras de éste como

cipal objeto la identidad entre el

y su héroe, considerando el

las

trasunto alegórico de la infortunada vida del prín-

cipe de nuestros ingenios.

Suspendiendo nuestro la

mayor parte de

mea, hasta que

la

las

juicio,

repetimos, acerca de

conclusiones del señor Benju-

publicación de sus

Comentarios

nos coloque a su lado o nos haga disentir de sus opiniones, por hoy no

podemos menos de aplaudir

el gi-

gantesco esfuerzo con que, en alas de una vasta erudición y de una meditación detenida, ha elevado a tanta altura con sus nobles tareas la ilustración de

una de nuestras primeras glorias nacionales. El punto de partida de la

Estafeta de Urganda,

a saber.

292

F.

GIXER DE LOS RÍOS

eso que podríamos llamar

el

esoterismo del Quijote,

basta consignar que en nada se opone a los principios de la verdadera crítica, harto acostumbrada ya

(contra lo que algún escritor ha afirmado con este

motivo) a interpretaciones y estudios de esta clase,

para que antes de conocer los fundamentos de consideraciones del

señor Benjumea,

aventuradamente de extravagantes e libro

que resume en

sí el

las

las

moteje

ilusorias.

Todo

espíritu de una sociedad

durante un período histórico determinado, contiene

necesariamente

los principios

sociedad se gobierna,

al

generales por que esa

mismo tiempo que

los sen-

timientos y opiniones del autor, en cuyas obras terarias tanto influyen las circunstancias

li-

y acciden-

tes de su vida. Al crítico pertenece la misión de des-

entrañar ambos elementos, separándolos entre

de

parte que a

la

la



y

imaginación creadora únicamen-

te corresponde.

Así se ha hecho desde remotos tiempos; y por no hacer una lista interminable, sólo citaremos el ejemplo de la

Diuina Comedia (recientemente alegado

incomprensiblemente en contra del señor Benjumea),

que fué explicada mucho tiempo en Italia.

No

es ciertamente de hoy

la

las

cátedras de

pretensión,

um-

versalmente reconocida como justa y fundada, de hallar en ese grandioso

poema un doble carácter de

alegoría cristiana y de individualidad personal, que

Hegel ha puesto en claro de una m.anera admirable.

Aun

en nuestra patria, y en

los albores

de

la litera-

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

293

tura, se han escrito comentarios a esa obra colosal; y, sin hablar de las glosas del texto,

matical y filológica, hoy

tes trabajos de exposición,

idea el interesante libro de

más,

si

de que puede dar una

Ozanam

(1).

estamos lejos de pensar, como

fatalistas,

que

un producto

mos de

de índole gra-

mismo continúan semejan-

los

Por

las

lo de-

escuelas

grandes hombres son puramente

histórico,

los escépticos,

no menos distantes nos halla-

que todo

cho y arbitrariedad del autor.

lo refieren al capri-

No desconocemos

el

indisputable valor del elemento histórico en las crea-

ciones del espíritu, singularmente en las que corres-

ponden a la

la literatura

objetiva,

como

la

epopeya y

novela; pero reconocemos también la parte de la

libertad individual, sin la que el arte fuera de todo

punto inconcebible.

No carecen,

pues de base

las

deducciones del se-

ñor Benjumea; y aun cuando, llevado de un exage-

rado celo, no acertase a detenerse dentro de los

convenientes límites, esto no obsta para que asegu-

remos desde luego que ha partido de un supuesto enteramente admisible en buenos principios de crítica.

Por

lo

que hace a

la

forma del opúsculo que lige-

ramente analizamos, va precedido de una introducción, a la

que sigue una exposición sucinta de

puntos cardinales que han de abrazar

(1)

Dante y

la filosofía católica en el siglo

los

XIH.

los

Comenta-

294

GINER DE LOS RÍOS

F.

rios, cuales son:

el

Quijote pertenece y

espíritu del el

examen de

género a que la

vida de su autor, ampliados con otros no menos teresantes,

como un

análisis

de

el

época, obras y in-

las principales críti-

cas que se han hecho del Quijote, la historia de este libro hasta nuestros días,

una «narración preliminar

documentada» y un «espécimen

del

comentario re-

lativo a la auto-biografía o personalidad de

tes».

Merece

Cervan-

citarse especialmente el párrafo rela-

tivo a la locura de Quijano, que

según

el

señor Ben-

jumea viene a reducirse a una melancolía, a un

pathos de

la

ideal,

«desenvuelto en todas las direcciones

actividad humana»: asunto que le da

margen

para atinadas y oportunas reflexiones, que somera-

mente

inicia

en uno de los mejores trozos de su apre-

ciabilísimo folleto.

