Racionalidad y dignidad en la guerra irregular

ECONOMÍA RYACIONALIDAD DESARROLLO Y DIGNIDAD , VOLUMEN EN LA 2GUERRA NÚMERO IRREGULAR 1, MARZO 2003 169 Racionalidad y dignidad en la guerra irregul

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ECONOMÍA RYACIONALIDAD DESARROLLO Y DIGNIDAD , VOLUMEN EN LA 2GUERRA NÚMERO IRREGULAR 1, MARZO 2003

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Racionalidad y dignidad en la guerra irregular FREDDY CANTE* Asesor del Alcalde Mayor de Bogotá, en el tema de resistencia civil. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Candidato a Doctor en Economía, Universidad Nacional de Colombia.

Resumen

Este trabajo utiliza el concepto de racionalidad y la teoría de juegos para explicar el conflicto colombiano. Igualmente, se pretende mostrar como el conflicto en general y la situación de terrorismo en Colombia, se puede expresar como un juego secuencial o de forma extendida. Adicionalmente, se muestra que los costos o castigos pueden ser de carácter moral, legal, social o meramente pecuniarios y esto depende del tipo de compromisos

Abstract

This work uses the concepts of rationality and game theory to analyze and explain the conflict in Colombia. In addition, it attempts to show how the conflict, in general, and the terrorist activity in Colombia, may be expressed as a sequential, or extended form, game. In addition, it shows that the costs or consequences of the conflict may be of a moral, legal, social or simply pecuniary nature depending of the kind of commitments.

Palabras Clave: Racionalidad, Teoría de Juegos, Resistencia, Elección, Conflicto. Clasificación JEL: A13, C70, D74

*

Correspondencia E-mail: [email protected]

Fundación Universidad Autónoma de Colombia

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I. A manera de introducción Al final de la película La estrategia del caracol un periodista insulso le pregunta a un líder comunal algo así como “¿ustedes para qué se han desgastado tanto en esa lucha absurda contra sus arrendatarios, si al final de cuentas no han sacado nada con eso?”, por lo que el interrogado responde, simple y llanamente, “por dignidad”. En los trabajos de SALAZAR y CASTILLO (2001, 2002) hay un tratamiento, excesivo algunas veces, para indagar sobre la racionalidad de los actores armados y de la población civil en una guerra irregular pero, a similitud del reportero de la referida historia, los autores no parecen preocuparse por indagar si la gente busca una salida digna de la guerra. Es a ese tema crucial, relacionado con la formación de preferencias autónomas y de libertad de elegir, al que me dedicaré en este breve documento. La teoría de la elección racional resulta, en tanto modelo prescriptivo que nos permite explicar la forma en que los individuos deben hacer uso del mínimo esfuerzo para alcanzar sus fines, imprescindible para entender temas como el mercado explícito y los mercados implícitos de la familia, el sexo, la criminalidad, la democracia y, por cierto, la guerra misma. La teoría de juegos o de interacción estratégica, es consecuente con el individualismo metodológico (sólo los individuos son reales y no existen entes decisivos supraindividuales como las nociones vagas de patria o clase social) y con la racionalidad, su aporte principal es que las decisiones de cada individuo dependen de las decisiones de todos y viceversa. Más específicamente, cada individuo forma sus expectativas de acción sobre la base de lo que espera o conjetura, son las expectativas del resto de los individuos en relación con lo que ellos esperan o conjeturan de la acción de él o ella. Los trabajos de SALAZAR y CASTILLO (2001, 2002) son pertinentes al utilizar la racionalidad y la teoría de juegos para explicar el conflicto colombiano: independientemente de cuales sean sus objetivos, los actores armados del conflicto, el Estado y la población civil se comportan como seres racionales y evalúan (o deberían evaluar) su acción política como un proceso de interacción estratégica. Ante el exceso y aberración de los trabajos que pretende explicar el conflicto colombiano por las llamadas causas objetivas, estos autores, siguiendo el eco de estudiosos como J.A. BEJARANO y DANIEL PECAUT, contribuyen a nutrir perspectiva diferente y prometedora para el estudio de nuestro conflicto. En la primera parte se muestra la propensión de individuos meramente racionales para reaccionar como ciudadanos que ceden y soportan la violencia y el fraude. En la segunda parte se muestra el papel de los compromisos (en el sentido de ELSTER, 2000) y se enuncia la regulación (ley, moral y cultura) para superar las debilidades de la racionalidad y de la voluntad, esbozando una estrategia de resistencia civil. Economía y Desarrollo - Marzo 2003, vol. 2, n° 1

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II. Racionalidad e interacción estratégica ante el terrorismo La teoría de la elección racional, en tanto modelo prescriptivo, nos indica la vía del menor esfuerzo (el uso eficiente y menos costoso de los medios disponibles) para alcanzar nuestros fines o propósitos. La teoría de la interacción estratégica nos ayuda a entender la forma como las acciones de diversos individuos racionales constituyen una elección interdependiente, esto es, la elección de cada individuo depende de la del resto de sus semejantes y viceversa. La elección interdependiente, por lo demás, expresa el conflicto inherente a las relaciones sociales, el cual constituye una situación de “camaradería imperfecta” o de “guerra limitada”, debido a que existen vínculos de dependencia (empatía, convergencia) al igual que tentativas de ruptura (apatía, divergencia, repulsión) entre los fines y medios de los diversos individuos. En términos muy generales y simplistas, el conflicto en general y la situación de terrorismo en Colombia, se puede expresar como un juego secuencial o de forma extendida (en el cual el tiempo importa, cada jugador conoce o conjetura la jugada de su rival e ingenia una estrategia para responderle). Véase gráfica 1. Se pueden asumir dos jugadores (I & II), el primer jugador es el terrorista (guerrilla o paramilitares) y el segundo es la población civil y el Estado (los civiles y sus representantes democráticamente elegidos). El jugador I tiene dos estrategias que son contenerse (ser pacífico, la cual es contraria a su naturaleza y a sus fines estratégicos) y agredir (la cual le proporciona poder y rentas). El jugador II tiene la posibilidad de responder a la jugada de su agresor con dos estrategias, las cuales son ceder (obedecer a la intimidación del agresor y adaptarse en aras de sobrevivir) y desobedecer (resistir y no acatar las órdenes de su adversario). Las cifras entre paréntesis son arbitrarias pero simbolizan el pago o premio de cada jugador (dependiendo de las estrategias adoptadas por éste y su adversario), hacia la izquierda aparece la paga de I y a la derecha la que corresponde a II. En este caso (véase gráfica1) gana el terrorista, dado que tiene una amenaza creíble de aniquilar a la población o depredar los recursos del Estado, al agredir sabe que el segundo jugador optará por ceder y obedecer a todas sus órdenes. Por cierto, para un actor racional como el jugador II más es preferible a menos y algo ínfimo (como sobrevivir en la humillación) es peor que nada. Así las cosas, en aras de sobrevivir y captar algunos recursos económicos, la población y el Estado se comportan racionalmente pero como una gallina que se resigna a la violencia y al fraude. La pacífica voluntad ciudadana, inspirada en la filosofía de la acción política no violenta, está encaminada a promover la estrategia de resistencia. Tal estrategia debe leerse como desobediencia y no cooperación pacíficas con quienes persisten en ejercer el poder político mediante la violencia y el fraude. La opción por el pacifismo no equivale a escoger la cobardía y la resignación sino, por el contrario, asumir el elevado costo de resistir dignamente (negarse a acatar las órdenes y amenazas del

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agresor). Por cierto, GANDHI decía que la opción de resistir era también una opción por la libertad y la autonomía, aún con todo lo costosas y riesgosas que éstas fueran.

GRÁFICA 1 Una versión del terrorista la gallina

I No agredir

Agredir

(1, 10)

II Ceder

Resistir

(10, 1)

(3, 7)

III. Compromisos de resistencia, garantía de dignidad y libertad El gran aporte de ELSTER (1977, 1983) es que las preferencias de los individuos racionales no se pueden tomar como dadas sino que, ciertamente, éstas se forman en el proceso mismo de la elección y están afectadas por el conjunto factible de la gente (su conocimiento acerca de sus oportunidades, referentes a propiedades y derechos). La elección racional es un proceso psicológico. La acción depende de un proceso análogo al “principio del placer” que está influenciado por los deseos y de un proceso similar al “principio de la realidad” que responde a las creencias de la persona, en relación con su conjunto factible. Esto se ilustra en la gráfica 2. Los deseos están dados, son subjetivos e íntimos (corresponden a los sueños e ideales del proyecto de vida del individuo); pero una acción gobernada por los deseos (wishful thinking) no es viable, por ser quijotesca y alucinada (por lo que la flecha que va de deseos a creencias aparece quebrada). Las creencias pueden y deben afectar a los deseos, pues si no fuera así careceríamos de cualquier acción seria y factible en la realidad. El problema es cuando, por falta de autonomía (debilidad de la voluntad, miedo a ser libres, complejo de inferioridad), el individuo se limita a desear únicamente lo que puede y, por tanto, sus creencias aplacan y amansan a sus deseos. Si las preferencias resultan de un proceso de adaptación (conformidad, resignación) de los deseos a las creencias, hablamos de preferencias adaptativas (el famoso síndrome de la zorra que devaluó las deseadas pero inalcanzables uvas verdes). Si las preferencias resultan de un proceso de contra adaptación, en donde los deseos superan a las restricciones dictadas por las creencias, hablamos de formación de preferencias contra adaptativas (como el síndrome del fruto prohibido es más dulce). Economía y Desarrollo - Marzo 2003, vol. 2, n° 1

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GRÁFICA 2 El proceso psicológico de la elección racional