La índole de este breve examen y

la

concisión que necesariamente domina en

extremada el

Aviso,

nos impiden hacernos cargo de algunos errores que

ha dejado correr, con todo, escritor;

la

pluma del erudito

porque no hallándose en su obrita suficien-

temente explanados, fuera

difícil

determinarlos con

exactitud, y comprender hasta qué punto pueden viciar los trabajos

de nuestro laborioso compatriota

Nada decimos tampoco

del

método que indica haber

adoptado en su interpretación, y cuyos fundamentos carecemos aún de datos para juzgar.

Deseamos vivamente

la

aparición de los

Comen-

tarios filosóficos al Quitóte, para poder apreciar

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

debidamente

el

trabajo

del

295

señor Benjumea, por

le damos nuestro modesto como amantes de cuanto redunda en pro

cuya generosa empresa parabién,

de

las letras españolas.

II

El Quijote y la Estafeta de Urganda: Ensayo crítico por don Francisco María Tubino— Sevilla, 1862.

El folleto del señor Benjumea, preparando

la

apa-

Comentarios filosóficos al Quijote,

rición de sus

ha despertado, según su autor se proponía, extraordinario movimiento en el

es notable muestra

campo de

el libro

las letras,

de que

del señor Tubino. Escri-

to con esas formas templadas, señal evidente de los

progresos de nuestra

blemente con

crítica,

que contrastan nota-

las inoportunas ironías

que este asunto

ha merecido a otros escritores, revela

al

par no es-

casa instrucción y un recto sentido, cuyas conclusiones merecerían

mas

las esterilizaran ciertas

alto aplauso si

a veces no

preocupaciones literarias y

filosóficas.

Comienza troducción, a

el la

ensayo del señor Tubino con una

que sigue

el análisis

in-

de algunas opi-

niones emitidas por diferentes autores acerca de

la

índole de un libro, que es honor imperecedero del

296

F.

GINER DE LOS RÍOS

genio español. Los «antecedentes morales y

de este libro— en

rios»

eruditos trabajos sobre

litera-

los

que se comprenden dos

la

caballería andante

y su

literatura— terminan (con un capítulo relativo a filosofía del Quijote,

aventurada frase:

«el

y

al

la

cual sirve de epígrafe la

genio no inventa»)

que po-

lo

dríamos llamar primera parte del trabajo del señor Tubino, destinada especialmente a sus doctrinas para la

la

la

exposición de

interpretación y significado de

profunda novela de Cervantes, doctrinas que

le

sirven de criterio para juzgar en los cuatro restantes capítulos la Estafeta

men

de Urganda, cuyo exa-

constituye una segunda parte de este ensayo.

Ante todo, nos permitiremos protestar contra

la

al

autor de

El Quijote y la Estafeta una censura

tan poco

prevención anti-filosófica que arranca

meditada, tan poco digna de su ilustración, y que hasta desdice de la misma índole de su trabajo y del espíritu de investigación racional, propio de nuestro

siglo e hijo legítimo de nuestra naturaleza.

nos hallásemos en plena Enciclopedia, y

Como el

si

genio

moderno, envuelto en un laberinto de dudas y contradicciones, no hubiese aun llegado a una inteligencia superior de los usos del pensamiento, anate-

matiza

gar el

la

la

inexcusable propensión del hombre a juz-

realidad histórica según ideas, que no es otro

sentido de los estudios críticos. Mas, «para

el

hom-

bre, vivir es razonar», exclama el gran padre de la

poesía italiana; y «el análisis crítico, dice un docto

.

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE escritor,

no mata sino

lo

que es indigno de vivir»

Por otra parte, reconociendo finito, el

hombre

297

limitación

la

del

ser

a quien esta consideración impida

cultivar sus facultades, cumpliendo sus altos fines,

no

fundamento pudiera ser comparado

sin

al

labra-

dor que decidiese abandonar su campo porque

mundo entero no

le

el

pertenece y su heredad tiene

lindes.

No

es acreedor, sin embargo,

el

apreciable tra-

bajo del señor Tubino a tan justificada censura en

todas ocasiones, y una sucinta idea de trará lo que hay de verdadero

él

y de

nos mos-

falso en sus

juicios.