ACCIÓN

DESEOS

CREENCIAS

Información/Conjunto factible

ELSTER (1983) ilustra el problema de la falta de autonomía (que es la falta misma de libertad), con un ejemplo hipotético de preferencias adaptativas: en un ambiente de tranquilidad y seguridad, un ciudadano desprevenido prefiere ser un civil a ser un gendarme; pero si, por desgracia, tal ciudadano cae cautivo en un campo de concentración preferiría ser un gendarme a ser un civil rebajado a la vil condición de un preso. Como se ilustra en los trabajos de SALAZAR y CASTILLO (2001), los individuos de la población civil son meros agentes racionales que apenas buscan sobrevivir y mejorar sus condiciones económicas. En el estrecho esquema de los mencionados autores, en donde no hay lugar para la dignidad y los valores morales, la población civil tiene una única estrategia de ceder y adaptarse al fraude y la violencia, bajo dos modalidades, a saber: uno, identificarse y unirse con su agresor, al punto de perder su autonomía para sobrevivir y tener oportunidades económicas apoyando a la guerrilla o a los paras y; dos, huir y abandonar su proyecto de vida, entregando sus activos al agresor. En fin, los individuos de los trabajos de SALAZAR y CASTILLO son una especie de “tontos racionales” (en el sentido de SEN, 1976), porque carecen de toda traza de sentimientos, simpatías y compromisos. Los seres humanos dejamos de ser racionales, autónomos y libres, por problemas relacionados con nuestra debilidad de la voluntad. Nuestra virtud consiste en constatar esa triste realidad y tratar de remediarla. Puesto que nuestras preferencias no están dadas (se forman en el proceso mismo de la elección), podemos actuar en un sentido estratégico más fuerte (anticipar el futuro) y crear impedimentos para evitar la reversión de nuestras decisiones y los problemas de preferencias adaptativas. Seguir el mito de ULISES significa constatar que, en momentos de turbulencia y desasosiego (tiempos hot) podemos abandonar nuestros fines más deseados como la paz y la dignidad (pensados en tiempos de calma y seguridad) para sucumbir al canto de las sirenas y, como la zorra de la historieta, resignarnos a metas mediocres y abyectas. Pero podremos sobreponernos a nuestra debilidad si, como indica la Fundación Universidad Autónoma de Colombia

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fábula de ULISES, procedemos a imponernos deliberadamente unas restricciones en nuestra elección, de tal forma que cualquier tentativa de escuchar el canto de las sirenas y optar por la reversión de nuestras decisiones (que equivale al abandono de nuestros fines deseados) y la adaptación de nuestras preferencias, constituyen alternativas tan costosas que se tornen indeseables. Puesto en breve, se trata de limitar nuestra libertad presente para alcanzar una más significativa libertad en el futuro, al punto de anular todo camino de retorno y, literalmente, “quemar las naves”. La idea general se ilustra en la gráfica 3, observe que la estrategia de ceder se debe tornar indeseable (los civiles mismos se pueden imponer restricciones tan costosas que equivalgan a deudas o pagos negativos) y, por otro lado, pueden crearse incentivos tanto para los agresores como para la población civil, al tomar la estrategia deseable y sensata de resistir, mediante la pacífica voluntad ciudadana. El lector puede constatar el cambio en la estructura de pagos, al comparar los esquemas de las gráficas 2 y 3.

GRÁFICA 3 Quemar las naves para promover una estrategia de resistencia civil

I No agredir

Agredir

(1, 10)

II Ceder (10, -10)

Resistir (5, 10)

La idea general de los compromisos (restricciones o limitaciones voluntarias) es la de generar un cambio en las ganancias o pagos del juego, diseñando unas multas o castigos en caso de que el individuo opte por la opción menos deseable (en nuestro caso corresponde a la opción de ceder y resignarse, a disposición de los agredidos). Los costos o castigos pueden ser de carácter moral, legal, social o meramente pecuniarios y esto depende del tipo de compromisos. Las personas con códigos morales muy fuertes y genuinos se rigen por principios y no meramente por intereses como en el caso de agentes racionales rasos, entonces pueden experimentar un malestar de conciencia, una sensación de culpa y pecado que les obligue a cumplir su deber y eliminar las opciones de resignación y cobardía. Los individuos con un carácter y una moralidad consolidadas pueden superar a quienes sólo se

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mueven por la racionalidad. (FRANK, 1988). En términos legales, el papel del Estado está encaminado al diseño de contratos y de mecanismos de regulación, con el fin de aplicar castigos penales y pecuniarios a quienes infringen un compromiso de carácter legal (BAIRD, et al., 1994). Un papel análogo pueden tener las organizaciones de la población civil. Los círculos sociales del entorno más inmediato del individuo pueden tener un control y una vigilancia más efectiva que la del propio aparato judicial (esto puede ser muy importante en Colombia), generando reacciones de ostracismo, desprecio y rechazo contra quienes incumplan sus compromisos. Unos rasgos esenciales de los compromisos es que deben ser de carácter público y ser conservados por dispositivos escritos y no sujetos a alteración alguna. Con los individuos que actúan por la mera moralidad basta su prestigio y el peso de la autoridad que emana de su propio carácter. Para los compromisos legales es necesario el sello de legalidad y legitimidad institucional. Y para los compromisos sociales, lo más aconsejable es la firma en espacios abiertos (el ágora, la concertación pública y el voto abierto) para generar manifiestos unánimes.

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