Yerran, en concepto de este diligente escritor,

Quijote otro

cuantos críticos piensan hallar en

el

asunto que

de caballería:

la sátira

de

los libros

la

novela de Cervantes no es directamente sino una crítica literaria,

por más que, en forma mediata,

contenga otros sentidos diversos, germinación espontánea del genio de su autor. La literatura caballeresca,

según

el libro

que nos ocupa, había intro-

ducido, con su preconización de las

la

fuerza material y

extravagantes relaciones de sus quiméricas em-

presas, no pocos elementos perjudiciales y disolventes en el espíritu de la sociedad española, constitu-

yendo una verdadera perturbación en del arte

y

las

la

costumbres. Cervantes,

envuelve implícitamente en su intención de oponerse a

los

doble esfera al

atacarla,

literaria la

perniciosos resultados de su in-

298

F.

GINER DE LOS RÍOS

imaginaciones exaltadas, mostrando

flujo

sobre

en

esfera del ridículo lo vano y despreciable de

la

las

las

románticas tentativas que absorben

del hidalgo

manchego: de esta suerte,

que realmente se entraña en

el

actividad

la

filosofía

Quijote, es relativa

a la reforma del ideal de la vida del derecho y la justicia,

la

y

la

violenta e

restauración

impunemente

hollados por los delirios caballerescos. Casi pudieran

considerarse en

el

Quijote dos tendencias: una,

di-

recta, local e histórica, a destruir los absurdos libros

de caballerías; otra, indirecta, trascendental y siempre viva, a predicar una caballería nueva; caballería

«que tiene un altar en todo pecho noble, que vive

apegada a toda idea progresiva y moralizadora, que aborrece vicio,

el dolo y la deshonra, la humillación y el que se exalta ante la contemplación de un

desafuero, y tiene una lágrima o un apoyo para toda

desgracia».

Tales son las conclusiones del señor Tubino. El Quijote, en su sentir, no es más que una crítica caballeresca; sin

embargo, hay quizás en

supuesta contienda de

lo

ideal

y

lo

real:

él

esa

es una

obra de puro entretenimiento, llana y sencilla, por

más

que, «mirado desde cierto punto de

vista,

equivalga, entre otras cosas, a un libro de filosofía

moral».

Sentiríamos que esta, por necesidad abreviada, relación del libro del erudito sevillano, no ofreciese,

en

la

oscuridad de su concisión, un exacto trasunto

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

299

de SUS opiniones; no tememos, con todo, que ceda, aunque

la

ambigüedad de

así su-

casi todas las decla-

raciones del señor Tubino se preste fácilmente a

De

confusiones y logomaquias.

cualquier

modo que

que no vemos gran diferen-

sea, diremos ante todo

cia entre las conclusiones del

señor Benjumea y las

de su impugnador.

Niega

el

autor de

la

resca; su adversario

el

Quijote

la literatura

caballe-

Estafeta que sea

una crítica exclusivamente de

mismo

confirma, contradi-

lo

ciendo, no pocas veces, su primitivo aserto de que es un libro de

buye

mera

diversión; y

si

aquél le atri-

doble pensamiento de una doctrina moral,

el

esotérica y de una representación de

Cervantes, éste

le

no sólo crítico-literaria pasa

(lo cual

ya de por

concepto de obra puramente

el

vida de

la

asigna una elevada intención, sí

poética),

tras-

sino

y trascendental. La cuestión única y verdaderamente debatida entre los dos escritores, es

filosófica

la

de

si

esa trascendencia ulterior, esa virtud y efi-

cacia íntimas de la célebre novela, son asunto principal si

o secundario de

la

concepción de Cervantes:

brotan con inmediata espontaneidad en

so de

la

el discur-

obra, o están deliberada y reflexivamente

veladas bajo

el artificio

de una fábula, que es gene-

ración constante y alegórica de un segundo y en-

cubierto designio. El señor Benjumea afirma^ desde

luego

la

primera hipótesis;

inclinarse a la segunda.

Y

el

señor Tubino parece

decimos parece, porque.

300 si

F.

GINER DE LOS RÍOS

bien claramente da a entender su juicio en con-

formidad con este sentido,

en sus opiniones

que un estudiado

le

el

eclecticismo dominante

hace conceder, no pocas veces,

artificio

envuelve, en ciertos pa-

sajes de la obra, un valor interno y alusivo a suce-

sos de

vida de su autor, incurriendo así parcial-

la

mente en

mismo que censura como punto de par-

lo

tida en su contrario.

El problema, pues, se reduce de este

secundarias proporciones; y es

el

modo

caso que

a

más

ni

aun

así

puede ser convenientemente resuelto. Si

tal

autor imprime, sin intento deliberado, en una

obra de pura imaginación acerca de entre ser

la

veces

carácter de sus ideas

vida y sociedad humanas, mezclando

el tejido

como

el

a

de aquellas doctrinas, que pueden

semilla esparcida

puede y debe cosechar

al

acaso (pero cuyo fruto

la crítica),

la

deración de las leyes que regulan

atenta consila

producción

y muy particularmente de la literano menos que la historia de esta misma, nos

del arte todo, tura,

muestran que suele en ocasiones preceder a cepción de

la

la

con-

fantasía un plan intencional, que ésta

es llamada luego a vestir en ciertos géneros (poesía didáctica, fábula, cuento moral, etc.), o que se fun-

de y compenetra en esa armonía de

lo

reflexivo y lo

irreflexivo, realizada en todas las esferas de lo bello artístico.

tión,

para

Mas, en este caso, y viniendo

a la cues-

¿habrá de permanecer ésta siempre insoluble la

crítica?

Ciertamente no; pero existiendo

DOS FOLLETOS SOBRE EL QUIJOTE

301

iguales datos hasta ahora para confirmar que para

negar

señor Benjumea,

las opiniones del

más pru-

lo

dente parece ser aguardar a que en sus Comentarios exponga puntual y convenientemente los fun-

damentos de su interpretación. Entonces, y sólo entonces, procederá esa especie de cruzada que la

Estafeta, como toda novedad, ha levantado, y que si redunda en pro de las letras, en cuanto favorece el

movimiento de esta clase de estudios, y contri-

buye

problema con

a ilustrar el

aducidos por cada cual en

puede ser

perjudicial

el

antecedentes

los

debate, es inútil y aun

traspasando sus límites, ex-

si,

travía la opinión con prejuicios impacientes.

Por hoy,

lo

que exigen a una

natural de la crítica

y

el

mismo

pugnadores, no es dilucidar

la

bar y

al

más que un

libro

en

si

de

sentido íntimo pro-

el

Quijote hay o no algo

ameno

entretenimiento: en

afirmativa de este particular, convienen así el

señor Benjumea como

no es

fácil

creción

la

ter de ese les

al

Benjumea toca

público decidir), sino la existencia de ese

sentido, a saber:

la

procedimiento

posición inmediata

o refleja de Cervantes respecto del Quijote (cosa que al señor

el

interés de los im-

el

señor Tubino;

hallar quien sin

intente sostener.

la

negativa,

menoscabo de su

dis-

La extensión y carác-

algo más que se contiene en

aventuras del ingenioso hidalgo,

las

inmorta-

pormenores

son cuya controversia no puede tener oportunidad hasta que vean

la

luz pública las

investigaciones

302 del

F.

autor de

la

GINER DE LOS RÍOS

su aserto,

De

Estafeta.

quiera que tanto puede

el

esta suerte,

como equivocarse, no

sería extraño que

en este caso, y hecho entonces por

un estudio más detenido de la

como

señor Benjumea probar

la

el

señor Tubino

cuestión, demostrase

inexactitud y vano fundamento de las afirmacio-

nes de su adversario.

Por

lo

demás,

el libro del

señor Tubino, dejando

aparte lo prematuro de su objeto, es altamente esti-

mable a causa de su erudición y buenas formas; aunque si la Estafeta de Urganda no se halla en todas sus partes exenta de pecado, también contiene a su vez la impugnación del literato sevillano fre-

cuentes errores, más o menos incidentales, y preocupaciones que desdicen no poco de las elevadas miras de su ilustrado autor. 1862.

UN NOVELISTA ESPAÑOL

La Fontana de Oro: Novela

histórica, por

don Benito Pérez

Ga/rfds. -Madrid, 1871.

La

bella novela del señor

justamente recibida por

Pérez Galdós ha sido

público con la estimación

el

que merece. Un tanto decaído hállase entre nosotros, al presente, este género, en

plares modelos ha dado ñola; por

al

mundo

que tan ejem-

la literatura

espa-

donde es imposible dejar de saludar con

aplauso libros

como La Fontana de Oro,

intere-

memocomo el

sante además por referirse a un período tan rable en nuestra historia contemporánea del 20 al 23, ofreciendo un

animado cuadro de

la

vida y cultura que por entonces ofrecía esa postrada sociedad, a trechos galvanizada por los sacudimientos políticos.

No

es, sin

to principal

embargo, este, de

culminante de

la

a nuestro ver, el asun-

La Fontana de Oro. La novela,

la

única en



acción

completa y

cerrada, está constituida por los desgraciados amores de Clara y Lázaro, sobre los cuales se concentra

en primer término

la

atención del lector. La pin-

304

F.

GINER DE LOS RÍOS

tura de la vida social que vivía

clase media en

la

aquella crítica transición, durante la cual se desen-

vuelve esta brevísima y tierna historia, así como del estado

y lucha de nuestros

la

partidos, vienen sólo

a formar el fondo del cuadro. Así se comprende que,

de aquel inolvidable drama en que del rey

Fernando amontona sobre

todo

desprecio (o más bien toda

el

innoble figura

la

todo



el

odio y

conmiseración)

la

que puede alentar un corazón honrado, sólo un episodio,

un fragmento, nos presenta

no es su novela esencialmente ante todo a la pública

la

el

autor.

Por esto

política; sino

que toca

vida íntima y privada, no tomando de

—salvo en

tal

cual

ramente indispensable para

ocasión— más que el

lo

pu-

desarrollo de su bien

concebida trama.

Esta es verdaderamente

y

bella,

conducida con arte

gusto, y desenvuelta en situaciones interesantes,

algunas de raro mérito. Quizá

la

figura del protago-

nista resulta vulgar; y ni sus efímeros triunfos en la

vida política,

ni

sus pensamientos,

cosa sobre los demás jóvenes que

moso y noble corazón hace más

lo lo

levantan gran

rodean.

visible la

Su

her-

marcada

inferioridad de sus talentos respecto de la misión su-

blime a que se cree destinado. Lázaro hubiera podi-

do

ser,

perdiendo su honrada sencillez y su candor,

periodista, diputado, embajador, ministro; pero

uno

de tantos, y no más. Sólo que esta misma medianía de su inteligencia, unida a su falta de experiencia social, a

su desconocimiento de

la

escena donde as-

UN NOVELISTA ESPAÑOL pira a representar con aplauso

el

305

dorado sueño de

sus ambiciones, engendran aquella timidez que hace

Como

tan atractivo y simpático su carácter.

ha hecho notar,

la

Goethe

profunda melancolía de Hamlet

no viene de otra cosa que de un contraste análogo

y de una inferioridad semejante. Los demás personajes, Bozmediano, Porreñas, Carrascosa, todos, están

Coletilla, las

muy

bien deli-

neados y aun desempeñados algunos con superior maestría. El incidente de las Porreñas, su vida

aventuras, los trágicos sucesos de

para honrar a un novelista, y

la

dramático de

lo

y sus

devota, bastan la

na-

rración compite en este notabilísimo episodio con lo fiel

y acabado de

las descripciones.

esas figuras sobresale Clara,

uno de

los

ducido

la

más

bellos

la

Y

entre todas

desventurada Clara,

y delicados tipos que ha pro-

musa contemporánea: tan delicadamente

está tocado.

En suma:

la

novela toda, no sólo en su dicción y

lenguaje, que deja poco que desear, y en su estilo,

que es animado y sobrio, sino en su concepción y desempeño, muestra un sello castizo español, que la avalora

mucho

a nuestros ojos.

fondo del cuadro,

el

eminentemente nacionales; trio traspira

por toda

la

la

pos,

las

la

el

acción, son

frescura del genio pa-

novela; y

bios de Ruiz Aguilera y más que

a la China, recuerda

Los personajes,

desarrollo de

como

De

los

Prover-

Villahermosa

de nuestros buenos tiem-

más emparentadas con Goethe, Bulwer y Dic-

306

F.

GINER DE LOS RÍOS

kens que con Jorge Sand y Víctor Hugo que

la

(1).

Por-

novela francesa... pero ¿quién tiene valor

en estos momentos para zaherir y recordar sus tas a la desgraciada nación

fal-

que tan dolorosamente

las espía?

1871.

(1)

El señor Pérez Qaldós ha publicado después otra novela

(El Audas, 1871), que en su última parte recuerda un tanto, por desgracia, el carácter de las de estos autores; pero en la serie de cuadros (semejantes, y aun superiores, a los de Erckmann-Cha-

que con el título de Episodios Nacionales ha emprendido y de la cual van publicados ya trece tomos, se ha hecho acreedor a la gratitud de cuantos se interesan por la cultura de nuestrianj,

tra patria.

ERRATA IMPORTANTE El título del cap.

debe decir El arte y

I,

que dice El arte y

las artes.

las letras,

AC 75 G5 V.3

Giner de los Ríos, Francisco Obras completas

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